Periodistas, políticos y mercado profesional, de Ángel Expósito en La Vanguardia
EL MIRÓN PERPLEJO
La pregunta me surgió el pasado lunes leyendo la sección En Diagonal, que Jordi Juan publica en esta misma página. En su última píldora apuntaba a las múltiples posibilidades de trabajo que en el sector privado podía tener Josep Piqué, hasta hace unos días presidente del PP catalán. ¿Cuántos políticos, de los que aparecen hasta en la sopa encontrarían trabajo en cualquier compañía, con consejo de administración y todo, si tuvieran que abandonar su escaño nacional, autonómico, provincial o local? Y además, ¿cuántos periodistas de los que ponemos a parir a los piqués y a las empresas de turno encontraríamos algún puesto en esas compañías a las que ponemos a caldo a diario?
Y es que el caso del ex portavoz del Gobierno y ex ministro de Exteriores y de Industria es paradigmático. Nos tiramos toda la vida despotricando de la clase política y de su escaso nivel, hasta el punto de que aseguramos que no aguantarían ni un minuto ante el consejo de una multinacional, y al primero que es capaz de llegar a ese nivel le decapitamos y, no contentos con eso, le pisoteamos inmediatamente después.
Vuelvo a mi oficio. El apagón de Barcelona nos ha descubierto a decenas de informadores y opinadores que no sólo sabemos del dopaje en el ciclismo, y de política autonómica, nacional o mundial, a la vez que de fútbol, toros, espionaje y terrorismo, sino que también sabemos de subestaciones eléctricas, transfronterizas. ¿Cuántos de nosotros seríamos fichados por las propias empresas a las que ponemos como chupa de dómine para sus gabinetes de análisis o incluso de comunicación? Pues bien, los mismos que acabamos de aprender todo sobre la energía eléctrica en unos minutos somos los que marcamos los motivos y hasta el futuro de los Josep Piqué. En el mundo político mundial la cosa es habitual. Existen los que como Gerhard Schröder se forran siendo representantes por Europa de Putin, sin ir más lejos; los que, como Clinton o Felipe González y Aznar, entran a lo grande en el club de los conferenciantes; o los que como Solana, Almunia y hasta Blair dejan la política doméstica para seguir en la política a lo grande. Pero ¿y el resto? ¿Y el resto de los que formamos parte del show?
La defenestración de Piqué ha coincidido en el tiempo con el apagón de Barcelona y aunque aparentemente tengan poco que ver, ambas noticias comparten una perspectiva en principio contradictoria: en la política, algunos de los que más valen cogen las de Villadiego, y en el periodismo, los que puede que no valgamos, enjuiciamos a los que valen como si supiéramos.
Dicen filósofos actuales que el principal problema de una parte de la clase política es que nunca ha trabajado en el mercado laboral; es decir, que nunca se ha pegado por una subida de sueldo con el jefe de personal de turno o que nunca ha peleado con otros colegas por un ascenso. Y es que la nómina de lo público, reconozcámoslo, depende de otros factores no comparables a los del mercado. Algo no demasiado bueno está pasando en este país cuando los más valiosos no llegan a la cosa pública simplemente porque no les compensa y, encima, los pocos que lo hacen, acaban saliendo por la ventana por su propia convicción o porque les empujamos.
Si hay un paradigma de la rifa entre las grandes empresas privadas, ese es Rodrigo Rato. En su entorno aseguran que inmediatamente después del verano se despejará la gran incógnita, es decir, si el ex director gerente del FMI vuelve a la política o si es el superfichaje del otoño. Ya hay quien apunta que si el PP no levanta cabeza en este mes de agosto, el golpe de estado estará servido. Una vez más, quien no dice ni mu es el protagonista.
López Aguilar en París Le va como anillo al dedo. Si hay algún político socialista fichable para cualquier puesto referido a la docencia o a la alta asesoría, ese sería Juan Fernando López Aguilar. Cuentan sus próximos que la formación del ex ministro, sus idiomas y su don de gentes le harían presentable ante cualquier consejo. Incluso, algún amigo personal comenta que el departamento de Justicia se le quedó pequeño y que como embajador en París se podrá ver la verdadera capacidad de JuanFer.
Pimentel años antes que Piqué En el PP hay quien ve semejanzas entre lo que le sucedió al ex ministro de Trabajo Manuel Pimentel y a Josep Piqué. Quienes se autodefinen como los más centrados en la calle Génova opinan que los dos han sido víctimas del mismo aparato del partido, que como en todos los partidos, se comen a los outsiders que no acaban pasando por el aro. Los dos procedían de la empresa privada y volvieron a ella.
