Sesión de noche. Cine azul. Pocos espectadores. La pantalla se ilumina: El séptimo sello. He ido solo. Desde el principio me meto en la película y a lo largo de la narración no soy capaz de salir de ella. Fin. Luces que se encienden. Cruzo hacia la salida y me encuentro con Rafael. Ninguno de los dos se había dado cuenta de la presencia del otro. Caminamos juntos en silencio unos cuantos minutos. No se quién es el primero que comienza a hablar. Pero sí sé que a partir del silencio roto la conversación dura horas. Y pasado el tiempo, cada vez que nos vemos, continúa.
Ingmar Bergman ha llenado de pasión horas, pensamientos y sentimientos.
© Mundinteractivos, S.A.

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