OBSERVATORIO

Seguramente será inevitable que el anuncio realizado por el presidente Zapatero avanzando tres años la construcción de la terminal satélite del aeropuerto de El Prat pase a la pequeña historia del país como una de las compensaciones morales por el último apagón eléctrico sufrido en Barcelona. Así se ha interpretado y tal vez no tenga mucho sentido ir contra la corriente, máxime si ésta es unánime.

Pero las cosas no son sí de simples, aunque las coincidencias de tiempo puedan presentarlas de tal suerte. El hecho de abrir el proceso de licitación de la redacción del proyecto de la terminal satélite en septiembre implica que la institución encargada, la famosa Aena, recibió las primeras instrucciones hace aproximadamente dos o tres meses. Es decir, que el presidente del Gobierno ya había decidido apostar por ese anuncio en un momento muy anterior al apagón.

¿Cuándo? Pues en una fecha no muy posterior al multitudinario acto empresarial del Iese del 23 de marzo pasado. Hecho trascendente que revela la importancia de ese acto y que sus efectos sísmicos sobre la vida política española sólo se pueden medir en el medio plazo, a medida que se conozcan reacciones y decisiones que aún ahora están en segundo plano.

Digamos de paso que este dato deja en evidencia a quienes aseguraban que desde un punto de vista electoral al Gobierno central sólo le inquietaría de verdad el deterioro de la red de cercanías. Los usuarios de esta última serían votantes del PSOE, mientras que los usuarios del aeropuerto lo serían menos, teniendo en cuenta además que en en el caso de esta infraestructura no se trata de un deterioro (funciona bien, no se suspenden vuelos, crece el tráfico, no hay averías...) sino de debates sobre expectativas de futuro. En el calendario preelectoral de Zapatero el aeropuerto no es una baza despreciable. Con el anuncio del pasado jueves viene a confirmarlo y, de paso, rebajar la presión para que cambie el modelo de gestión del sistema aeroportuario español.

El otro asunto importante del que se ocupó Zapatero en su visita a Barcelona fue el del apagón. Repartió responsabilidades, anunciando que está dispuesto a asumir las suyas (¿dónde, en Red Eléctrica Española, en el Ministerio de Industria), pero también exigiendolas a los culpables, es decir a las dos compañías afectadas, de nuevo REE y Endesa.

Respecto a este reparto de castigos, un último comentario. La única salida posible al actual deterioro de la red de distribución eléctrica es mucha más inversión por parte de las dos empresas mencionadas. Esperemos que nadie sucumba a la tentación de cambiar este criterio para salvar los cálculos financieros de las empresas que están lanzando la opa sobre Endesa.