Una de las cosas que siempre me ha impresionado de la actividad humanitaria para ayudar a las personas más pobres del mundo es que tiene muchas complicaciones. Como voy a mostrar, las complicaciones son tales que enredan y dificultan las acciones de las agencias oficiales y privadas que trabajan en el campo de la acción humanitaria. Lo repito, dar ayuda internacional al desarrollo es una actividad objetivamente complicada y difícil. Por eso nadie la hace bien, o mejor, nadie la realiza a gusto de todos los críticos, evaluadores, observadores e interesados. Por lo tanto es importante tener en cuenta las dificultades objetivas de las diversas acciones de ayuda para hacer justicia a todos aquellos que, aun actuando de buena voluntad, o bien fracasan o bien no cumplen los objetivos teóricos de los planes de ayuda (muchas veces diseñados lejos y ajenos a la situación que se pretende remediar).
El obstáculo de las soberanías. La raíz de las dificultades está en que los que ayudan y los que recibe la ayuda son ciudadanos de diferentes naciones y por tanto sometidos a distintas jurisdicciones. Cada nación, ayudante o ayudada, es por lo general un estado soberano con un gobierno, elegido democráticamente o de hecho, responsable del bienestar de sus ciudadanos. Ningún estado puede intervenir en la jurisdicción de otro para ayudar a sus ciudadanos pobres. La ayuda oficial es un trato entre gobiernos soberanos, los cuales van a definir las prioridades y contenido de las acciones de ayuda humanitaria. El gobierno del país receptor puede definir lo que acepta o rechaza de los extranjeros. El del donante lo coherente con su política exterior, lo que puede vender a sus votantes. En este trato lo normal es que ambos gobiernos se pongan de acuerdo sobre el contenido, volumen y modalidad de la ayuda. Pero el acuerdo no siempre se logra en el desarrollo sobre el terreno de los programas de ayuda.
Esta prerrogativa del gobierno que recibe la ayuda de definir su contenido es sobre todo importante para la ayuda oficial de gobierno a gobierno. Sin embargo, de alguna manera afecta también a las ayudas privadas. Por eso la relación directa entre personas o instituciones privadas del país donante y personas o instituciones del país receptor de ayuda o es difícil ono existe o está fuertemente mediada por las dos jurisdicciones soberanas que fijan en cada extremo de la relación los marcos de actuación dentro de los cuales las actividades de la ayuda son aceptables. Conozco una operación privada de ayuda al hospital de una misión que fracasó porque el gobierno del país rechazó la provisión de medicinas y equipos al hospital privado si no se hacia una entrega equivalente a los hospitales públicos. Se podrían traer más casos en que la ayuda privada fracasa ante los requisitos burocráticos, marcos de actuación establecidos o simples caprichos de los gobernantes del país receptor de la ayuda. No siempre es fácil conseguir que la ayuda llegue a sus destinatarios, los ciudadanos más pobres.
La ayuda impuesta. Los condicionamientos de la ayuda humanitaria por parte del gobierno del país receptor tienen su correlato en acciones de ayuda con contenidos y características impuestas por el gobierno del país donante,que no serían prioritarios para el país receptor si este pudiera elegir. La ayuda impuesta está naturalmente condenada al fracaso. En la literatura sobre ayuda al desarrollo se suele mencionar el caso extremo de un programa de ayuda de la URSS a Ghana que contenía máquinas quitanieves. Cualquiera que haya trabajado sobre el terreno se ha encontrado con casos de imposición del contenido de los programas de ayuda, oficial o privada, que normalmente son de vida muy efímera. Normalmente los necesitados conocen sus necesidades mejor que los extranjeros y que los nacionales que no pasan esas mismas necesidades. Es verdad que no raras veces los más pobres se encuentran en una situación física y anímica tan precaria que no conocen bien la urgencia - o prioridad- del remedio de sus necesidades, por ejemplo en medicina. Por alguna razón no siempre saben o pueden expresar su prioridades a quienes quieren ayudarles. Frecuentemente hay que ayudarles a que sepan ayudarse y pedir ayuda. Pero no hay que abusar ni extender esta argumentación más allá de algunos casos extremos. Lo normal es que las comunidades pobres, aunque en ellas haya diversidad de opiniones, sepan qué necesitan y qué desean recibir prioritariamente de las agencias de ayuda humanitaria.
Racionalidad de la ayuda privada. El papel de las instituciones privadas de ayuda humanitaria, las llamadas ong, es el de ser un atajo para llegar a las persona pobres. Son puentes necesarios para ligar las dos partes de la operación humanitaria - donantes privados y receptores pobres- sin caer bajo la lógica política de los dos gobiernos implicados. Hay que tener en cuenta que en el fondo toda ayuda humanitaria, oficial o privada, proviene en su mayoría del dinero de los ciudadanos de los países donantes, sean impuestos o donaciones. Todos queremos que nuestro dinero llegue a los pobres, por eso echamos mano del atajo que suponen las ong para evitar en lo posible las trampas políticas a que está expuesta la ayuda humanitaria. Los países donantes rara vez interfieren con las operaciones de ayuda humanitaria de instituciones privadas bajo su jurisdicción, aunque pueden influir - y a veces lo hacen- si se da un choque de intereses sobre el terreno del país ayudado. En general las ong son mejor vehículo para llegar a los más pobres que los organismos oficiales del gobierno que recibe la ayuda, aunque obviamente hay cosas como la construcción de carreteras que ellas no pueden hacer en lugar de estos. En todo caso, hay que aceptar que la ayuda humanitaria sostenida es un ejercicio objetivamente complicado.
Luis de Sebastián es catedrático de Economía y profesor honorario de Esade. Ha sido vicerrector de la Universidad Centroamericana de El Salvador y funcionario del Banco Interamericano de Desarrollo. Es especialista en temas de desarrollo, deuda externa y reformas económicas en América Latina.

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