A DIESTRA Y SINIESTRA

Lucy, el homínido más antiguo del que se tiene noticia, se va de marcha. Empieza una gira por diversos museos estadounidenses para mostrar al Nuevo Mundo el esplendor del Viejo. Lucy no es más que el esqueleto fragmentado de un australopithecus, pero muchas topmodels millonarias tampoco tienen mucha más chicha. Donald Johanson acababa de encontrar los huesos cuando en la radio empezó a sonar una canción de los Beatles, Lucy in the sky with diamonds, y decidió bautizar así a su hallazgo.

Vista a ojo, Lucy parece algo así como un collar hippie o las sobras de un cocido, pero en realidad son los restos humanos más antiguos de los que se tiene noticia. Se consideran tan valiosos que los etíopes nunca han podido ver más que una falsificación, un doble autorizado de Lucy. Con el hambre que se pasa en ese país, se entiende. Del mismo modo, en las Cuevas de Altamira los turistas no admiran más que una fotocopia de los bisontes, y en ciertas colecciones de arte se exponen réplicas en lugar de los originales. Salvo unos cuantos expertos, nadie se da ni cuenta.

La verdadera Lucy, sin embargo, ha liado el petate para desembarcar en el Museo de Historia Natural de Texas. Me imagino que, aparte de los pases de moda, la misión de Lucy es enseñar a los estadounidenses recalcitrantes cuán estúpida es la teoría del diseño inteligente. Ya saben, según ciertos mendrugos partidarios de leer la Biblia al estilo del Calendario Zaragozano, el hombre no desciende del mono, sino que en el origen de la vida y la buena marcha del universo pueden vislumbrarse las huellas de acciones racionales, obra de un diseño inteligente.

Negar la teoría de Darwin a estas alturas es como alumbrarse con velas o viajar en cuadriga, pero en el país más adelantado del planeta hay gente para todo. La teoría del diseño inteligente remite de inmediato a la hipótesis de Dios, y Dios es una hipótesis que la ciencia seria aparcó hace mucho tiempo. Laplace se jactaba ante Napoleón de poder explicar todos los movimientos de los planetas sin recurrir al toque mágico de Dios. Sin embargo, en Estados Unidos el presidente Bush habla con Dios, y Blair, en los momentos más crudos de la Guerra de Irak, le consultaba sus dudas por las noches.

La conclusión es que quizá el propósito secreto de Lucy sea una entrevista secreta, un cara a cara con Bush, un personaje que así, a bote pronto, parece una de las más serias objeciones a la teoría del diseño inteligente. Quizá no se entiendan. Lucy es auténtica pero lo más probable es que a los norteamericanos hayan estado mostrándoles durante ocho largos años el facsímil de un presidente.

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