El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, se consolida como el principal prestamista de América Latina. Para Argentina, donde no quieren saber nada del Fondo Monetario Internacional (FMI), los petrodólares del bolivariano son el recurso más a mano.

Chávez concluye hoy una visita relámpago a Buenos Aires, donde firmó con el presidente argentino, Néstor Kirchner, la compra de mil millones de dólares en bonos. De esta manera, Argentina podrá hacer frente a parte del vencimiento de otra deuda anterior, ayudándose del superávit fiscal pero sin abusar de las reservas.

Tras superar la quiebra del 2001, la mayor parte de la deuda del país se emitió a corto plazo. De hecho, esta es la segunda vez que Venezuela compra bonos argentinos. Desde el 2005, Caracas ha adquirido títulos por valor de 4.200 millones de dólares. Y ha sido paradójicamente la caída de valor de esa primera remesa la que ha provocado esta nueva emisión. La debilidad mundial del dólar provocó que los bancos venezolanos lleven meses desprendiéndose de los papeles argentinos. Kirchner pidió ayer a Chávez que trate de conservar los bonos para que sus oscilaciones no afecten a la economía argentina.

Venezuela presta, pero no lo hace gratis. Se trata de un buen negocio para el gobierno bolivariano, que no perdona los intereses, pero también para el sistema financiero que tanto critica al mandatario. Los bancos venezolanos se llenan las arcas a base de comprar bonos al cambio oficial del dólar, que equivale a 2.200 bolívares, y luego los revenden al precio que la moneda estadounidense tiene en el mercado negro, unos 4.500 bolívares.

Esta visita de Chávez a Argentina tiene un marcado tono discreto, en contraste con la que realizó en marzo pasado. Entonces, coincidiendo con la gira latinoamericana del presidente estadounidense, Chávez encabezó un mitin contra George W. Bush donde lo calificó de "cadáver político". Aquel acto, celebrado en un estadio de Buenos Aires, contó con el apoyo no oficial del aparato kirchnerista. Ahora, a menos de tres meses de las elecciones argentinas, en que Cristina Fernández de Kirchner se juega suceder a su marido en la Casa Rosada, el matrimonio presidencial no quiere que los poco diplomáticos gestos del mandatario venezolano afecten la imagen de estadista centrada que pretende ofrecer la candidata.

No obstante, Fernández acompañó ayer a su marido en la visita de Chávez. El venezolano y la primera dama argentina viven un idilio político. En su reciente viaje a España, la esposa de Kirchner defendió el papel de Chávez para garantizar el abastecimiento energético de América Latina. El bolivariano agradeció luego las palabras de Fernández, de quien dijo que "se mueve como pez en el agua en el mundo". Precisamente, otro de los acuerdos de ayer entre Kirchner y Chávez fue para construir en Argentina una planta regasificadora.

La larga mano energética del venezolano es evidente. Mañana, Chávez viajará a Bolivia para firmar acuerdos petrolíferos. Allí podría volver a reunirse con Kirchner en Tarija, donde el argentino tiene previsto firmar con el boliviano Evo Morales varios acuerdos estratégicos. Durante esta gira regional, Chávez también visitará Uruguay y Ecuador, pero deberá dejar para mejor ocasión Brasil, con cuyo presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, mantiene unas relaciones más bien frías en los últimos meses.