DESNUDOS

«He visto hermosas sirenas retozando en un campo de golf...». Patricia Highsmith, Agatha Christie y otros autores negros situaron sus historias en los campos de golf. Campo de golf, templo natural del deleite, escuela de modestia y humildad, recuperación de los campos elíseos de la niñez, karma frente al ruido y el odio; el golf cambió mi vida, aunque los blogueros me pongan a parir porque lo practico. Jugó Franco, pero también El Che, Camus todo lo que aprendió de ética lo aprendió en el fútbol; yo, mil veces más modesto, aprendí a hacer trampas. Pero jugando junto al lado del mar de Marbella, puedes encontrarte una moneda fenicia con la efigie de una sirena con las tetas como guijarros marinos.

Estuve a punto de escribir Asesinato en el hoyo 17 y luego desistí; estoy harto de escribir novelas cuyo esfuerzo es parecido al de los misioneros y además, no hay más pureza en mi corazón que en los instantes en que tengo un putt en la mano. Cuentan que Ava Gardner, criatura del mar, no quiso practicarlo para no estropear su esqueleto perfecto. Es que el golf no es bueno para los huesos. Muchos se retiran aquejados del síndrome de cola de caballo.

Ahora, Juan Madrid, que tiene más éxito que yo como autor de novelas negras, sitúa Pájaro en mano en Marbella, ese mundo ambiguo, siniestro, voluptuoso y desgraciado. La corrupción de esta ciudad es la metáfora del sistema, con siete capas de infierno y una de alegría. Marbella, la multinacional del mal, la capital de las mafias. Tal vez se pregunte Madrid cuántos miles de ciudadanos, al lado de Roca, se habrían resistido al soborno. Muchos, tal vez. Pero está claro que matar es tan fácil como robar. Leyendo a Patricia Highsmith aprendes que hasta tu abuelita podía asesinar, porque hay un lugar en la mente donde anida el despeñadero del crimen.

En cuanto al robo, Al Capone creía que no hacía en Chicago nada que no hiciera J. P. Morgan en Wall Street.

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