A DIESTRA Y SINIESTRA
Para no quedarse sin trabajo, Juan Antonio Navarro, vigilante forestal del Cabildo de Gran Canaria, se bajó del coche el viernes y le prendió fuego al monte. El hombre sólo quería un pequeño incendio, un fuego de andar por casa para apagarlo él solo, lucirse y que así le renovaran el contrato. Lo que ha conseguido, en cambio, es un apocalipsis de llamas que ha dejado media isla como la ceniza de un puro.
La falta de imaginación de este sujeto es preocupante. ¿Cómo no se le ocurrió, primero, que el fuego no es amigo de nadie, y, segundo, que lo iban a trincar antes de que se deshiciera de las cerillas? El problema es que la imaginación de Navarro no va más allá de cinco minutos, seis como mucho, lo justo para buscar un baño cuando la gana aprieta. Navarro piensa al estilo de Homer Simpson, es decir, primero la lío, y después que alguien lo arregle. Con Homer te partes la caja de risa, pero verlo actuar en vivo y en directo, como ha pasado en Gran Canaria, acojona a cualquiera.
Homer Simpson está de moda. En Polonia lo han elegido presidente y además tienen otro de recambio. No hay día que Polonia no salga en las noticias con alguna de las salidas de pata de banco de los hermanos Kaczynski. Cuando no quieren dinamitar la Unión Europea se ponen a escudriñar el sexo de los teletubbies. Entre cazas de brujas y limpiezas de sangre, todavía tienen tiempo para trazar una autopista por mitad de uno de los pocos bosques vírgenes que quedan en Europa. Como los Balcanes, los Kaczynski generan más historia de la que un periódico puede asimilar, así que cualquier día vamos a tener que imprimir uno para ellos solos, una hoja parroquial con sus mejores chistes.
En otro tiempo, en otro mundo, los hermanos Kaczynski tal vez se hubieran dedicado al circo o al trapecio, pero Homer hoy resulta aclamado por mayoría absoluta. Tras las mejores frases de Bush Jr., Aznar y Blair, se perciben signos inequívocos de que sólo puede haber un ideólogo detrás de tanta palmaria gilipollez: Homer Simpson.
A Zapatero, en cambio, le va más Bart, un tipo más joven, sí, pero también más temerario y zoquete. A Bart, por ejemplo, no le importa ponerse a criticar alegremente el proyecto de muro fronterizo entre México y EE UU como si los kilómetros de alambradas que adornan Ceuta y Melilla fuesen de chocolate.
Con gente en el poder que habla con Dios, les pregunta a unos muñecos si les va la marcha y ni siquiera han oído hablar de aquello de la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio, a los guardias forestales nunca les faltará curro.
© Mundinteractivos, S.A.

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