El prosirio Camil Jury sustituirá en el Parlamento al antisirio y asesinado Pierre Gemayel

El general Michel Aun me dijo en una reciente entrevista que contaba con el seguro apoyo de sus amigos armenios. Y, efectivamente, el domingo fueron los votos en masa del histórico partido Tachnag en la localidad de Burj el Brajne, a la orilla del río Muerto, cabe Beirut, los que dieron la victoria a su candidato en la comarca del Metn. Su representante allí, Camil Jury, se alzó con la victoria con 418 papeletas más que las conseguidas por su adversario Amin Gemayel.

Se trataba de unas elecciones parciales, convocadas sólo para escoger a los dos parlamentarios que sustituyeran a los asesinados diputados Pierre Gemayel y Walmid Eido, este último representante de la comunidad musulmana suní capitalina, sucedido sin sorpresas por Mohamed

Itani. Y, sin embargo, esta reñidísima elección ha ahondado todavía más las disensiones internas de la población cristiana, dividida entre las tendencias políticas antisirias como las de Kataeb - Falange- o las Fuerzas Libanesas, y las más contemporizadoras con el vecino régimen de Damasco, que ha tutelado entre los años 1990 y 2005 durante un tiempo de calma y de seguridad esta compleja y frágil República.

Los enemigos del general Aun le echan en cara agravar las contradicciones - sobre todo dentro de la comunidad maronita-, haber firmado una entente con el Hizbulah chií y suavizar su inflexible actitud - antaño militante y belicosa- respecto de la vecina Siria.

Lamentablemente, la historia de Líbano gira, desde hace décadas, en torno a sus complejas relaciones con el poderoso vecino sirio. Michel Aun se ha percatado de que es imprescindible formar un gobierno capaz de alcanzar un statu quo con los dirigentes de Damasco. Considera que su pragmática alianza con Hizbulah ha evitado, tras la guerra del año pasado con Israel, un enfrentamiento armado entre cristianos y musulmanes libaneses.

El gran interés provocado por estos comicios parciales se debe a sus repercusiones sobre la incierta elección del presidente de la República el próximo mes de septiembre. La mayoría parlamentaria antisiria, con 69 diputados, sigue dominando el hemiciclo de 128 escaños y por tanto dispone del suficiente número de diputados para imponer a su candidato, pero la oposición constituida por las organizaciones chiíes de Hizbulah, Amal, Corriente Patriótica Libre de Aun y otros grupos simpatizantes con Siria pueden impedir la formación del quórum necesario de dos tercios para el nombramiento.

Es esta posibilidad la que provoca la incertidumbre y el miedo de los libaneses a un posible vacío de poder. Hay toda suerte de especulaciones, como la presentación de candidaturas del comandante en jefe del ejército o del director del Banco Central para la primera magistratura del Estado. El propio general Aun, en otra gravísima crisis institucional, fue nombrado en el año 1988 - por el entonces presidente Gemayel- como primer ministro de un gobierno militar provisional que debía preparar, ante todo, la elección del jefe del Estado.

Con el escrutinio del pasado domingo, el polémico general Michel Aun sólo ha conseguido un diputado más para las fuerzas de la oposición. Aun se ha presentado como candidato a la presidencia sabiendo que no cuenta con el apoyo suficiente para conseguir la victoria.

Amin Gemayel, derrotado el pasado domingo y que ya que había sido presidente en el año 1982 bajo la influencia israelí, también aspira a la jefatura del Estado. Michel Aun presume de ser el líder cristiano más popular, abierto a las demás comunidades libanesas, y postula un programa político de vocación laica. Asegura que el confesionalismo que quiere combatir sólo beneficia a la casta religiosa y feudal. Sin embargo, su reducida victoria en el Metn significa que no ha conseguido el apoyo que buscaba entre la población cristiana. Sin duda, los libaneses dieron el domingo una lección de democracia en los países árabes.