Siempre nos quedará Rentería, de Carmen Rigalt en El Mundo
TESTIGO IMPERTINENTE
A este país le gusta ser más monárquico que el Rey, más papista que el Papa y más republicano que Azaña
Corear vivas a la República sigue dando mucho pisto
Anasagasti recupera en su 'blog' parte de la notoriedad que se le perdió con la ensaimada capilar.
Todo es distinto esta vez, con lo cual no parece que esté en las regatas de la Copa del Rey, ni en Palma de Mallorca y, si me apuran, ni siquiera en mí misma. Es como si el efecto poltergeist se hubiera apoderado de cosas. Quién sabe: a lo mejor, ha estallado la III República sin que haya salido por pies la Monarquía. Existen indicios de cambio, desde luego. Si no cambia el Estado, cambiará el tiempo climatológico. Para empezar, a los periodistas nos han cambiado de hotel. Ya no escribo mirando al mar ni oigo los chapoteos de los niños que juegan en la piscina como si fuera el primer día después del cole. Cara a la pared, enfrentada a un espejo que sólo me devuelve el tercio superior de mi frente (qué le vamos a hacer: soy pequeñita y, además, estoy hundida en una silla sin cojín), anoto en la moleskine media docena de juramentos y dos nombres propios que están dando mucho juego por estos lares: Joan Lladó e Iñaki Anasagasti. Qué voy a contar yo que ustedes no sepan. Pues, aunque parezca mentira, algo traigo en el zurrón de regatas. Mayormente.
La República está llegando a Son Sant Joan, cree el conseller d'Interior Joan Lladó Binimelis (su segundo apellido prueba que en Mallorca no sólo hay judios, sino moros), que se convirtió en joven promesa asaltando la piscina de mi jefe. Bien. Lladó sigue siendo joven, pero promete menos. Podría hacer ahora una diatriba del político para honrar a mi feje como Lladó hace con el suyo, pero los jefes se defienden solos. Aquí, lo que hay que defender son los principios. Y mi principio, en este agosto que resbala ya por la pendiente del verano, es señalar a los vanidosos que este año han descubierto el filón de la cuestión de Estado y están que no se lo creen: sacan pecho y vozarrón para entonar vivas a la República y salir en los periódicos. La causa de la República da mucho pisto, pero no hay que fiarse demasiado: aquí nos gustan mucho las vueltas de tortilla. Nuestra sociedad hace a todo: cuando se necesita, es más monárquica que el Rey; cuando toca, más papista que el Papa y más republicana que Azaña.
Con quien no contaba Joan Lladó es con Iñaki Anasagasti, que le ha pisado el titular. ¿No decían que su santidad Iñaki no había roto nunca un plato? Pues ahí lo tienen, haciendo travesuras en su blog, a ver si por fin araña lectores. Iñaki Anisakis (perdón: Anasagasti) está necesitado de aplauso o, cuanto menos, de críticas. Desde que redujo el diámetro de su ensaimada capilar, perdió sex appeal y foro. Necesitaba urgentemente un revulsivo y lo ha encontrado en la causa monárquica. Sinceramente, no hacía falta que apuntara tan alto. En su propio entorno, hay problemas que requieren una intervención para la que él está más cualificado. Me refiero al problema de ETA, en el que debería sumergirse con los cinco sentidos más la ensaimada.
Iñaki Anasagasti desea un mundo mejor para todos, pero, como buen nacionalista, tiene un montón de prejuicios: Huelva, seguramente, no le gusta por las sevillanas rocieras y por la calor. Toledo, porque hay muchos fachas. Soria, porque está en el área de acción de Numancia. Y en cuanto a Mallorca, lo pueden imaginar. Mallorca es muy fina. Aquí te echas una flor de lys en el pelo y prende un jardín de Borbones.
Joan Lladó Binimelis no tiene la historia y el empache histórico de Anasagasti, pero ha empezado a hacer méritos para que se hable de él como un valor seguro. Su primer sprint lo hizo en la toma de posesión, donde dijo que no renunciaba al derecho de autedeterminación de los países catalanes. Aquello fue muy comentado. No se hablaba de otra cosa, que diría Anson.
El revuelo debió de parecerle escaso al bello Lladó, así que, en cuanto tuvo ocasión, volvió a la carga arremetiendo contra la presencia de los Reyes en Marivent. Hasta ahí podríamos llegar, dijeron los mallorquines, escocidos por la osadía. A los Reyes, ni tocarlos, contestaron al unísono. Mallorca necesita al Rey para que el turismo funcione, para que los niños reciban besos de peladilla, para que Doña Sofía ponga de moda las abarcas menorquinas y para que las regatas salgan en los calendarios de lujoNo hay que exagerar. Ni la Monarquía nos conducirá al cielo ni la República a Shangri-la. En cuanto a Mallorca, puede esfumarse, si tal es el deseo de los republicanos. Como diría Iñaki Anisakis, siempre nos quedará Rentería.
Creo que allí la capacidad de sorpresa sobrepasa todas las previsiones. Yo no lo sé, pero me lo han contado. «Si sabría, ya diría».
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