Las firmas del sector exterior reclaman “un amplio plan de cambios estructurales” dirigido a corregir el déficit comercial y a asentar el peso inversor en los mercados internacionales.
El lastre de la competitividad española “debería de dejar de recibir el tratamiento de problema coyuntural, y adquirir la consideración de obstrucción estructural de la economía”, coinciden en recalcar empresarios del sector exterior que, además, reclaman “reformas de primer orden” para fortalecer las exportaciones e inversiones en terceros mercados. Antonio Bonet, presidente de Asesores de Comercio Exterior (ACE), una de las empresas españolas mejor posicionadas en el negocio que emana desde los proyectos de desarrollo vinculados a las instituciones multilaterales, insiste en que la pérdida de competitividad requiere una “profunda reconversión estructural”, un plan de reformas “de calado”, con visión “a largo plazo”.
Entre otras medidas, sugiere “avances decididos” hacia una política educativa de alta cualificación, dirigida a “potenciar materias tecnológicas e innovadoras de grado superior” y, al mismo tiempo, “a cubrir los puestos de técnicos de perfil medio o formación profesional”, sin descuidar la adaptación a las necesidades competitivas “de la enseñanza primaria y secundaria”. Paralelamente, impulsar los mecanismos para generar “emprendedores y empresarios”. Y, sobre todo, “más recursos estatales y privados a la I+D+i”, así como nuevas recetas encaminadas a “abaratar el despido y agilizar el mercado laboral”.
A juicio de Bonet, esta estrategia se “debería completar” con nuevas rebajas de impuestos y una oferta de infraestructuras de telecomunicaciones, energía y transportes “más eficiente para abaratar los costes empresariales”.
El diagnóstico del presidente de ACE resalta la “visión crítica” que, sobre el abultado déficit comercial de España, realizó hace varias semanas Standard & Poor’s. Los expertos de esta agencia de calificación alertaban del riesgo de que las presiones salariales futuras mermen la productividad y repercuta en pérdida de mercados exteriores y en un repunte del desempleo. “Las tensiones salariales empeorarán aún más la productividad, elevarán las importaciones y restará competitividad exterior”, explica.
Balbino Prieto, que acaba de renovar su mandato como presidente del Club de Exportadores e Inversores, aconseja que estas reformas también afecten a la “liberalización de todos los sectores económicos”. Por ejemplo, en la industria de la construcción, cuya “ralentización” redundará negativamente en la tasa de paro.
Prieto, que dirige Nova Internacional, consultora que presta asesoramiento en mercados exteriores, recuerda la “pérdida competitiva” de España con “los países de nuestro entorno”. En su opinión, la mano de obra española cuenta con una cualificación media, pero con costes demasiado elevados en comparación a las economías emergentes. De ahí que “se deba acudir a espolear los sectores intensivos en mano de obra y con especial valor añadido de cariz tecnológico”. No sólo en el segmento de servicios, cada vez “menos exportables”, sino en la industria.
Además, deberá corregirse “el diferencial de inflación” con la zona del euro que, pese a haberse reducido en los últimos meses, “retrae la exportación con una divisa alta y sin control monetario nacional”.
Prieto, que comparte la radiografía de Bonet de dar mayor impulso a las nuevas tecnologías, “con incentivos fiscales a la I+D+i”, y flexibilizar de nuevo el mercado de trabajo, considera “imprescindible” que el país “protagonice el salto diplomático” hacia los grandes foros globales: “La opción de que la octava economía mundial llame a las puertas del G-8 es una obligación para todo Gobierno, porque ignorar esta táctica implica un profundo desconocimiento de la globalización”.

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