El cineasta italiano de la introspección y los amores imposibles muere a los 94 años

Maestro de la introspección y el tormento interior para unos, poeta de la cámara para otros, como Martin Scorsese, y cineasta insoportable para amplios sectores del gran público, la desaparición de Michelangelo Antonioni supone en todo caso el adiós del último 'clásico' del cine italiano..

Dos maestros del tormento interior, la introspección y la incomunicación muertos el mismo día son demasiados maestros muertos. El cine europeo se puso de luto el lunes con la muerte de Ingmar Bergman y sigue de luto hoy, con los restos mortales de Michelangelo Antonioni reposando en los salones del ayuntamiento de Roma. Antonioni tenía 94 años. Son cinco más de los que tenía Bergman y cinco menos de los que en diciembre cumplirá -se espera y se desea- el patriarca del cine mundial: Manoel de Oliveira.

El director de películas como Blow Up, La luna, El eclipse y La aventura falleció el lunes por la noche en su casa de la capital italiana, cuando aún no se habían apagado los ecos del adiós de Bergman.

Antonioni, disminuido en sus capacidades físicas desde el ataque cerebral que sufrió en 1985, y muy deteriorado en los últimos años, se marcha dejando detrás una estela de profesor venerado por cinéfilos de todo el mundo, aunque también de autor excesivamente alejado del gran público y demasiado incrustado en un cine plomizo, de una cadencia a menudo exasperante.

Dice adiós un cineasta adorado por las universidades, los estudiosos de la cinefilia, los círculos cinematográficos del rigor y los viejos peregrinos de cineclub. También un autor que nunca pudo -tampoco se lo propuso- conectar con la taquilla.

Como sucedió con el deceso de Bergman, la muerte de Antonioni provocó ayer numerosas reacciones del mundo del cine. En Italia, el lamento fúnebre quedó resumido en las palabras del presidente de la República, Giorgio Napolitano, quien dijo que el mundo del cine ha perdido a «uno de sus grandes protagonistas y uno de los grandes exploradores de la cultura del siglo XX», según informa Stefano Marchi.

Por su parte, Gilles Jacob, presidente del Festival de Cannes (donde Antonioni ganó la Palma de Oro hace exactamente 40 años con su película Blow Up, basada en un cuento de Julio Cortázar), equiparó la pérdida del cineasta italiano con la de Ingmar Bergman, y dijo: «Por segunda vez en 24 horas, el mundo del cine se siente huérfano». Jacob definió ayer a Antonioni como «el alquimista de la intimidad y el arquitecto del espacio y el tiempo».

El griego Teo Angelopoulos, considerado por algunos sectores de la crítica cinematográfica como otro de los últimos patriarcas del cine europeo, mostró su pesar por el hecho de que hayan muerto en tan poco tiempo «dos cineastas que habían alcanzado su total plenitud».

En España, la presidenta de la Academia del Cine, Angeles González Sinde, lamentó también que el día de ayer se recordará como «terrible para el cine europeo, por la muerte de Antonioni y Bergman, dos de los más grandes narradores del siglo XX, que merecerían el Nobel de Literatura si la Academia Sueca incluyese a los cineastas». También el ministro de Cultura, César Antonio Molina, subrayó la dimensión del director de Desierto rojo, a quien consideró «un referente fundamental» en su obra literaria y poética.

La actriz Lucía Bosé trabajó a las órdenes del director italiano en dos películas, Crónica de un amor y La señora sin camelias. Bosé aseguró ayer que con la primera de ellas «Antonioni se adelantó 10 años a su tiempo, porque es una película muy moderna, que dejó a la crítica sin saber qué decir». En 1953 Antonioni le ofreció un papel en La señora sin camelias, película que narra la historia de una empleada que se convierte en actriz, se hace famosa y, luego, sufre un doble fracaso. Era una película que no estaba destinada a Lucía Bosé, sino a Gina Lollobrigida. «Pero ella leyó el guión y dijo que no la hacía, así que la hice yo», señaló Bosé.

Frente a la evidencia de un estado físico y mental de progresivo deterioro, Michelangelo Antonioni quiso empezar a despedirse, pero muriendo con las botas puestas. En 2002, recibió un multitudinario homenaje en Roma con motivo de sus 90 años. Y apenas hace tres años firmaba El peligroso hilo de las cosas, una nueva historia de insatisfacción amorosa, uno de los tres segmentos de la película colectiva Eros, que compartió con los realizadores Steven Soderbergh y Wong Kar-Wai.

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