El 19 de marzo del 2003 estábamos en el tejado de la fábrica de azulejos de cerámica Zanon, en Argentina, filmando una entrevista a Cepillo. Nos estaba mostrando cómo los trabajadores rechazaron el desalojo que intentaban hacer policías armados. Ése fue el día en que las bombas comenzaron a caer sobre Bagdad. Como periodistas, teníamos que preguntarnos qué estábamos haciendo allí. ¿Qué posible relevancia podría haber en esta fábrica en el extremo sur de nuestro continente, con su cuadrilla de trabajadores radicalizados y su mitología de David contra Goliat, cuando el apocalipsis estaba descendiendo sobre Iraq?
Pero nosotros, como muchos otros, habíamos ido a Argentina para ser testigos de primera mano de una explosión de activismo tras la crisis del 2001. Eso anticipaba dinámicos y nuevos movimientos sociales que no sólo estaban formulando una acerba crítica del modelo económico que había destruido su país, sino que construían alternativas locales a partir de los escombros.
Había muchas respuestas populares a la crisis, desde asambleas vecinales y clubs de trueque hasta resurgentes partidos de izquierda y movimientos de masa de los desempleados, pero nosotros pasamos la mayor parte de nuestro año con los trabajadores en las empresas recuperadas. Casi totalmente bajo el radar de los medios de prensa, los trabajadores en Argentina han estado respondiendo al exuberante desempleo y a la fuga de capitales por medio de la toma de las empresas tradicionales que entraron en bancarrota. Esas empresas vuelven a funcionar bajo la administración democrática de los trabajadores. Es una idea antigua reconquistada y adaptada a una nueva época brutal.
El movimiento de las empresas recuperadas no tiene una escala épica - se trata de unas 170 empresas, alrededor de diez mil trabajadores en Argentina-, pero después de seis años, y a diferencia de algunos de los otros nuevos movimientos del país, ha sobrevivido y continúa alcanzando vigor en medio de una profundamente desigual recuperación del país. Su tenacidad es función de su pragmatismo: éste es un movimiento que se basa en la acción, no en las palabras. Y su acción definitoria, volver a despertar a los medios de producción bajo control de los trabajadores. Está alimentando a las familias, reconstruyendo el orgullo hecho pedazos y abriendo una ventana de poderosas posibilidades. Como en muchos otros movimientos sociales emergentes alrededor del mundo, los trabajadores en las empresas recuperadas reescriben el guión tradicional sobre cómo se supone que pasa el cambio. En vez de seguir el plan de diez puntos para la revolución de cualquier otro, los obreros se han lanzado rápidamente por delante de la teoría. Los teóricos están persiguiendo a los trabajadores de las fábricas, tratando de analizar lo que ya es una producción ruidosa.
Estas luchas han tenido un impacto tremendo en la imaginación de los activistas alrededor del mundo. En este punto hay muchos más ensayos sobre el fenómeno que empresas recuperadas. Pero hay también un interés renovado en los lugares de trabajo democráticos desde Durban hasta Melbourne y Nueva Orleans. Dicho esto, el movimiento en Argentina es tanto un producto de la globalización de las alternativas como una de sus historias más contagiosas. Los trabajadores de Argentina tomaron prestado el eslogan "ocupar, resistir, producir" de uno de los movimientos sociales más grandes de Latinoamérica, el Movimiento Sin Tierra de Brasil, en el cual más de un millón de personas han reclamado la tierra ociosa y la han devuelto a la producción comunitaria. Un trabajador nos dijo que lo que están haciendo en Argentina es "Movimiento Sin Tierra para las ciudades". Pero aunque en gran medida sentimientos similares están floreciendo en distintas partes del mundo por las mismas razones, hay una urgente necesidad de compartir estas historias. Por esa razón, la traducción al inglés del libro Sin patrón: historias de las fábricas de Argentina manejadas por los trabajadores,es de tremenda importancia: es el primer retrato integral del famoso movimiento de Argentina de empresas recuperadas. El autor del libro es el colectivo Lavaca, una cooperativa de trabajadores. Mientras estábamos en Argentina filmando nuestro documental La toma (The take),nos encontrábamos con los miembros de Lavaca donde fuera que la lucha los condujera. Ellos crean uno de los periodismos más avanzados y comprometidos que se hacen en la actualidad en el mundo. Y este libro es un clásico Lavaca. Esto significa que comienza con un montaje, un encuadre teórico que es poético. Luego corta, y muestra hechos concretos: los nombres, los números y el modus operandi detrás del robo armado que fue la crisis de Argentina. Con el escenario montado, el libro luego se concentra en las historias de luchas individuales, dichas casi enteramente a través del testimonio de los propios trabajadores. Este enfoque es profundamente respetuoso con las voces de los protagonistas, dejando al mismo tiempo gran cantidad de espacio para las observaciones de los autores, simultáneamente juguetonas y mordaces. En esta interacción entre las cooperativas que habitan el libro y el elemento que las produjo, hay un número de temas que merece mencionarse.
