Desde un tiempo a esta parte, la opinión viene ocupándose de una divertida y atrevida caricatura que sirvió de portada a la revista semanal El Jueves (número 1.573) y que fue secuestrada por un juez tras la denuncia del ministerio fiscal del Gobierno. El remedio resultó peor que la enfermedad, pues divulgó ad nauseam la chorrada que, por otra parte, al aparecer, sus creadores hicieron pública en un ejercicio legítimo de libertad de expresión (art. 20.7º CP en relación al art. 20.1.a) de la Constitución Española (CE). En la resolución, que quiso ser punitiva, alguien indudablemente se equivocó, pues los presuntos afectados no se dieron por aludidos, tanto más cuando la figura del desacato ya no figura en nuestras leyes, excepto en las sesiones de nuestros tribunales de justicia. Por otra parte, sabemos que los autores de la humorada sólo pretendieron poner en solfa la subvención lineal de 2.500 euros concedida por el presidente del Gobierno a cada nuevo nacimiento y también que la editora de la revista El Jueves se viene significando desde años atrás por sus críticas a los Borbones (cf. por ejemplo, el libraco de autoría colectiva «Los Jueves y la Monarquía tocando los Borbones», publicado hace cuatro años y que ignoramos haya sido reeditado).

Es evidente que la demanda contra los dos humoristas/dibujantes -por lo que sabemos- salió del ministerio fiscal, no de la Casa del Rey, por lo que quizás el mensaje subliminal proceda del republicanismo de algunos prebostes de la segunda transición que quizás empezamos a vivir. Entre ellos habría que incluir a los propios editores de El Jueves y que, desde siempre, nos han brindado una visión de la Monarquía de don Juan Carlos un tanto heterodoxa, aunque el libro «Tocando los Borbones» concluye antes de la boda del Príncipe de Asturias con la joven periodista española Letizia Ortiz Rocasolano -una guapa mocina divorciada con la que don Felipe contrajo un matrimonio morganático, provocando reacciones varias, incluso en su familia nuclear-. Por ello, lo que contemplamos no tiene nada de particular si recordamos otro libro, publicado allá en 1991 por Ediciones El Museo Universal y reeditado por la Compañía Literaria en 1996, tras agotarse en su primera edición. El libro en cuestión llevaba por título «Los Borbones en pelota», constituido por diversas acuarelas obra de los hermanos Bécquer, Gustavo Adolfo, 1836-1870 (poeta harto conocido que dirigió el periódico La Ilustración de Madrid), y Valeriano, 1834-1870 (pintor, de menos nombradía que su hermano).

«Los Borbones en pelota» se basó en la recopilación de una serie de acuarelas originales que se conservan en la Biblioteca Nacional de Madrid y que sólo eran conocidas por algunos especialistas, publicado años después de iniciarse la Monarquía juancarlista, dando bastante que hablar, incluso al mismo Soberano, en la Feria del Libro de Madrid en que fue presentado, al contemplar éste las escabrosas escenas virtuales en las que se incluye a su tatarabuela, doña Isabel; así, aquélla en la que ésta goza de una felación que hace a su íntimo, don Carlos Marfori, mientras que, por detrás, la Soberana es «venerada» por su propio confesor, a calzón bajado y con la sotana remangada.

La crítica histórica no se ha puesto aún de acuerdo sobre la fecha en que los Bécquer pintaron sus acuarelas, aunque parece lógico datarlas en el decenio de 1860, cuando ya eran vox populi los escarceos de la descocada doña Isabel, casada a la fuerza por decisión materna con el infértil don Francisco de Asís -padre putativo del futuro Príncipe de Asturias (Alfonso XII).