El crecimiento real de las ventas (descontando la inflación) es 3,6 puntos inferior al nominal. Por el contrario, sigue estable la importación, lo que anuncia nuevas pérdidas de competitividad y de cuotas de mercado.

Dice el refranero popular que aunque la mona se vista de seda, mona se queda. Pues algo parecido es lo que ocurre con los resultados de la balanza comercial, y más concretamente, de las exportaciones: las ventas, bajo el disfraz de un crecimiento nominal entre enero y mayo del 6,7%, esconden una pírrica subida real del 3,1%. O lo que es lo mismo, que más de la mitad de la subida de las exportaciones obedece exclusivamente al repunte de los precios, y no a un aumento de las ventas.

En unos momentos en que desde el Fondo Monetario Internacional (FMI) se ha vuelto a advertir sobre los riesgos del “gran déficit por cuenta corriente español” y el peligro de “sobrecalentamiento de la economía”, el análisis detallado de los resultados de los intercambios comerciales –responsables del 79% del desequilibrio exterior– es revelador. Muestra cómo las exportaciones españolas en los cinco primeros meses crecen un 6,7% nominal, pero sólo un 3,1% real. En el otro lado de la balanza, aparece un aumento nominal de las importaciones también del 6,7%, pero que se eleva al 7% en términos reales.

Unas diferencias que se explican básicamente por la evolución de los precios. En el caso de las exportaciones han crecido el 3,5% interanual, mientras que los de las importaciones muestran un mínimo descenso, pero en términos reales, del 0,3%. Una evolución que, como apunta el último informe económico de CEOE, “no favorece la competitividad de la economías española”.

Cuota de mercado

A pesar de los optimistas mensajes del Gobierno, la realidad es que, en un contexto de recuperación del comercio mundial, las ventas españolas al exterior se están viendo penalizadas por el aumento de sus precios que, en definitiva, se traduce en una pérdida de cuota de mercado y un incremento de nuestro esquizofrénico déficit exterior.

Porque, aún tomando como referencia los valores nominales, es decir, dejando de lado el impacto de los precios, los propios datos oficiales de Comercio muestran cómo el crecimiento interanual del 6,7% de las exportaciones hasta mayo es prácticamente la mitad del 13,1% de subida que registraban las ventas en el exterior en los mismos meses de 2006.

Tampoco es más halagüeña la comparación con los principales competidores, que también recoge, pero no difunde, el Ministerio de Industria. Una comparación que refleja cómo el 6,7% de crecimiento nominal de las exportaciones españolas es muy inferior al 10,9% de Alemania y EEUU, y al 11,7% de Italia.

Pero, además, esta pérdida de cuota de mercado se concentra, cada vez más, en países considerados prioritarios por las autoridades comerciales nacionales. Así, el déficit comercial con Alemania ha superado ya la cifra de 8.900 millones de euros, cifra que rebasa los 8.271 millones alcanzados por las exportaciones a este país, segundo cliente comercial. Y que certifica que, por cada unidad monetaria exportada a Alemania, España ha importado dos. Más grave aún es el galopante déficit con China que, a pesar del Año de España, que se celebra ahora, supera también lo 6.100 millones de euros, resultado de un crecimiento del 37,4% en las importaciones frente al 18, 1% de las exportaciones.

Para la patronal CEOE, el diferencial de precios es el factor que explica este importante deterioro comercial con estos países, y con otros “mercados objetivo” de la política de internacionalización nacional. Así lo pone de manifiesto también el último informe anual del Banco de España, en el que se afirma que “dos tercios del déficit exterior se justifican a partir del diferencial de precios con nuestros principales competidores”.

La amenaza del petróleo

En línea con el banco, los datos de un reciente informe de la Comisión Europea destacan que mientras que la zona euro en su conjunto ha mantenido prácticamente su nivel de competitividad entre noviembre de 1999 y abril de 2007, Alemania y China habían mejorado este indicador en un 5,7% y un 23,3%, respectivamente. Mientras, España registraba una pérdida de competitividad del 7,8% en relación al conjunto de países con los que realiza el grueso del comercio exterior.

Pero si el escenario es ya suficientemente complicado, las perspectivas apuntan a peor. La llegada del verano ha traído un recalentamiento de los precios que amenaza con elevar el termómetro de la inflación hasta una tasa de crecimiento próxima al 3% que rebasa los objetivos del Gobierno –en el 2%–..

La escalada de los precios del petróleo, cuya cotización se consolida por encima de los 70 dólares, ha sido el principal detonante. Pero también lo han hecho otros factores como el repunte de los costes laborales hasta el 4% interanual en el segundo trimestre (la más alta de la zona euro), la baja productividad de la industria y la subida de los precios en el turismo y los alimentos frescos. Estos capítulos agravan el impacto que las subidas de la factura energética tienen sobre el crecimiento, el consumo y la muy deteriorada competitividad.