La última huida hacia delante, de Antonio M. Vélez y Miriam Gidrón en Expansión
Los expertos consideran que el resurgir del populismo en la región es una forma de respuesta a décadas de corrupción. Las últimas oleadas de esta corriente afectan a compañías españolas como Telefónica, Repsol YPF, Iberdrola, Red Eléctrica y Unión Fenosa.
El aviso del presidente ecuatoriano, Rafael Correa, lanzado anteayer, para que Telefónica y Repsol YPF “se preparen” para la “fiereza” con la que su Gobierno renegociará las concesiones de estas empresas en el país ha vuelto a encender las alarmas sobre un asunto recurrente: el resurgir del populismo en Latinoamérica.
La advertencia de Correa, que ha coincidido con la visita a la región de la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, se produjo el mismo día en el que el presidente boliviano, Evo Morales, aprovechaba la celebración del Día Nacional de su país para insistir en la refundación de la Empresa Nacional de Electricidad (Ende), que fue privatizada en 1996 y que actualmente está en manos de tres firmas estadounidenses.
Algo que indirectamente puede perjudicar a Iberdrola y Red Eléctrica. Sería un paso más del ex líder cocalero hacia el reforzamiento del Estado boliviano frente al sector privado, tras la nacionalización de los hidrocarburos decretada el año pasado.
El catedrático de Sociología de la Universidad Complutense, Emilio Lamo de Espinosa, admite que estos anuncios corroboran el resurgimiento del populismo en Latinoamérica. No obstante, en su opinión, en la región existe “una fuerte orientación hacia la democracia, que no se daba hace unos años”.
Este experto, que pronostica que Ecuador “caerá del lado de Venezuela y Bolivia”, cree que, si en México hubiera ganado el izquierdista López Obrador, “el panorama sería mucho más preocupante”.
En su opinión, el nuevo presidente azteca, Felipe Calderón, y su homólogo brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, son “un factor de equilibrio en la región”. El ex sindicalista carioca, señala, “es un milagro, porque ha sorprendido por su sensatez”.
Para Lamo de Espinosa, el populismo latinoamericano se explica como “una forma de resolver las contradicciones internas y las profundísimas desigualdades sociales” (en ningún otro continente, se dan esas diferencias de renta como en Latinoamérica), sin modificar un sistema fiscal en el que “las élites no pagan impuestos”.
En este escenario, “las empresas españolas se han convertido en chivos expiatorios; son un blanco fácil de esta retórica, por estar presentes en sectores regulados”. Para Repsol YPF, por ejemplo, Latinoamérica supone el 60% de la producción de hidrocarburos y el 39% de su beneficio bruto de explotación (ebitda).
Rafael Pampillón, profesor del Instituto de Empresa, considera que “el discurso demagógico de los populistas surge del descontento popular con los políticos corruptos de los últimos veinte años”. En su opinión, esta tendencia es “una mezcla de indigenismo, antiimperialismo, políticas de izquierdas y un aumento desproporcionado del gasto público” que provoca que “los empresarios no tengan claro cuál va a ser el escenario.
Cuando se cambian las reglas de juego permanentemente, se genera, sin duda, una incertidumbre que hace que la inversión extranjera huya a lugares como China, donde los contratos se respetan más”.
En opinión de Lamo de Espinosa, “el único país donde las cosas van a cambiar a peor es Venezuela”, que, con la reforma constitucional propuesta, “va camino de convertir a Hugo Chávez [su presidente] en dictador vitalicio”.
