El ruido, que crece con la urbanización de las sociedades, puede hacer perder la cabeza. Enferma. Aun a las especies animales de los rincones más alejados. Por eso el World Wildlife Fund (WWF) teme que las ballenas grises, que podrían verse afectadas por el ruido de las explotaciones de gas natural ruso en el océano Pacífico, abandonen uno de sus territorios privilegiados de aprovisionamiento.
Hace unos días, el diario La Presse de Canadá, señalaba que con frecuencia las contaminaciones sonoras se silencian. Y ponía de relieve cuáles eran las consecuencias fisiológicas y psicológicas dando la palabra a la coordinadora del Laboratorio de estudios sobre audición de la universidad de Montreal: "Cuando el ruido ambiente es muy fuerte y perdura, nuestro cuerpo se pone en estado de vigilancia, como si hubiera un peligro inminente y tuviéramos que defendernos de una agresión. El ritmo cardíaco aumenta, la respiración se vuelve más rápida. El cuerpo no puede resistir indefinida e impunemente a esta tensión, se agota y pueden aparecer diversos problemas de salud".
El ruido está en todas partes. Social y fastidioso: tránsito automotor, obras públicas, recolección de basura. «íntimo y penetrante: timbres, MP3, auriculares. Y ahora también mediático: remitámonos a las "unidades de ruido mediático" desarrolladas por el instituto TNS-Sofres que miden, por ejemplo, la exposición de una personalidad a los me dios.
En Europa, se supone que se están tomando medidas por el ruido. Según una directiva europea, tendrían que haberse establecido mapas de ruido, modelos sonoros, antes del 30 de junio en las localidades de más de 250.000 habitantes. Francia no parece llevar ventaja en este terreno. Muchas metrópolis, como Madrid o Bruselas, ya tienen sus observatorios dedicados al tema.
En el último número de la revista jesuita Etudes, un texto hace referencia al silencio y a sus virtudes. No estaría de más releerlo de vez en cuando.
Jean Michel Dumay. COLUMNISTA DE "LE MONDE"
Copyright Clarín y Le Monde, 2007. Traducción de Cristina Sardoy.

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