EL MIRADOR DE LA CERDANYA

Empiezas las vacaciones con el ánimo de oxigenarte, recuperar fuerzas y despejar la mente y, a las veinticuatro horas de haber llegado a la segunda residencia, te encuentras más estresado que cuando aún no habías avistado el Pirineo. Y es que después de las nevadas del invierno y de las tormentas de la primavera, resulta que abres la casa en agosto y la parabólica se ha descangallado, el lavavajillas hace saltar los plomos, las tejas de pizarra se han desencajado y las humedades del garaje hacen dudar de si se trata de un escape de la cañería o se ha roto la tela asfáltica del jardín. Así que he pasado los días siguientes a mi llegada pidiendo, y a veces implorando, que acudan en mi auxilio el antenista, el electricista, el albañil y el fontanero. Desde el miércoles estoy compartiendo el tiempo de la siesta con un rosario de ciudadanos de media Europa, incluido unos pocos catalanes dedicados a la reparación del hogar. Bienvenido el fontanero polaco, pero también el electricista rumano y el albañil magrebí. Bendita inmigración que nos resuelve lo que no ha conseguido la FP: encontrar profesionales que permitan reparar los mil y un problemas de nuestra vida cotidiana. Pero lo cierto es que, con tanto despropósito a mi alrededor y con semejante gentío de llave inglesa, estoy más tenso que el día en que descargué toda la impedimenta. Por cierto, mientras escribo estas líneas, oteo que han empezado a rondar decenas de abejas cuando he encendido el fuego de la barbacoa: me temo que tengo una colmena en la chimenea. ¿Y para eso, a quién caray llamo?

Por todo ello, me siento muy solidario con el conseller de Innovació, Universitats i Empresa, Josep Huguet, a quien, para intentar serenar el alma en mitad de la crisis provocada por el apagón en la capital catalana, no se le ocurrió otra cosa que adelantar las vacaciones, saltándose la última reunión del Govern y dejando que sus subalternos pecharan con el marrón. Seguro que el conseller, buscando la lucidez de la vida plácida, ha hecho caso a Aristóteles, uno de los primeros que supieron entender que los problemas no se resuelven acertadamente si el cuerpo no está descansado y el espíritu, tranquilo.

No me extrañaría que, entre anuarios y memorias, en el despacho del conseller hubiera una edición en catalán de la Ética a Nicómaco, donde el filósofo de Estagira se pregunta "si al hombre culto y perteneciente a educación refinada" le es lícito buscar descanso en los placeres mundanos. Aristóteles asegura que el descanso no es un fin, sino un medio, para reparar al individuo, no sólo para la recuperación física, sino también para fortalecer el espíritu, siendo de los primeros en reconocer el trabajo intelectual como dura forma de desgaste. Ninguna crítica pues a Huguet, reserva intelectual de ERC según su Josep Puigcercós, y fuerza para el nuevo curso.

También el presidente del Gobierno se ha ganado el descanso después de prometer el oro y el moro, si a estas alturas la expresión puede considerarse aún políticamente correcta. Zapatero ha visto que los catalanes andábamos casi tan quemados como los montes canarios. La ministra de Fomento tiene alma de pirómana, pues enciende los ánimos cuando se atreve a afirmar que pronto seremos la envidia de toda España. Pero lo que más ha sorprendido, al menos en este valle pirenaico, no ha sido la declaración inoportuna de Magdalena Álvarez, sino el inoportunismo declarado de su colega Joan Clos, ex alcalde de Barcelona hasta el año pasado, a quien después del apagón se le debieron de fundir a él los plomos, para contradecir al conseller Antoni Castells y asegurar en el Congreso que la calidad de la red eléctrica catalana está incluso un poco por encima de la europea. Hasta mi electricista rumano me comentó que el ministro catalán era muy bromista mientras me cambiaba la instalación de la cocina.

Así pues, con tales colaboradores, Zapatero ha decidido dar la cara, reunirse con el president Montilla y comprometerse personalmente a aumentar inversiones para aeropuertos, ferrocarriles y carreteras; además de endurecer la legislación para que las eléctricas den un buen servicio. El mismo día en que hacía estas promesas, se producían nuevos cortes de luz en la ciudad y una avería dejaba varias horas sin servicio el tren del aeropuerto, afectando la línea de Girona y a la 2 de cercanías, como si la realidad se empeñara en demostrarle que los catalanes no han visto en la visita a un Zapatero convertido en Papá Noel, con tanta inversión en el saco, sino más bien a Super Mario, que era aquel fontanero de la PlayStation, capaz de tantas piruetas como reparaciones.

En cualquier caso, bienvenido sea Zapatero con sus compromisos, por más que, con la excepción de los socialistas, todos los partidos, e incluso ERC e IU (que a veces no se sabe si son Gobierno u oposición, o las dos cosas a la vez), han acusado al presidente de venir a hacer campaña sin demasiadas concreciones. Pero siempre es mejor que los dirigentes pisen los territorios donde se producen los problemas para entender el alcance y magnitud de las tragedias, por más que al presidente del Gobierno le bastaría con echar un vistazo a la contribución de Catalunya al PIB español y compararla con las inversiones efectuadas por los diferentes gobiernos en los últimos años para descubrir la injusticia. Hubo un ministro catalán en el franquismo, llamado Pedro Gual Villalbí, al que le gustaba pintar paisajes, pero a partir de una fotografía; al menos Zapatero ha venido a atisbar el paisaje sin quedarse en el retrato. Por cierto, hablando de paisajes, no estaría de más que Zapatero veraneara un año en la Cerdanya por aquello de la España plural, después de hacerlo en Menorca, Lanzarote a Doñana. Como seguro que necesitará un electricista rumano, le puedo dar el número del mío. La instalación de la cocina la ha dejado como nueva.