MUERTE DE UN CINEASTA: La opinión
Los directores italianos vieron que no bastaba con capturar la realidad, era necesario preguntarse qué era lo real
Al final de Más allá de las nubes (1995), de Michelangelo Antonioni, el actor John Malkovich recuerda que detrás de las apariencias se esconde otra realidad y que detrás de ésta hay otra, hasta que la figura se diluye y surge la abstracción. La cita parte de un texto del propio Antonioni escrito antes del rodaje de Blow up (1966). Lo visible nunca refleja lo real porque el cineasta, como el fotógrafo de Blow up que realizó apacibles fotos de un parque inglés sin darse cuenta de que escondían algo de siniestro, sólo puede ver la superficie del mundo. Esta reflexión no hizo más que poner en crisis los postulados de la estética neorrealista por la que Antonioni pasó antes de sentar las bases que le permitieron conquistar la modernidad cinematográfica. La gran conquista del neorrealismo consistió en conseguir que la realidad exterior fuera capturada por el cine. En los años cincuenta, cuando empezaron a afianzarse las bases del milagro económico, los cineastas italianos, encabezados por la inquieta figura de Roberto Rossellini, empezaron a observar que no era suficiente con capturar la realidad. Era necesario preguntarse qué era lo real.
El debut de Antonioni en el campo del largometraje no se produce hasta 1950, con Cronica di un amore.La película, que inspiró Muerte de un ciclista de Juan Antonio Bardem, ya propuso una reformulación en la estructura del relato. La historia pivota en torno a una muerte y su impacto psicológico en una pareja. En 1953, con la olvidada I vinti,el cineasta demostró que para conquistar el pulso de su época era preciso fijarse en el devenir de la juventud y ampliar su radio de acción más allá de las fronteras italianas. I vinti es una especie de radiografía en torno al malestar existencial de los jóvenes burgueses y la emergencia de una generación que había olvidado la guerra. La película se rodó en Roma, París y Londres. En Il grido (1957) relató la errancia de un obrero enamorado que después de la ruptura con su primera mujer encuentra el vacío en los cuerpos de otras mujeres que se cruzan durante su trayecto. Il grido creó cierto malestar en la crítica marxista porque el obrero protagonista no luchaba por intereses de clase, sufría por culpa del amor. Estas tres obras proponen una serie de elementos clave para la conquista de la modernidad en los años sesenta, como son la ruptura de la causalidad en el relato, la preocupación por las revoluciones políticas y estéticas de la juventud, la exploración del paisaje en relación con los sentimientos humanos y la presencia del vagabundeo como búsqueda de sentido a la inevidencia de los tiempos.
En el festival de Cannes de 1960 tuvo lugar una pequeña revolución. En los primeros minutos de La aventura, una chica llamada Ana desaparece en una pequeña isla mediterránea. El espectador empieza preguntándose por los motivos de su desaparición, pero a medida que la película avanza se olvida para vivir una experiencia visual. El chico encuentra a otra chica - Monica Vitti, la actriz fetiche de Antonioni- y otra relación empieza a forjarse. En el cine tradicional, las causas siempre tienen efectos, en La aventura,todo se diluye. Antonioni deconstruyó el relato, rechazó la acción para introducir otros motivos estéticos como el silencio y los tiempos muertos. La aventura inauguró una tetralogía completada por La noche (1961), El eclipse (1962) y El desierto rojo (1964), en la que la incomunicación fue vista como el cáncer de las sociedades avanzadas.
Esta apertura del relato hacia otras formas de sentido marcó una huella en el cine, cuyos ecos aún están presentes en algunas de las
obras más vanguardistas del cine asiático. Algunos maestros del cine contemporáneo como Hou Hsiao Hsien o Tsai Ming Liang lo deben todo a Antonioni.
Además de ser una parábola sobre la visión, inspirada en un texto de Julio Cortázar, Blow up inaugura en la filmografía de Antonioni un movimiento errante centrado en la búsqueda de las revoluciones estéticas de su época. En Blow up visitó el Londres de la época beat, marcado por la moda de Carnaby Street. En Zabriskie Point (1970) filmó las luchas estudiantiles de Berkeley, se perdió en el Valle de la Muerte y destruyó la sociedad de consumo con el apoyo de la banda sonora de Pink Floyd.
Después de realizar un documental en China, Antonioni pasó por Barcelona para contar en Professione: reporter un relato de suplantación y crisis de identidad cuyo trasfondo arquitectónico fue la terraza de la Pedrera. En los ochenta, coincidiendo con la irrupción del vídeo, investigó las posibilidades del llamado cine electrónico en Il misterio di Oberwald (1980). En los últimos años, a pesar de que una embolia cerebral lo dejó durante más de veinte años sin la posibilidad de hablar, continuó creando imágenes. Su testamento se titula Lo sguardo di Michelangelo (2004) y filma sus propios ojos contemplando la belleza del David de Miguel Ángel. La película de catorce minutos es uno de los más intensos poemas que se han filmado sobre el poder que posee el acto de ver.

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