SEÑALES DE HUMO
Mas no ha sabido llenar estos días el vacío de liderazgo provocado por un Montilla que rehúye los focos
Se suele decir que el cargo hace al hombre. Se demostró con Pasqual Maragall, desde que se sentó en el sillón presidencial más catalanista de lo esperado y mucho más de lo que nunca había sido. Pero también el hombre hace al cargo. Lo está demostrando su sucesor, José Montilla, que no ha variado su estilo desde que trabaja en el Palau. Es el estilo que le permitió ir revalidando la alcaldía de Cornellà elección tras elección, el que aplicó en la Diputació de Barcelona y luego en el Ministerio, el que tan asombrosos resultados le ha proporcionado en los despachos y pasillos del PSC.El problema es que ni el PSC, ni un ayuntamiento ni una diputación, ni tan siquiera un ministerio son la presidencia de la Generalitat.
Y quien está al frente del pueblo de Cataluña no puede evitar, como evita Montilla sistemáticamente y desde el primer día, el espacio público, no puede no mostrarse, no puede abolir la visibilidad.
Viene esto a cuento de cómo Montilla ha manejado la crisis del apagón eléctrico. Igual que en Cornellà, donde solía mandar a Balmón, hoy alcalde, a las plazas complicadas y tal vez hostiles, ha preferido que fueran otros los que salieran a lidiar. Montilla prefiere la invisibilidad y se aferra a la táctica del silencio, algo que tras el Dragon Khan o el camarote de los Hermanos Marx en que se convirtió el primer tripartito puede parecernos un alivio, pero, claro está, dista mucho de ser satisfactorio. Porque un presidente de la Generalitat debe liderar, escuchar, encarnar.
Demostrar quién es realmente, sobre todo ante las adversidades.
Carod-Rovira, al menos sobre el papel el segundo de a bordo, ha optado también, junto con su partido, no apropiarse ese liderazgo que Montilla rehúye y sin duda seguirá rehuyendo. Ni tan sólo el consejero Huguet, al que en parte podría corresponderle, ha salido del despacho. Eso sí: pese a la ley de la prudencia extrema que se ha impuesto a sí misma, ERC no ha podido resistir la tentación de convocar movilizaciones para protestar por los déficit de infraestructuras que atenazan Cataluña.
Ni CiU ni PP han sabido llenar el enorme vacío que a ojos de los afectados y la sociedad entera han creado Montilla y el tripartito.
El PP seguía enfrascado en la sustitución exprés de Josep Piqué.
Por su parte, CiU ha estado concentrada en el pacto entre los dos socios, Convergència, de una parte, Unió Democràtica, de la otra, sobre cómo actuar de aquí a las elecciones legislativas españolas y después de éstas. Artur Mas parece en exceso absorto en la gestión del partido y de la coalición, olvidando que su futuro éxito o fracaso pasa inevitablemente por proyectarse con fuerza en la opinión pública y la sociedad civil, amén de acercarse y hacerse más próximo a los militantes, simpatizantes y electores en general.
Montilla, estoy seguro de ello, ha hecho, mejor o peor, los deberes administrativos en relación al apagón. Es decir, ha realizado las consultas y las llamadas correspondientes, ha cursado las instrucciones y las órdenes que ha creído conveniente. Acaso ha intentado que se noten lo menos posible las responsabilidades que pueda tener la Generalitat en la crisis. Pero eso es sólo administrar. No liderar. El ciudadano espera más de su presidente y de su gobierno. Dar la razón a los afectados y exigir responsabilidades a las empresas implicadas, que también eso han hecho, puede que esté bien, pero no es suficiente.
© Mundinteractivos, S.A.

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