Javier Fernández, secretario general de la Federación Socialista Asturiana (FSA), declaró estos días que su partido no podía llegar a ningún acuerdo de gobierno en Asturias sobre la gestión del medio ambiente o el urbanismo con IU porque esta fuerza política estaba aliada e influida por Los Verdes que, para él, defienden posturas fundamentalistas.

Esa desconfianza hacia las propuestas de la coalición Izquierda Unida-Bloque por Asturies-Los Verdes, también en relación a la gestión de la cultura y la lengua asturianas, fue la razón por la que la FSA planteó una oferta de estructura de Gobierno de coalición cerrada, de tomar o dejar, que suponía una falta de respeto a la otra parte e impedía a IU-BA-Verdes intervenir de forma más activa en el desarrollo de las políticas ambientales y culturales asturianas.

Debido a ello, la negociación fracasó y se entró en otra etapa de la vida política asturiana sin gobierno de la izquierda plural, con menos consenso y más conflicto. Como miembro de Los Verdes presente en la última fase de la negociación truncada, me quedo con dos recuerdos principales de esos días. Por una parte, al contrario a lo que muchos piensan en la calle, me sorprendió el valor, la dignidad y la honradez, casi temeraria, de los máximos dirigentes de IU, que puestos en una situación que ellos y sus bases -tal vez de forma equivocada- entendían que suponía elegir de alguna manera entre poder y cargos, por un lado, y principios o coherencia con su mensaje, por otro, optaron por los principios y la coherencia. Aunque fuera a costa de no entrar en el Gobierno regional y perder, por lo menos a corto plazo, influencia política en Asturias.

Por otra parte, la comisión negociadora de la FSA me deja un recuerdo menos favorable. Es sabido que la FSA, por su hegemonía electoral y su larga permanencia en el Gobierno de Asturias, actúa a veces de manera conservadora, prepotente y poco abierta a las nuevas ideas. Además, tenían un programa bastante respaldado que defender y quizás unas directrices de negociación estrechas que les habían marcado sus órganos directivos. Pero eso, no creo que justifique que se cerraran en banda a cualquier punto de vista distinto a los suyos, que forzaran con inoportunos ultimátums la ruptura de la negociación o que ignorasen o despreciasen cosas tan conocidas hoy en día como las siguientes.

Por ejemplo, que en 2003, Zapatero y su equipo, en aquel momento en la oposición, llegaron a un acuerdo con Los Verdes para que éstos apoyaran su candidatura en las elecciones de 2004. Como consecuencia de ese acuerdo, Zapatero, entre otras cosas, ha defendido el fin de la energía nuclear en España y en el grupo parlamentario socialista del Congreso hay dos diputados de Los Verdes, Francisco Garrido y Miquel Oms. A Zapatero, a Narbona (para mí, hasta el momento, una gran ministra) y a Blanco no le debieron de parecer tan fundamentalistas las propuestas de Los Verdes como a la FSA.

Asimismo, apenas pasado un mes del cierre de la negociación, ya están de actualidad dos noticias que apoyan algunos planteamientos de la coalición IU-BA-Verdes.

Por una parte, que las principales ciudades asturianas están en las estadísticas entre las más contaminadas de España. Estos días se habla de Gijón y de Oviedo, pero no hay que olvidar también a Avilés, Mieres y Langreo. Entre todas acogen a la mayor parte de la población de nuestra región. Es muy gráfica la fotografía de satélite que a veces sale en los medios de comunicación o en internet de las manchas de contaminación en Europa. En esa foto siempre aparece nítidamente destacada la contaminación del aire de la zona central asturiana, que, como sabemos también, a veces alcanza con sus efectos el sur de Inglaterra. Y eso no es una anécdota, tiene un precio en salud y mortalidad para los asturianos, que a menudo no se quiere ver pero que es importante.

Por otra parte, el Consejo de Ministros aprobó el 20 de julio, tras una reunión monográfica (¿hubo alguna vez en Asturias una reunión monográfica del Gobierno sobre algún asunto medioambiental?), la Estrategia Española de Cambio Climático y Energía Limpia, que incluye una batería de 198 medidas -80 de ellas inmediatas- para frenar las emisiones de CO2 y luchar contra el cambio climático. Este documento es insuficiente y tímido porque no actúa sobre el mecanismo principal de asignación de recursos del capitalismo, que son los precios, en este caso, los de la energía. Y posiblemente está muy condicionado a la baja por los poderes económicos y la proximidad de las elecciones de marzo de 2008. Pero, al menos, refleja una evidente preocupación del Gobierno español por la gravedad de ese asunto.

Frente a todo esto, y con un contexto y unos mensajes mundiales que no pueden ser más claros: los combustibles fósiles se agotan, el ahorro, la eficiencia y las renovables es la prioridad, la contaminación aumenta y mata, el cambio climático es ya inevitable, pero su dimensión última depende de que actuemos, etcétera. La FSA y el Gobierno monocolor que está formando no contempla en su estructura órganos específicos para abordar esos problemas y plantea un modelo de desarrollo económico industrial para Asturias muy clásico, basado en la construcción de una regasificadora, nuevas centrales térmicas de gas y varios tendidos de redes de alta tensión, en una región que ya es muy excendentaria en producción de energía.

Y para mejorar la salud pública, nada de fomentar el comer sano, hacer deporte, vivir sin drogas y tener aire y agua limpia. Mejor gastar todo el dinero en nuevos hospitales con tecnología punta, como en Estados Unidos (que nos reparen por ordenador y nos hagan TACs hasta en las orejas cuando asomemos por allí con frecuencia por nuestra mala vida). Para gestionar mejor el agua y los ríos, un nuevo gran embalse en un parque natural. Para mejorar nuestra movilidad y hacerla más sostenible, se licitan nuevas autovías, alguna por las últimas zonas oseras. Para fomentar el turismo y disfrutar de las vacaciones, hormigón en la costa. Para vivir los jóvenes, nuevas promociones de viviendas en propiedad con hipotecas a 50 años, que los aten y los aburguesen, no vayan a salir libres y con criterio. Y para quitar del medio todas las basuras que producimos y que no se diluyen fácilmente con más o menos disimulo, en los ríos o en el aire, una incineradora que, aunque contamina mucho, «total, por una ». Algo no encaja bien en estos planteamientos. Alguien en Asturias está defendiendo modelos de desarrollo medioambientales, económicos e industriales sin futuro, que sí que son decimonónicos, fundamentalistas y fuera de lugar. Y no me parece que sean Los Verdes.