El caudillo busca con la gira y con la reconciliación con México mejorar su situación regional.

Cristina Kirchner ha comenzado como candidata a transitar el camino enmadejado que dibujó en estos años el gobierno de su marido, Néstor Kirchner. Ese dibujo denuncia una relación constante, política y económica, con Venezuela afectada sólo por algún ocasional altibajo. Aquella imagen refleja también un vínculo correcto con Washington, pero ensombrecido siempre ,en todos los campos, por la cercanía de Hugo Chávez.

¿Cómo ensamblar una cosa con la otra en la política exterior? ¿Cómo hallar un punto de equilibrio? Esos son los interrogantes para los cuales la senadora empezó a buscar alguna respuesta en esta realidad. Conviene precisar algo que les cabe a la candidata y al Presidente: ninguno de los dos tiene prejuicios con Washington; los dos miran con desagrado la administración de George Bush. Kirchner enfrió la relación con el líder republicano desde aquel desencuentro en la Cumbre de la Américas del 2005 en Mar del Plata. Así concluirá su mandato. Pero Cristina, si triunfa en octubre, estará forzada a compartir la primera mitad de su ciclo con la última mitad del de Bush.

¿Cómo establecer, entonces, una sintonía política distinta a la de ahora? ¿Cómo hacer que la política infunda de confianza a los empresarios e inversores extranjeros? Cristina repicó ayer, al hablar en el Consejo de las Américas, con un discurso conocido cimentado, sobre todo, en la notable recuperación económica de los últimos años. Chávez tuvo al mismo tiempo un paso breve y sobrio por nuestro país, con el propósito claro de no incomodar a la candidata oficialista. Pero ninguno de los gestos alcanza todavía para disipar aquellas dudas políticas.

Hubo otros gestos que no atravesaron los muros de la intimidad. Que seguirán siendo anécdotas quizás hasta que no encuentren alguna traducción política.

Cristina habría hablado delante de Chávez en la cena del lunes a la noche en la residencia de Olivos de la necesidad de hacer esfuerzos para quitarle rispidez a la relación entre Washington y Caracas. Esa rispidez frena muchas veces iniciativas que el Gobierno tiene dispuesto encarar en Estados Unidos y también en las principales naciones de Europa. La candidata oficial tuvo que explicar algunos desbarros políticos de Chávez en su última visita a España. El gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero no es enemigo del líder venezolano.

El caudillo confesó que no existe ninguna posibilidad de transacción con Bush. Pero que el horizonte podría tal vez despejarse si el timón del poder estadounidense pasara a manos de los demócratas. Para esa alternativa, si ocurre, restarían más de dos años. Ese tiempo sería una eternidad para Cristina, en caso que se convierta en heredera de Kirchner. ¿Cuál sería la premura?

La senadora, como su marido, supone que la sustentabilidad del crecimiento económico de los próximos años estará dado, entre otras cosas, por una mejora en la calidad de las inversiones externas. Muchas inversiones se detienen cuando media la opinión política de Washington. Otras siguen siendo reticentes, simplemente, porque nuestro país no recuperó su fiabilidad internacional. Se hace imperioso atender, por ejemplo, la deuda con el Club de París que oscila los seis mil millones de dólares. Se hizo poco y nada para solucionar el problema después de la salida del default.

Esa entidad no acepta una renegociación si no hay antes algún aval del FMI. Ese aval no tiene miras de llegar. El obstáculo podría salvarse con la intervención política de algunas de las naciones miembro del Club, las más poderosas. En esa nómina estarían, entre otras, Francia, Alemania, Italia y Japón. Pero el peso específico de Washington resulta, sin dudas, determinante.

Quizás el consejo de Kirchner a Chávez para que abuene su deteriorada relación con México haya apuntado a atenuar cierto aislamiento del caudillo en la región. De paso, a que ese se extienda hasta Washington. De hecho ayer mismo Chávez repuso a su embajador en el Distrito Federal -nombró al ex canciller Roy Chaderton-, vacante desde el 2005 tras un incidente diplomático.

Chávez siguió su gira en Uruguay y hará lo mismo después en Ecuador y Bolivia. Esta excursión rápida en la región tiene dos ausencias sonoras: Brasil y Paraguay.

El caudillo de Caracas sigue molesto con Lula y Nicolás Duarte Frutos porque sus Parlamentos no terminan de aprobar la incorporación de Venezuela al Mercosur. Para poner fin a ese incordio también habría en danza una mediación argentina, aunque la convulsionada realidad política de aquellos países no la tornaría fácil ni la auguraría exitosa.

http://www.clarin.com/diario/2007/08/08/elpais/p-00501.htm

Copyright 1996-2007 Clarín.com - All rights reserved