Hoy hace 34 años que el último Seat 600 salió de las cadenas de montaje. Era el 3 de agosto de 1973, era un coche de color blanco y era la unidad número 796.406. Existe una fotografía para el recuerdo que nos muestra un grupo de trabajadores rodeando el automóvil mientras sostienen una pancarta con la inscripción: "Naciste príncipe, mueres rey". Nada mejor que esta frase para ilustrar la querencia que el 600 había despertado desde su aparición y que no dejaría de despertar a lo largo del tiempo. En mi libro sobre el Seat 600 (2001) figura un subtítulo que continúo suscribiendo, Un coche de leyenda.Una leyenda que se mantiene viva a través de los 33 Clubs 600 vigentes en España, de los centenares de coches que circulan por calles, carreteras e incluso autopistas, de la devoción con que los cuidan sus propietarios, no sólo personas mayores, sino también gente joven, seducida precisamente por su condición de legendario.
La primera unidad salió de fábrica en 1957, tenía matrícula de Barcelona y contaba con unos dígitos inconfundibles: B-141141. A partir de aquí, las peculiaridades del 600 tendrán diversas facetas. Una de ellas reside en que hasta 1970, cuando ya llevaba 13 años en circulación, sus puertas se abrieron al revés. ¿Motivo? Según la perspectiva de cada cual, se atribuía a evitar que las mujeres enseñaran descaradamente las piernas al sentarse o a facilitar que el abuelo y la abuela, que solían ocupar la parte trasera junto con los nietos, entraran más cómodamente. Lo cierto es que, hasta que el 600E hizo acto de presencia, las puertas de los modelos anteriores desafiaron el viento y la inercia al abrirse.
Teniendo en cuenta que el 600 nació en plena dictadura franquista, y habiendo satisfecho con creces el designio de democratizar el automóvil de cara a la clase media ascendente, no puede sorprendernos que, en 1962, Franco hiciera coincidir la salida del 600 número 100.000 con la entrega a Seat del título de empresa ejemplar.
Coche mimado por el régimen desde los estamentos más altos hasta los intermedios, viene a aportarnos una prueba la anécdota que voy a contarles. Estando yo dedicada a escribir el mencionado libro, descubrí en la calle un 600 impecable de color rojo con una matrícula aún más singular que la primigenia citada: nada menos que la B-0000-A. Era el primer vehículo con sólo cuatro cifras, la B de la provincia y la letra A, y correspondía a un 600 que aún transitaba. Localicé a su propietario, que lo había adquirido de primera mano en 1975, y me contó la historia de aquella matriculación. En la jefatura de Tráfico de Barcelona se habían congregado no sólo concesionarios y clientes, sino periodistas de prensa, radio y televisión a la espera de la primera matrícula que ya no constaría de seis dígitos. De pronto aparece el jefe y pregunta: "¿Alguien tiene un 600?". Había uno, ese de color rojo, y a él le fue graciosamente adjudicada la ansiada placa. Mas no acaba aquí el relato, puesto que el dueño de un lujoso automóvil de importación, con la flamante matrícula B-0002-A, propuso al afortunado comprarle su 600 por un precio más elevado. A lo cual éste repuso sin vacilar que, si acaso, se lo cambiaba por el suyo. Se hizo patente que el 600 seducía, pero no hasta tal punto.
Y siguen los Seat 600 circulando. No son modelos reintroducidos años después del cese de su fabricación, como ha ocurrido con otras marcas. Los 600 que vemos son los de siempre. Únicos e inolvidables.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados