EL DEBATE EN EL NACIONALISMO VASCO

El PNV, columna vertebral del nacionalismo vasco, afronta una renovación trascendental

Las discrepancias estratégicas se hicieron más evidentes desde la ruptura de la tregua de ETA

Josu Jon Imaz y Joseba Egibar vuelven a protagonizar un debate de carácter esencial

En vísperas de la renovación de sus órganos de dirección y del establecimiento de su línea estratégica para los próximos cuatro años, el PNV revive una de sus periódicas crisis internas. Josu Jon Imaz y Joseba Egibar personalizan una confrontación política, cuya resolución no es únicamente un asunto interno.

No fue por casualidad que el pasado día 15 el presidente del PNV, Josu Jon Imaz, publicase un artículo titulado "No imponer, no impedir" en el diario El Correo.Era un mensaje en clave interna, dirigido a los militantes y votantes del histórico partido. Era también el reflejo de una crisis de identidad, que afecta a la esencia del PNV.

Días más tarde, en la conmemoración del 112.º aniversario de la fundación del partido, Imaz reiteraba sus ideas, en un acto celebrado en Bilbao (Vizcaya), mientras en Mutriku (Guipúzcoa) Joseba Egibar lanzaba su propio mensaje. La distancia geográfica, en día tan señalado para la parroquia peneuvista, expresaba las profundas discrepancias de fondo entre los dos líderes, que hoy personalizan un enfrentamiento interno con raíces seculares.

A pocos meses de la renovación de sus órganos directivos y de la fijación de su estrategia política para el próximo cuatrienio, el PNV revive una de sus periódicas crisis. Como en otros grandes partidos, dos líneas de pensamiento y actuación, con sus correspondientes confrontaciones por el poder, se manifiestan progresivamente. La retirada del anterior presidente, Xabier Arzalluz, en el 2003, ya dio pie a una dura pugna entre Josu Jon Imaz y Joseba Egibar. Según todos los indicios, en pocos meses ambos líderes se enfrentarán de nuevo, aunque, como es habitual, negando previamente cualquier afán personalista. "Las personas no debemos ser un obstáculo" (para la unidad interna y de acción), señalaba Imaz. "Hay que trazar el camino y después ver quién es el patrón", afirmaba Egibar, casi simultáneamente.

Dos vías, dos discursos

Los dos caminos posibles que afronta elPNV se reflejan casi a diario, aun en mínimos detalles, en la acción política, aunque a la postre las urgencias tácticas y la necesidad estratégica de mantener la unidad difuminen las discrepancias. Pacto "interno" en el seno de la sociedad vasca y, después, acuerdo con el Estado, sobre la base de evitar imposiciones mutuas (Imaz). Decisiones tomadas por las instituciones vascas, refrendadas por "iniciativas populares", que darían lugar a un "desbordamiento democrático", que, finalmente, el Estado español debería aceptar por la fuerza de los hechos (Egibar y también el lehendakari Ibarretxe). Éstas son, necesariamente simplificadas, las dos tesis que configuran el llamado "conflicto vasco", contempladas desde el interior del PNV.

Si este partido no constituyera la columna vertebral del nacionalismo vasco, la cuestión podría quedar reducida a un problema interno, como tantos que aquejan o han aquejado a otros partidos, estatales o nacionalistas. Sin embargo, no es posible concebir la política vasca, y por extensión la española, sin contar con el PNV. De ahí que el proceso de renovación peneuvista, marcado por sus estatutos, acabe siendo un asunto que interesa a toda España. La crisis en la comunidad foral Navarra, con sus dificultades para formar gobierno, es un reflejo, también, de los problemas que hoy se viven en el PNV.

Casi desde su fundación por Sabino Arana, en 1895, el PNV ha vivido periódicas crisis, que han amenazado con romper el partido (a veces lo han hecho) y dar al traste con la imprescindible necesidad de actuar con una estrategia inequívoca. En el año 1921 el partido llegó a perder su nombre y quedó escindido en la Comunión Nacionalista Vasca (mayoritaria) y Aberri (más nacionalista). En 1930 se reunificaron. En ese mismo año surgió Acción Nacionalista Vasca, en desacuerdo con aquella refundación, y partidaria del independentismo de izquierdas.

En 1986 se produjo la escisión de Eusko Alkartasuna (Solidaridad Vasca), impulsora inicialmente de la autodeterminación y hoy en una línea independentista.

A la necesidad de buscar el consenso básico con las demás fuerzas políticas presentes en el País Vasco (fundamentalmente, con PSOE y PP), para replantear el encaje en el Estado, se contrapone la tentación de liderar todos el nacionalismo, para conseguir una mayoría suficiente, que amparase el "derecho de un pueblo a decidir".

En esta alternativa, la celebración de un referéndum, aun sin autorización del Estado, que acabaría provocando un "desbordamiento democrático", al que el resto de España tendría que plegarse, se dibuja como la estrategia de fondo de las políticas marcadas por el lehendakari Ibarretxe y el propio Egibar.

Pero esto implica una confrontación con el Estado, y, por supuesto, en el seno de la sociedad vasca. Los vascos no nacionalistas se sienten excluidos de esta solución unilateral y ni socialistas ni populares han dado muestras de estar por la labor. Este enfrentamiento, que sería político, pero que podría ser también social, es el que Imaz quiere evitar, sin renunciar a sus principios.

En octubre del 2005, el PNV presidido por Josu Jon Imaz aprobó un documento, en el que se fijaban las bases para la pacificación y la normalización política. Era una muestra de pragmatismo, tendente a conseguir un acuerdo con el Estado. En él están contenidas las tesis de su resonante artículo periodístico. Constituía también una respuesta a los partidarios del referéndum unilateral (no contemplado constitucionalmente). Sin embargo, Egibar, representante de la corriente más soberanista y rupturista del PNV, se muestra partidario de las "iniciativas populares", basadas en "decisiones adoptadas por las instituciones vascas", justamente la línea defendida por el lehendakari Juan José Ibarretxe.

La estructura interna, profundamente democrática, del PNV, con sus casi 200 batzokis (sedes sociales) y sus niveles de organización, municipal, regional o territorial y nacional, posibilita que cualquiera de ambas alternativas pueda imponerse en un momento dado.

La definición estratégica para el próximo cuatrienio y la renovación de los cargos dirigentes del partido jeltzale, a finales de este año, se convierten así en un argumento apasionante, que marcará el futuro del PNV, pero también del País Vasco y, en definitiva, del modelo de Estado.

Constitucionalismo o independentismo. El propio Sabino Arana ya se debatió en esa profunda duda existencial.