Donde no hay futuro afloran las rivalidades locales de la horda, del Editorial en El Comentario
05/08/2007 - 15:22 h
Es sabido que el conflicto localista entre Oviedo y Gijón, Gijón y Avilés, Tineo y Cangas, o Sama y La Felguera dentro de Langreo, e incluso entre los bandos del casco de Llanes, forman parte indesligable de nuestro folklore, y su origen se pierde en la noche de los tiempos, aquellos de los que no quedan documentos históricos, en los que las hordas de prehomínidos ya guardaban celosamente sus campos de caza o sus manantiales de agua, en una lucha de la horda contra la horda, tan bien retratada por la fantasía cinematográfica con la que Stanley Kubrik daba carta de naturaleza al origen del hombre como hombre: el descubrimiento de una herramienta primitiva, como arma de ataque y defensa, en este caso un hueso. En el origen y en el final de la humanidad, estará la violencia y la lucha de la horda contra la horda.
La defensa de la charca como abrevadero del que procedía el agua con la que sobrevivían los homínidos de “2001 una Odisea del Espacio”, y la invención del uso agresivo de un arma primigenia, daban paso a los mayores descubrimientos de la humanidad, cuando el actor-primate lanza el primer hueso utilizado como arma homicida al aire, y en una magistral sinécdoque cinematográfica, el instrumento para el asesinato tribal, se transforma, a través del celuloide en una nave interestelar. La historia de la humanidad sintetizada en unos segundos.
Todo sigue tan igual y tan diferente. Tenemos una tecnología espectacular pero seguimos instalados en la tribu. Las pasiones humanas siguen siendo las mismas, y la charca en la que se bebe, o los campos en los que se caza, también. Y cuando el hambre o la sed aprietan, la horda saca sus armas a relucir, las agita en el aire, y suenan los tambores de guerra en la distancia.
¿Qué estudios se están realizando en Asturias por nuestros gobernantes, tan dados a pagar grandes mamotretos cuando de hacer publicidad se trata, para determinar por dónde ha de ir nuestro futuro inmediato? Que sepamos, aquí sólo hay un plan, que nadie conoce en su detalle, para el futuro de nuestra industria, salvo que se nos oculte una estrategia secreta del Gobierno para abrir nuevos horizontes económicos: la regasificadora de El Musel y los ciclos combinados que como el de ESBI en Tamón, en terrenos regalados por los asturianos a la DuPont, se beberán el agua de Caleao. No hay otro plan. No hay más que esto. Y además, cerrar todas las industrias para recalificar terrenos. La horda, en este caso política, se alimenta de recalificaciones.
Como ya señaló en su momento Lola, uno de nuestros contertulios de El Comentario TV, la nueva central de ciclo combinado de Soto de Ribera –que ya asoma-, promovida por HC Energía, da la medida de lo que se espera de esta grandiosa esperanza gubernamental: unos cuantos puestos de trabajo en la construcción de cada una de las plantas, y un sector, el energético, que al final va a ser bastante más limitado en mano de obra, que una franquicia de comida rápida, que se instale en cinco ciudades asturianas. Y ya está. Eso es todo.
El carbón da sus últimas bocanadas, mientras Hunosa saca adelante su último proyecto, que es ni más ni menos que desprenderse de los últimos terrenos de los pozos, los lavaderos y las instalaciones que aún siguen en su patrimonio, para lanzarse al agujero negro en el que nuestros gobernantes están introduciendo los restos del pasado fabril del Principado: el gran torbellino urbanístico que se devora también la construcción naval, la fabricación de armamento o los restos de la siderurgia. A tanto el metro, tantos fajos en la Samsonite: se trata de atender compromisos individuales y colectivos. ¡Los que vengan detrás que arreen!
El Comercio de este domingo revela unos datos del Instituto Nacional de Estadística que han sido señalados también por nuestros lectores (Asturies Llibre nos envió el enlace), como una noticia aciaga, en los que se viene a determinar que por cada cien ciudadanos, 33 carecen de cualquier tipo de ocupación, 32 desarrollan algún tipo de actividad productiva, 29 serían jubilados o personas dependientes, y 4 se dedican al cuidado de la cosa común a través de la administración, es decir, que sólo 36 de cada cien asturianos trabajan, 29 viven instalados en las clases pasivas, y 33 están viéndolas venir, que seguro que llegan. ¡Todo llega!
