TESTIGO IMPERTINENTE
Los programas televisivos han convertido a Darek en referente de la belleza y el 'sex appeal'
Prometo invertir lo que queda de verano en reivindicar las tripas incipientes de los cuarentones
Elena y el 'duque de Lujo' regresan de EEUU y los 'urdangarines', de sus periplos náuticos
Si las cosas van como parece, dentro de nada sólo habrá mujeres en el periodismo. Mandadas por hombres, eso sí, porque las cosas no sólo van como van sino como a ellos se les antoja que vayan. Las mujeres dirigen ministerios, bancos, pero medios de comunicación, pocos. Estábamos la otra noche en Es Baluard -murallas por aquí, Mediterráneo por allá, a este lado un ciprés, al otro un pino, y Palma al fondo-, en una cena presidida por sa majesté le Roi (nuestro Rey, o sea). Entonces pasó lo que pasó.
En la mesa, siete mujeres y dos hombres, uno de ellos mediopensionista. Agotadas las conversaciones formales sobre barquitos e infantitas, nos pusimos a hablar de tíos. Digo tíos cargando las tintas en el matiz diferenciador. Los hombres pertenecen a una categoría menos asexuada que los tíos. Cualquiera lo sabe. Con los hombres discutes, compartes, te enterneces y hasta lloras. Con los tíos practicas la suerte del revolcón (o en su defecto, te quedas con las ganas).
La culpa la tuvo Darek, que se impuso en la conversación mediado el langostino. Todas nos pronunciamos al unísono: estamos de Darek hasta la peineta. Los programas televisivos, mayoritariamente en manos de gays, han convertido al polaco en referente de la belleza y el sex appeal. No digo yo que el chico no sea guapo ni tenga sex appeal (es evidente que para Obregón tiene mucho), pero pertenece a esa partida de galanes de los que nunca sabes si forman parte de la realidad o están atrapados en un calendario. Respecto a Darek, lo que más valora la tele no es su sonrisa ni su mirada líquida, sino su tableta de chocolate. O sea, la tripa musculada. Llegado este punto, prometo invertir lo que queda de verano en reivindicar las tripas de los señores, no las cerveceras y descolgadas, ni las apelmazadas y cetáceas, sino las tripas incipientes de los cuarentones que mojan pan en las salsas.
Los mandamientos de la estética gay quieren llevarnos al huerto de Darek. Las periodistas reunidas en Es Baluard establecimos una lista de nuestras preferencias. Entre los hombres que más nos ponen no figuraba Banderas, ni Tom Cruise, ni por supuesto Darek. Como finalista quedó Bardem (sus escarceos con Scarlett Johansson lo traen a la actualidad) y como ganador, Nicolas Sarkozy. Las periodistas Mari Angel Alcázar (La Vanguardia) y Arantza Fundarena (Vocento) fueron sus principales valedoras. Servidora las apoyó sin rechistar (que no salga de aquí: yo lo vi primero).
Sarkozy no es alto, ni bello, ni tiene color. Gasta aires de napoleoncín y lleva la palabra «chusma» en la punta de la lengua. Pero su atractivo trasciende las condiciones objetivas de su físico (para entendernos: tiene un morbo que te cagas). Sarkozy ha hecho méritos sobrados para gustar. Sus vaivenes sentimentales contribuyen a que no parezca un hombre de cartón piedra, como Aznar (que no sólo lo parece sino que seguramente lo es). Dicen que durante su viaje oficial a España hizo una escapada con Ruiz-Gallardón y Mar Utrera (primos de Cécilia por parte de Albéniz) con el propósito de ayudarles a amainar la crisis conyugal desatada con el tema Corulla. Sarkozy sabe mucho de crisis conyugales (Cécilia lo dejó plantado para irse con un propio), pero finalmente la carrera al Elíseo puso paz y después gloria o, cuando menos, pacto. Este verano la pareja goza de unas merecidas vacaciones en Estados Unidos (pagando, que conste).
Como ya es habitual, una vez finalizadas las regatas de la Copa del Rey, se celebra la foto de familia en Marivent. Todos los miembros han vuelto al redil. Elena y el duque de Lujo regresan de EEUU y los Urdangarines, de sus periplos náuticos. También deben de haber llegado los tíos y sobrinos griegos, pero esos están guardados y no salen en la foto. El momento es como un fin de fiesta simbólico, una última concesión a la voracidad de los reporteros que siempre quieren más y más, pero mucho más. Leonor acepta el reto y exhibe su colección de gestos coquetos. Esta niña dará guerra.
(Notas en la moleskine: la colchoneta ya está punto para iniciar el viaje a Marbella. Travesía de sueños hacia el pasado. Marbella es el otro lado del verano, la apoteosis del frenesí y la lentejuela. Ciudad demacrada y atroz, irascible, nostálgica. Bifurcada de sí misma, muestra un lado indefenso que conduce a la ternura. Marbella sin juez Torres, sin Al Kassar, sin Robespierre).

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