Cómo ser catalán y no morir en el intento, de M. Dolores García en La Vanguardia
SIN PERMISO
El cabreo ciudadano se está convirtiendo en un jugo en el que la sociedad catalana empieza a cocerse, añadiendo cada día un nuevo ingrediente al guiso y avivando el fuego. Es digno de psicoanálisis comprobar cómo hemos pasado sin transición de la autocomplacencia, incluso petulancia, de creernos en posesión del don de la modernidad y reclamar que nos dejaran volar sin el lastre de una España rancia y achacosa, a lloriquear por nuestra suerte y celebrar unos adelantos a cuenta.
En el manual de cómo ser catalán y no morir en el intento figura como primer axioma el ninguneo sufrido año tras año en el reparto de inversiones desde Madrid. Nada más cierto, pero algunas pifias son autóctonas y cabe reseñarlas. La primera es la falta de peso político para hacerse valer donde toca. El conseller de Economia, Antoni Castells, decía en La Vanguardia que "sería bueno que el Gobierno del Estado y el resto de España tomaran buena nota" de nuestro soberano enfado. Agarrándose al atávico dicho de que no hay mal que por bien no venga, el conseller Zapatero le escuche. Magro consuelo. Algunos en el tripartito temen que Zapatero no cumpla sus compromisos y otros que lo haga y se lleve el gato al agua. Eso sí, ninguno faltará en la foto junto al presidente cuando se inaugure el AVE o la T-Sur.
Ahora resulta que el gran problema de la movilidad en Catalunya es Renfe. ¿Acaso estaba en el primer puesto de las reclamaciones de nuestros políticos cuando viajaban a Madrid hace dos o tres años? Es más, ¿sólo existe Renfe? Desde 1989 la línea 1 del metro permanece varada a cinco kilómetros escasos de El Prat, pero como aquí somos especialistas en polémicas sobre trazados ferroviarios, viarios o de alta tensión, el Govern que al percatarse de que su recorrido excluía el centro de la ciudad, anunció que también llegará la L2. Por el camino, 18 años dilapidados. Y mientras, nos regocijamos cada año con los récords de pasajeros en El Prat. Otro ejemplo no imputable a los malignos designios madrileños: si usted vive en una población cercana a Barcelona y ha desistido de utilizar Renfe en aras de su salud, habrá notado que, pese a lo que está cayendo, el ya precario servicio de autobuses ha sido recortado en agosto hasta casi la extinción. Un irresistible apunte demagógico: ¿qué se podría hacer con los 1.046 millones de euros que la Generalitat va a emplear en enjugar la deuda acumulada de TV3?
Menos mal que en este negro panorama se abre un resquicio de esperanza: en el Govern se han percatado de que contaminan más miles de coches atrapados al ralentí en una autopista que unos cuantos fluyendo a más de 80 km/h en las entradas de Barcelona. No en dióxido de carbono, pero sí en secreción de bilis, que puede convertir en irrespirable una atmósfera cargada. Y es que la ira es un estado emocional que puede ir de la mera irritación a la furia destructiva. En la primera versión resulta digerible y hasta dirigible hacia responsables con nombres y apellidos residentes en Madrid, pero cuando se desata puede arrasar con el primero que se ponga por delante. Castells podría tomar nota de ello.
Sirera no será candidato
Daniel Sirera, nuevo presidente del PP catalán, no será el candidato por Barcelona a las generales puesto que tiene el encargo de dedicar todo su tiempo al partido. De hecho, el principal motivo esgrimido para el relevo fue que Piqué descuidó la estructura de la formación en Catalunya. Los populares creen que, una vez hecho lo más difícil, desde Madrid se tomarán su tiempo para decidir el cartel electoral.
Las dietas de los consellers
A ninguno de los consellers que, a su cargo en el Govern, añaden su condición de diputado se le ha ocurrido renunciar a las dietas que el Parlament paga a los representantes del pueblo en concepto de desplazamientos, a pesar de que todos ellos disponen de coche oficial. Todos hacen la vista gorda. Pero no es una actitud propia sólo de los consellers del actual tripartito, lo cierto es que ya ocurría en los anteriores gobiernos de CiU. Así es difícil conocer la realidad de la movilidad en Catalunya.
El PSOE, partido catalán
Un diputado del PSOE confesaba días atrás a un parlamentario catalán: "El problema que tenemos en Madrid es que aparecemos como un partido catalán". Un dilema difícil de conciliar: si Zapatero anuncia a bombo y platillo inversiones en Catalunya, le acusan de favoritismo en el resto de España. Si no lo hace, el desapego de los catalanes le puede hacer perder las elecciones.
