Conservo dos recuerdos del viejo cine Catalunya, aquel cine de la plaza Catalunya que se llevó por delante el edificio que ahora acoge una de las tiendas Fnac de Barcelona. El primero es la comodidad de sus butacas. En mi memoria aquellas butacas amplias, inacabables, ¿de cuero?, siguen siendo imbatibles después de tantos años.

El segundo recuerdo es la proyección en aquella sala de "Gritos y susurros" (1971), de Ingmar Bergman.

He olvidado la trama exacta de la película, pero la experiencia de la visión de aquel drama de mujeres y sobre mujeres permanece tan imborrable como la exuberante comodidad de aquel cine desaparecido. Quizá por contraposición, porque "Gritos y susurros" es la quintaesencia de la película incómoda, de esas que te remueven por dentro y que ya nunca te abandonan. La verdad, nunca la he vuelto a ver. Me he resistido. De sus imágenes se me han quedado grabadas a fuego los gritos de dolor de sus protagonistas, y unas paredes de un rojo sangre subido que, para mí, todavía, son la mejor encarnación de la impotencia del ser humano ante su destino último.

Acaba de fallecer Bergman, y su muerte me ha hecho pensar en "Gritos y susurros" como en tantas otras películas del director sueco. La que más me impresionó al principio, por su cualidad casi épica, tan del gusto adolescente incluso hoy, fue "El séptimo sello" (1957), una alegoría de carácter religioso de una potencia visual insuperable en su divino blanco y negro. En la que, sin embargo, bajo una superficie ordenada y civilizada –¿qué hay más ordenado que el caballero jugando al ajedrez con su propia muerte?- subyacía un mundo terrible, hecho de dolor, sufrimiento y desdicha. Uno diría que ahí se descubre la quintaesencia del propio Bergman como creador.

¿Recuerdan "Escenas de matrimonio" (1973)? ¡Qué violencia, que amargura tras la inicial apariencia de apacible estabilidad conyugal! Y así en tantas otras de las más de cuarenta que llevan su firma. En la trilogía de "Los cumulgantes" (1963), "El silencio" (1963) y "La hora del lobo" (1968); en las crípticas imágenes de "Persona" (1966); incluso en las más apacibles y casi bucólicas de "Un verano con Mónica" (1953)… En todas ellas se intuye un fondo de violencia y de descontento vital evidente.

No fue Bergman un cineasta feliz, no. Era demasiado lúcido para serlo. Pero supo revestir ese poso de sufrimiento inevitable a la condición humana con el talento de aquel que sabe encontrar la verdad en la mentira del cine, al igual que la ostra sabe sacar la belleza de la perla de la simiente de arena dolorosamente incrustada en su interior. Uno de los protagonistas de "La alegría" (1950), una de las primeras películas de Bergman, asegura en un momento dado: "Te confesaré en sentido del verdadero arte. El verdadero arte surge de la infelicidad. Yo prefiero ser infeliz. ¡Dios sabe que es el estado habitual en mí!", y en esas palabras adivina uno el propio credo del Bergman como director de cine.

Lo cierto es que Begman luchó toda su vida contra los demonios de una educación extremadamente irracional y severa. Sólo hay que leer su libro de memorias "Linterna mágica" (Tusquets) para darse cuenta de la magnitud de la tragedia. El resultado de esa batalla interminable, contra el mundo, contra sí mismo, quedó reflejado en sus películas, nada cómodas ni complacientes. Bergman fue un revulsivo para su época, porque llevó más lejos que nadie las posibilidades del cine para explorar los rincones oscuros del alma humana, aún a costa de dejar jirones de sí mismo en el camino.

Seguro que hay otro Bergman más complaciente, más a gusto en su propia piel, como el Bergman de "Fanny & Alexander", por ejemplo, y de otras tantas películas suyas. Pero ese no es el mío. Mi Bergman siempre será aquel director que supo extraer de la belleza de unas paredes rojas y del dolor de unas mujeres, a veces gritando, y otras tan sólo susurrando su dolor, la poesía seca, abrasiva y cruda de la vida sin mistificar.

Descanse en paz. Y gracias por todo.

En su honor volveré a ver -uno de estos días de verano, no sé cuándo- "Gritos y susurros"