El líder de los socialistas navarros, Fernando Puras, acude a Ferraz para buscar el visto bueno de la ejecutiva federal a su pacto con Nafarroa Bai. La dirección socialista teme su posible coste electoral.
La dirección socialista deberá decidir hoy si da luz verde al pacto hecho público el miércoles por la noche por el PSN con Nafarroa Bai. Después de más de dos meses de negociaciones en las que socialistas y nacionalistas pasaron de pactar un principio de acuerdo para repartirse el Gobierno foral a suspender las conversaciones, hoy quedará patente qué pesa más, si el órdago lanzado por el PSN a Ferraz, o el temor de la ejecutiva federal a que el pacto con los nacionalistas reste votos a José Luis Rodríguez Zapatero en las elecciones generales del año que viene.
Los cálculos que maneja Ferraz son tan sencillos como demoledores. Navarra aporta cinco diputados a la Cámara Baja. Sólo dos de ellos pertenecen al PSN. Andalucía, por el contrario, sienta en el Congreso a 62 diputados, de los que 38 son socialistas. La conclusión es que peder apoyos en Navarra apenas variaría la cuenta de resultados de Zapatero en las generales, pero retroceder en Andalucía, Extremadura, Madrid o Castilla La Mancha, podría salirle caro.
Todas estas federaciones son contrarias, en general, a cualquier tipo de pacto con los partidos nacionalistas. Todavía resuenan en Ferraz las airadas objeciones de barones como Rafael Simancas o Juan Carlos Rodríguez Ibarra a la decisión de Zapatero de dar vía libre a Pasqual Maragall para pactar con ERC tras las elecciones a la Generalitat de noviembre de 2003. El ex ministro de Defensa José Bono expresó ayer el sentir de ese sector del socialismo al asegurar que el “nuevo nacionalismo navarro” esconde un “independentismo agazapado” y que el PSOE “no es una partida de buscadores de poder”.
A ello se suma otra circunstancia de tipo más coyuntural. Durante el alto el fuego de ETA han corrido ríos de tinta sobre la posibilidad de que el Gobierno estuviera negociando la venta de Navarra a los terroristas a cambio de una paz definitiva. Esta acusación se ha convertido durante meses es un argumento opositor de peso en manos del PP.
Si el acuerdo con Nafarroa Bai llegara a fraguarse, los populares tendrían en sus manos una eficaz herramienta para erosionar al Ejecutivo de cara a la cita electoral del año que viene. La presidenta del PP en Euskadi, María San Gil, ya avanzó ayer que, si se confirma el acuerdo, los populares considerarán que el Gobierno va a “favorecer las reivindicaciones de ETA” en Navarra.
Aunque Zapatero nunca ha mostrado abiertamente sus preferencias para la comunidad foral, el número dos del partido, José Blanco, se ha inclinado en favor de permitir un Gobierno de UPN en minoría. No es el único miembro de la ejecutiva socialista que se decanta por esta opción.
La secretaria de Relaciones Institucionales y Política Autonómica del PSOE, Carmen Hermosín, apostó ayer por que el partido en Navarra ejerza “una oposición fuerte y útil” en vez de formar parte de “un gobierno difícil de explicar” con Nafarroa Bai. Además, la dirigente socialista aclaró que, aunque los comités regionales tengan “todo el margen de maniobra”, los pactos de este tipo “los decide un comité federal”.
Presumiblemente, la opinión de Zapatero será crucial en este caso. El secretario general del PSOE aseguró ayer que escuchará los argumentos del líder del PSN, Fernando Puras, a favor del pacto con Nafarroa Bai. Los socialistas navarros, al contrario de lo que ocurre con el PSOE, tienen mucho que ganar con el pacto.
Para empezar, su vuelta al Gobierno foral después de dieciséis años en la oposición y su rehabilitación al frente de cargos forales tras los escándalos de corrupción que salpicaron el Gobierno de Gabriel Urralburu y que abrieron a UPN de par en par las puertas del poder en Navarra.

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