La Nueva España dedicó este domingo su Editorial al paisaje, una de las mayores riquezas en bruto –por explotar aún- que posee Asturias, seriamente amenazado por la destrucción del trabajo agrario, tras la brutal reconversión del sector lácteo que dejó el campo a merced de las subvenciones europeas a la ganadería. Mientras la mayoría de la leche que se transforma en Asturias no procede ya de nuestras explotaciones, la menguada población rural está siendo expulsada de su actividad, en la costa y en la proximidad de las zonas habitadas, por los planes general de ordenación urbana, quedando sumidas los espacios más propiamente rurales, en una economía de subsistencia basada en las azarosas subvenciones y en las rentas de las clases pasivas que suponen, al igual que en las zonas industriales, una potente dosis de analgésico social, para las que no hay recambio. Muerto el pensionista se acabó la pensión. ¡Cuántas familias sobreviven hoy con unas cuantas vacas subvencionadas y la pensión agraria de los más viejos!
No es que seamos pesimistas. Es que nadie nos da una razón para no serlo. Hay signos más que evidentes de que la actividad inmobiliaria tiene como única finalidad el mantenimiento de ese 4% de los asturianos que viven en la función pública, y los que coyunturalmente trabajan en un sector sobredimensionado que es de los pocos que absorben inmigración, dependiendo de la política como fuente de subsistencia, mediante el expolio masivo del paisaje y el futuro de ese paisaje como fuente de riqueza, financiando crecientes actividades de fantasía, con las que se justifican unos negocios inmobiliarios y energéticos a gran escala, previstos en toda la comunidad, que nos retrotraen a los tiempos prehistóricos. El suelo se quema para fertilizarlo. Como en el bosque primigenio. Cada fábrica, cada astillero que se cierran para hacer viviendas de lujo, parecen tener como único objetivo llenar maletas de dinero rápido e improductivo.
En la ordenación urbana del Principado hay previsiones para 200.000 asturianos y visitantes más, entre compradores locales y supuestos visitantes. ¿De dónde van a salir todos estos nuevos compradores de vivienda?
Parece ridículo pensar que vamos a poder vivir de LABoral, el Niemeyer, los Premios Príncipe de Asturias, el Film Center para las películas de Woody Allen, los Cursos de Verano de La Granda o el soft computing y la lógica difusa del Campus de Barredo en Mieres. Como ya hemos subrayado, ésas son las ilusiones con las que nos entretienen, mientras se diseñan pelotazos inmobiliarios o plantas energéticas que no generan empleo, mientras nuestros jóvenes más preparados huyen de aquí en masa por falta de oportunidades laborales, como las que el magro desarrollo en nuevas tecnologías deparan a nuestros ingenieros mileuristas, que encuentran en su profesión retribuciones menores que las de un peón de albañil.
En semejante contexto, y cuando en toda España se está viendo venir el lento e implacable pinchazo de la burbuja inmobiliaria, impulsado desde el Banco Central Europeo, con una subida paulatina de los tipos de interés que desanime el gran patio de monipodio especulativo que se supone que es la locomotora de la economía española, Asturias se queda sola con el peor escenario demográfico, económico y político de ese estado en vías de desmantelamiento que es España, que difícilmente va a seguir facilitando la financiación de los mecanismos de bienestar, que aún hoy en día, mantienen nuestras rentas, con una sanidad y una educación públicas que el Principado nunca podría mantener por sí mismo.
Ante tan palmaria falta de planes, no es de extrañar que surjan guerras localistas. La Capital del Principado, especializada en los servicios, mantiene sus niveles de actividad, gracias a la elevada concentración de funcionarios que alimentan la administración autonómica. Gijón y Avilés se han lanzado en la misma dirección con el proyecto LABoral y el Niemeyer –compitiendo en el terreno tradicional de Oviedo-, mientras que las cuencas mineras contemplan desesperanzadas la llegada de su destino, con el final de los fondos de la reconversión y la lenta extinción de las rentas de las prejubilaciones del carbón.
Vistas las cosas de esta manera, el inicio de unas nuevas guerras localistas, a partir de la confrontación entre el PP que sobrevive con entidad política en Oviedo, agitando el fantasma del asedio político a la capital, y las ocurrencias con las que se pretende suplir el desmantelamiento industrial de Gijón y Avilés, tienen un único fondo común y absurdo desde el punto de vista económico, pues tanto en Oviedo como en Gijón y en Avilés, los únicos planes reales que se vislumbran, pasan por seguir ampliando el suelo edificable, en la llamada “nueva centralidad” del Niemeyer sobre los restos de Ensidesa, en el paisaje tras la batalla de los astilleros de la bahía de Gijón, o en el gran solar vacante que va a dejar la Fábrica de Armas de Oviedo.
Pero la realidad es implacable. ¿Quiénes van a vivir en esas 100.000 casitas que están previstas, si los datos indican que los asturianos se van y Asturias apenas recibe inmigración, porque carece de atractivo laboral?
¿Vamos a vivir de los veraneantes?
Cuando ya no queda nada con lo que entretener al respetable, empiezan a alimentarse las guerras tribales. Y la prensa colabora. Es una manera de no decir nada.
