La decisión de Gabriel Escarrer de iniciar el traspaso de poderes al frente de Sol Meliá desata un impredecible proceso de sucesión familiar que también afectará a Globalia, Marsans, Iberostar, Grupo Matutes, Husa y AC.
Los grandes grupos turísticos españoles se encuentran en una encrucijada inédita en su historia y de impredecibles consecuencias para el futuro del segundo sector de la economía española en aportación al PIB, después del negocio inmobiliario.
Los jerarcas de la industria turística, los arquitectos del éxito global de unas firmas con presencia en medio mundo que nacieron de pequeños negocios familiares durante el boom económico de la década de los sesenta, han iniciado, de forma casi simultánea, un gradual traspaso de poderes a la segunda generación familiar.
Sol Meliá, primera cadena hotelera vacacional en el mundo, anunció ayer el comienzo de un proceso de transición generacional, mediante el que se irá delegando progresivamente el papel ejecutivo de Gabriel Escarrer, fundador y presidente del grupo, en manos de sus dos hijos, Sebastián y Gabriel, que desde hoy asumen conjuntamente la vicepresidencia ejecutiva de la compañía.
Emblemáticos
De 72 años de edad, Escarrer ha decidido centrarse en las tareas vinculadas al área de sostenibilidad de Sol Meliá, cediendo en sus dos hijos uno de los liderazgos más emblemáticos del tejido industrial español.
Junto a él, una larga relación de empresarios hechos a sí mismos se encuentra en vías de entregar el bastón de mando de las principales corporaciones turísticas españolas. Juan José Hidalgo, presidente de Globalia; Abel Matutes, presidente del Grupo Matutes y de Fiesta Hoteles; Miguel Fluxá, presidente de Iberostar; Gonzalo Pascual y Gerardo Díaz, propietarios de Marsans; Joan Gaspart, presidente de Husa; y Antonio Catalán, presidente de AC Hotels, han dado ya entrada en los altos puestos ejecutivos de sus respectivas compañías a sus hijos, una nueva generación que tendrá que hacer frente a los desafíos de la internacionalización emprendida con tanto éxito por sus progenitores, cuya gestión siempre se ha caracterizado por un acusado personalismo.
Educados en las universidades más prestigiosas del mundo, los próximos primeros espada del turismo se enfrentan a un reto complicado. “Pese a su cuidada formación, como gestores les va a resultar difícil estar a la altura de unos padres con menor formación académica, pero que han sido auténticos visionarios”, explican fuentes del sector.
Las dudas surgen, particularmente, en torno al destino de unas empresas que, con la excepción de Sol Meliá, no cotizan en bolsa. “A partir de ahora, se abren escenarios muy distintos para estos grupos, que pueden desembocar en procesos de venta, segregaciones o saltos al parqué”, señalan las fuentes consultadas.
“Por lo general, todos los hijos de estos empresarios están ya en el negocio familiar. Elegir a un único sucesor, un primus inter pares, se antoja lo más complicado”.
Cambios internos en la primera hotelera española
El proceso de transición generacional abierto ayer en la cúpula de Sol Meliá tiene su prolongación en el diseño de un nuevo modelo organizativo y operativo en el seno del grupo de la familia Escarrer, en el que trabaja la consultora Deloitte. El objetivo de toda esta reorganización es adaptar la estructura interna de la compañía al plan estratégico 2008-2010, que cambiará sensiblemente el perfil puramente hotelero que hasta ahora venía caracterizando a Sol Meliá, para potenciar su vertiente más inmobiliaria.
La cadena, que ha refinanciado su deuda tras firmar un crédito sindicado por 200 millones de euros, presentó ayer los resultados del primer semestre, periodo en el que se anotó un beneficio de 62,3 millones, un 24,3% más, gracias a la recuperación del negocio vacacional europeo y a la buena marcha de los hoteles urbanos. Los títulos de Sol Meliá cerraron con una subida del 1,19%, hasta 16,19 euros.

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