En primer lugar, está la cuestión de la ideología. Este movimiento es frustrante para algunos en la izquierda que sienten que no es claramente anticapitalista. Otros se disgustan porque coexiste cómodamente dentro de la economía de mercado y ven la administración de los trabajadores simplemente como una nueva forma de autoexplotación. Otros ven el proyecto cooperativo, la forma legal elegida por la vasta mayoría de las empresas recuperadas, como una capitulación en sí misma. Insisten en que sólo la nacionalización por parte del Estado puede traer la democracia obrera en un proyecto socialista más amplio. En palabras de los trabajadores, y entre líneas, es posible percibir estas tensiones y la compleja relación entre los varios partidos de la izquierda en Argentina.
Los trabajadores en el movimiento generalmente se muestran sospechosos de que los quieran captar para la agenda política de alguna organización. Pero al mismo tiempo no pueden permitirse rechazar apoyo alguno. Mucho más interesante es ver cómo los trabajadores en este movimiento se politizan con la pelea, la cual comienza con el imperativo más básico: los trabajadores quieren trabajar, alimentar a sus familias. El caso legal y político por el control de los trabajadores en Argentina no se apoya sólo en los salarios impagados, los beneficios evaporados y los fondos de pensiones vaciados. Los trabajadores hacen un reclamo sofisticado por su derecho moral a la propiedad basado no solamente en lo que a ellos les deben, sino en lo que se debe a la sociedad. Las empresas recuperadas se proponen como un remedio explícito a todo bienestar corporativista, a la corrupción y a otras formas de subsidio público de las que disfrutan algunos en el proceso de bancarrota de sus firmas y de traslado de su riqueza a un lugar seguro, abandonando comunidades enteras en el crepúsculo de la exclusión económica.
Pero esta historia va más allá del bienestar corporativista, y es allí donde la experiencia argentina realmente resonará. En la izquierda se ha transformado en un axioma decir que la caída de Argentina fue un resultado directo de la ortodoxia impuesta al país por el Fondo Monetario Internacional, gracias al entusiasmo de los neoliberales durante la década de los noventa. En Argentina, del mismo modo que en la ocupación de Iraq por EE. UU., fue un encubrimiento de un saqueo a escala masiva por parte de un pequeño grupo elitista. Privatización, desregulación, flexibilidad laboral. Éstas fueron las herramientas para facilitar una transferencia masiva de la riqueza pública a manos privadas.
Como dice un trabajador en el libro, "hay tipos que se despiertan cada mañana pensando cómo van a joder a la gente, y otros que piensan: ´¿cómo reconstruimos esta Argentina que ellos han desgarrado?´". En la respuesta a esa pregunta, ustedes pueden leer una poderosa historia de transformación. Cuando el capital y sus políticos oportunistas huyeron, lo que quedó no fueron solamente empresas que habían sido vaciadas, sino un país totalmente vaciado. Como nos escribió uno de los organizadores, "se requiere mucho trabajo para recuperar una empresa, pero el verdadero trabajo es recuperar a un trabajador y ésa es la tarea que acabamos de comenzar".
El 17 de abril del 2003 en Washington, la Agencia Internacional de Ayuda de EE. UU. anunció que había elegido a Bechtel Corporation como el principal contratista para la reconstrucción de Iraq. El robo estaba a punto de comenzar en serio, tanto en EE. UU. como en Iraq. Una crisis deliberada estaba proveyendo la cobertura para la transferencia de miles de millones de dólares de los impuestos a un grupo de corporaciones con conexiones políticas.
En Argentina, ya habían visto esta película, el saqueo al por mayor de la riqueza pública, la explosión del desempleo, el desgarramiento del tejido social, las asombrosas consecuencias humanas.
NAOMI KLEIN, autora de ´No Logo: El poder de las marcas´. © 2007 Naomi Klein Distribuido por The New York Times Syndicate.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados