EL DEBATE EN LA COMUNIDAD FORAL: Pasado y presente del socialismo navarro

La historia del PSN es una senda plagada de escándalos y revueltas internas

El socialismo navarro se resume en una siniestra paradoja: los pastores resultaron ser lobos y condujeron a su propio rebaño a la perdición. Los fundadores del PSN, entre ellos dos antiguos sacerdotes, malbarataron la etapa más luminosa del socialismo en Navarra. De hecho, el acceso de los socialistas al poder tras las elecciones autonómicas de 1983 parecía poco menos que un milagro en un territorio que durante la Segunda República entregaba todos los escaños de la circunscripción a la derecha (con niveles de apoyo superiores al 70% de los votos).

Ese milagro se prolongó durante dos legislaturas, hasta 1991, cuando el PSN perdió el poder por la mínima. A partir de ahí, los pecados de los padres fundadores emergieron con destructiva virulencia. Uno de ellos, el ex presidente foral Gabriel Urralburu, acabaría entre rejas tras descubrirse que durante su mandato había cobrado centenares de millones de pesetas de las empresas adjudicatarias de las obras públicas. Su lujoso tren de vida no llamó la atención a nadie en el PSOE. Los líderes socialistas se tragaron sin rechistar la irrefutable explicación de que el suegro de Urralburu tenía mucho dinero.

El problema es que el antiguo activista de los grupos cristianos de base y luego sacerdote del Verbo Divino tenía cómplices. Y no sólo el que fue su corruptor espiritual y financiero: Luis Roldán. La metástasis de la corrupción se había extendido al interior del partido y volvió a emerger en el momento más inoportuno. Es decir, cuando el PSN acariciaba de nuevo el poder. Esta increíble circunstancia respondió a la singularidad del alma política Navarra. Tras llegar al poder en 1991, la UPN (marca foral del PP, pero con un alto grado de autonomía) sufrió un conflicto interno que concluyó con la salida de su líder y presidente foral, Juan Cruz Alli. Y la venganza de Cruz Alli no fue precisamente sutil. Organizó otro partido y entregó la presidencia a los socialistas - que habían perdido ocho de sus 19 escaños- tras las elecciones autonómicas de 1995.

Sin embargo, el ojo omnisciente de la justicia se encargó muy pronto de poner las cosas en su sitio. El flamante presidente socialista, Javier Otano, también tenía una cuenta en Suiza. Y sus explicaciones fueron tan patéticas como inverosímiles: Urralburu las había abierto "por si había que atender a alguna necesidad que pudiera surgir". Otano no tuvo más remedio que presentar la dimisión. "Por fin esta noche podré dormir tranquilo", dijo al despedirse.

Después de semejante seísmo, la situación del PSN entró en una fase casi terminal. El socialismo navarro devolvió voluntaria y gratuitamente el poder a la UPN y permitió que el nuevo candidato de los conservadores, Miguel Sanz, accediera a la presidencia en 1996. Este insólito desenlace se produjo a instancias de la gestora que se hizo cargo del PSN y que estuvo presidida por otro de los padres fundadores: el también antiguo sacerdote Víctor Manuel Arbeola, en cuya biografía figuraban proyectos tan pintorescos como el Frente Navarro Independiente.

Vender Navarra Los conflictos internos en la gestora - con la identidad navarra como trasfondo- no tardaron en estallar y llevaron a la dimisión de Arbeola y a la elección de un nuevo secretario general en 1997: Juan José Lizarbe. El nuevo líder del socialismo navarro se distinguió por su actitud combativa frente a la derecha foral y por sus intentos de armar una mayoría alternativa con otras fuerzas de centro e izquierda. Sin embargo, los resultados electorales no le acompañaron. Y todo ello con un agravante: la derecha lo acusaba de "vender Navarra" a los vascos mientras que algunos de sus correligionarios socialistas asentían explícitamente o vendían directamente su alma a UPN a cambio de un cargo público. Entre ellos, Arbeola, que acabó devolviendo su carnet del PSOE y elogiando a Miguel Sanz, un presidente que, según sus rivales, "no sonríe ni siquiera cuando gana las elecciones".

Finalmente, en julio del 2004 se escribió uno de los últimos capítulos del descenso a los infiernos del PSN. El que fue secretario de organización de Lizarbe, Carlos Chivite, se convirtió en cabecilla de los críticos, derrotó al secretario general por un margen de diez votos en el VIII congreso regional y se hizo con el control del partido. Eso sí, el candidato finalmente elegido por la dirección federal del PSOE fue Fernando Puras, un hombre de consenso dentro del PSN y abierto a un eventual acuerdo con Nafarroa Bai.

Pero Dios escribe con renglones torcidos. Ha sido precisamente la posibilidad de un pacto con NaBai la que ha puesto fin a la carrera política del flamante candidato y, al mismo tiempo, ha dinamitado el frágil consenso interno del PSN.