Se cumplen hoy 66 días desde que se celebraron las elecciones del 27-M y Navarra no sólo sigue sin gobierno sino que la perspectiva de tenerlo es ahora tan confusa como lo era veinticuatro horas después de celebrados los comicios.

Ningún partido consiguió el 27-M la mayoría absoluta - Unión del Pueblo Navarro (UPN) y su aliado CDN se quedaron a dos escaños de lograrlo-, pero la situación de la comunidad foral no es más ingobernable que las de otras comunidades, como Baleares o Canarias, en las que tampoco hubo nadie que sumara la mitad más uno de los escaños, pero en las que los pactos entre partidos han permitido formar nuevos gobiernos.

La interinidad navarra se debe no a la imposibilidad de establecer acuerdos entre partidos, sino a las dudas existenciales del Partido Socialista, incapaz de definir una política de pactos y de llevarla a cabo. La dirección del PSN, encabezada por el candidato Fernando Puras y el secretario general, Carlos Chivite, con la tutela a distancia de la sede del PSOE en Ferraz, ha realizado una gestión de los resultados electorales manifiestamente mejorable. Los únicos resultados conseguidos hasta el momento consisten en haber empantanado todas las negociaciones con otros partidos y en haber provocado una crisis interna en el socialismo navarro.

El PSN salió de las urnas como tercer partido, con menos votos, pero los mismos escaños que Nafarroa Bai, pero eso no impidió a sus líderes tomar la iniciativa como si hubieran ganado para formar gobierno. Fernando Puras, con el respaldo unánime del Comité Regional, se lanzó a tumba abierta a negociar con la coalición nacionalista para desalojar a UPN del poder.

Se alcanzó un acuerdo sobre el programa, pero la situación quedó bloqueada por las pretensiones del PSN de limitar de manera extraordinaria la presencia de sus socios en el gobierno a pesar de que aportaban tantos parlamentarios y más votos que los propios socialistas.

A ese bloqueo no fueron ajenas las decisiones de Ferraz que, después de dar alas al PSN para negociar con los nacionalistas, decidió frenar en seco la operación y dar un bandazo de 180 grados para que los socialistas navarros permitieran gobernar en minoría a la UPN de Miguel Sanz. Lo abrupto de la maniobra, como no podía ser menos en una operación practicada sin anestesia, ha provocado la división en el seno del PSN. Una parte de sus cuadros abogan hoy por seguir el ejemplo del hoy presidente de la Generalitat, José Montilla, y hacer caso omiso a los deseos de Ferraz pactando con Nafarroa Bai.

La estrategia del PSN y del PSOE no sólo ha causado una crisis interna, sino que está teniendo un alto coste electoral para los socialistas navarros. Ya ha aparecido una encuesta según la cual, en caso de repetir las elecciones, el PSN sería el único perjudicado, en beneficio de UPN y de Nafarroa Bai.

Miguel Sanz, consciente de la debilidad de los socialistas navarros, aprovecha la ocasión para reclamar un compromiso de estabilidad del PSN para toda la legislatura. No quiere verse sorprendido por una moción de censura después de las elecciones generales, cuando el PSOE no tenga ya problemas de imagen por pactar con los nacionalistas. Y los socialistas de Navarra saben que o acceden a esa exigencia de Sanz o vuelven a negociar con NaBai porque lo peor que les puede pasar es que haya nuevas elecciones.