DEBATE: Potencias del siglo XXI
Una de las lecciones que el siglo y medio de colonización británica en Hong Kong enseñó a China es que una enorme prosperidad económica es perfectamente compatible con la ausencia de democracia.
Londres intentó introducir la democracia en Hong Kong cuando tenía ya un pie en el estribo. Según Pekín con la esperanza de que los chinos equipararan democracia con prosperidad y presionaran para la democratización de la República Popular. Pero el Partido Comunista, que, al igual que el Reino Unido en Hong Kong, ha sido capaz de generar en China un enorme progreso económico sin necesidad de democracia, rechazó la trampa preparada por Chris Patten, el último gobernador colonial, reprobado por Pekín como "pecador que purgará mil años sus culpas". Si Londres hubiese tenido la voluntad genuina de democratizar Hong Kong, bastaba con que lo hubiese hecho, pongamos, en la década de los setenta. En tal caso, Deng Xiaoping no habría podido acabar con la democracia, so pena de matar la gallina de los huevos de oro que Hong Kong supone para la economía china y de renunciar a que el éxito de la fórmula un país, dos sistemas en la ex colonia británica sirva de señuelo para la recuperación pacífica de Taiwán. El Reino Unido carece de toda autoridad moral para criticar a China por no aceptar (al menos por ahora) la democracia en Hong Kong, cuando tuvo un siglo y medio para introducirla y sólo se acordó de ella a cinco minutos de medianoche.
La Ley Básica, la constitución de Hong Kong pactada por China y el Reino Unido, prevé para la región autónoma especial un alto grado de autonomía, así como poderes ejecutivo, legislativo y judicial independientes, integrados por residentes de Hong Kong. El sistema y las políticas socialistas no se aplican en Hong Kong; su sistema capitalista y su forma de vida permanecerán inalterados por cincuenta años. Se mantienen el derecho británico, la propiedad privada; las libertades individuales, la de prensa, asociación y conciencia; así como la sindical, incluido el derecho de huelga.
Se fija como meta la elección por sufragio universal del chief executive,o gobernador, y de los 60 miembros del Consejo Legislativo (art. 45 y 68), aunque no se estipula plazo alguno: se avanzará hacia esa meta "teniendo en cuenta la situación real de Hong Kong" y "de acuerdo con el principio de progreso gradual y ordenado". Lo decisivo de cláusulas tan genéricas es quien las interpreta. El art. 158 de la Ley Básica concede esta facultad, en última instancia, al Comité Permanente del Parlamento chino, la Asamblea Popular Nacional (APN). Ésta ha procedido a la interpretación de los art. 45 y 68: no habrá elección por sufragio universal del chief executive en el 2007 ni del Consejo Legislativo en el 2008, en contra de lo que pedían los sectores demócratas de Hong Kong. Por si quedaba alguna duda, Wu Bangguo, presidente de la APN, aclaró: "Hong Kong tiene la cantidad de poder que el Gobierno central decida asignarle". El chief executive,Donald Tsang, remachó: "Para el desarrollo constitucional hace falta la autorización del Gobierno central". Con la Ley Básica en la mano, Pekín es el amo: puede decidir la democratización de Hong Kong cuando y como le parezca, es decir, la puede posponer sine die. Jurídicamente, todo está atado y bien atado.
Pero políticamente China se juega mucho en Hong Kong, ya que espera que el éxito del modelo un país, dos sistemas convenza a Taiwán para que acepte la reunificación pacífica. China es hoy el garante de la prosperidad económica de la ex colonia, y acude al rescate siempre que es necesario, del mismo modo que ya se ha convertido en el principal motor de la economía taiwanesa. Pero Taiwán quiere, además de ventajas económicas, seguir disfrutando de su sistema democrático, de modo que el modelo de Hong Kong sólo le resultaría atractivo si incluyera avances decididos en esta dirección. La democratización
de Hong Kong podría vencer el rechazo actual de la población taiwanesa por el modelo un país, dos sistemas, pero, por otra parte, pudiera contagiar la fiebre democrática a la población china en general. Así, Pekín solo dará pasos decididos hacia la democratización de Hong Kong cuando decida la democratización de la República Popular.
Taiwán y Hong Kong empujan a China hacia la democratización. Pero más que éstos, son los cambios sociales y mentales provocados por el enorme desarrollo económico los que presionan hacia la apertura política. En el seno del Partido Comunista, detrás de la cortina, tiene lugar un vivo debate sobre la reforma política. Ya Deng Xiaoping señaló que, "sin reforma política la reforma económica no puede tener éxito". China sorprendió al mundo con sus cambios económicos y un día puede sorprenderlo en el terreno del cambio político. Estimo muy posible que, en su momento, y a su manera, el PCCh proceda a la apertura desde dentro del sistema político. Si decide hacerlo, una nueva lectura de los art. 45 y 68 de la Ley Básica de Hong Kong puede ser el primer paso.
EUGENIO BREGOLAT, embajador de España en China de 1987 a 1991 y de 1999 al 2003.

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