La Coctelera

Reggio

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29 Julio 2007

El apagón que no cesa, de Angel Antonio Herrera en El Mundo

Canalla fina

'Los del jueves' son unos sostenidos y animosos ácratas a dos tintas a los que lee poco público

Resulta que, a Ferrín Calamita, la mujer le pareció sáfica y por esos vicios él no pasa

En el ciclismo sólo pasan de doparse las bicicletas

Venimos de una semana de apagones, empezando o acabando por el apagón fastuoso de Barcelona, apagón que ha dado al peatonaje mucha amenidad de ascensores que se asfixian por sorpresa, quirófanos que se mueren con el cliente dentro y lámparas que se mueren con coro de familia. Queremos decir que los apagones son muchos y, sobre todo, que son cosa metafórica, porque apagón ha sido también el secuestro de la revista El jueves, y la orden de ese señor de Murcia, el juez Ferrín Calamita, que ha retirado a una madre la custodia de sus hijas, por «lesbiana», e incluso apagón ha sido la moral de portería que se traen las tertulianas del té de la telerrosa a propósito de la última novieta o romance de Kiko Rivera, a la que adornan de inconveniente o indeseable para el mozo porque trabajó la noche madrileña a bordo de un tanga.

De modo que no nos privamos del apagón, que un día nos vuelve cadáver la nevera y otro día nos vacía los quioscos de entusiasmo satírico y otros cachondeítos de la canalla fina, o no tan fina, de la prensa nacional. Luego está el apagón o medio apagón del Tour de Francia, porque regresan a esta competición, en particular, y al ciclismo en general, los descréditos del dopaje, con Rasmussen expulsado, bajo sospechas de no ponerse en forma sólo con sobredosis de spaguettis de carrera y vitaminas de mercado. Si nos ponemos hiperbólicos, deducimos que en el ciclismo sólo pasan de doparse las santas bicicletas, y Rasmussen es el último que viene a ensanchar la tribu de los muchos que se aupaban con menú de farmacopea, desde Floyd Landis, uno que orinó a destiempo, pasando por Marco Pantani, aquel calvo histórico que murió en un triste hotel de Rímini, intoxicado de abandono y más solo que la luna.

El secuestro de El jueves por sacar en su portada una coyunda de Príncipes la ha convertido en la publicación más vista. Al fin no ha sido la revista que sale los miércoles, según su eslogan ya añejo, sino la revista que ha salido en todos los periódicos y en internet, que es el periódico de los que no han leído nunca un periódico. Los del Jueves son unos sostenidos y animosos ácratas a dos tintas a los que lee poco público. O sea, que sí se ha pasado, gracias a Cándido Conde Pumpido, el fiscal general, que les ha hecho un campañón, con la ley en la mano.

El cromo censurado cobró enseguida morbazo de tesoro y prestigio de peligro, y la coyunda a lápiz de los Príncipes de Asturias pasó a ser así un kamasutra de varios días, porque a cada rato los veíamos aquí y allá, sin variar de postura, pero cambiando de medio, escrito o informático, que es al fin y al cabo un modo vicario de ir alternando distintas gimnasias sexuales.

El jueves se ha atrevido a ser el Hola de lo que no sale nunca en el Hola. Sin ahondar en el mejor o peor gusto de las artes del dibujante, y sin cantar la naturaleza sagrada de la libertad de expresión, lo que se ve claro es que Guillermo no pintó a Tom Cruise y Katie Holmes, como en algún momento alegre se alentó, y que Conde Pumpido entiende de fisonomía, en un reojo, porque optó por el apagón urgente, que ha dado al tema todas las luces. Eso, y que el sexo en la Familia Real, naturalmente, no pasa del Hola, zona bodas, bautizos y otros banquetes. Por otra punta de la semana, el citado Ferrín Calamita negaba a una mujer la custodia de sus dos hijas. He aquí otra versión del apagón estival y salvaje, que es lo que se lleva. Va a ser verdad lo de Rajoy, que ha resucitado para el momento la palabra chapuza, que es como decir apagón sin decirlo.

Resulta que, al juez en cuestión, la mujer le pareció sáfica, y por esos vicios él no pasa. Bueno, no quiere que pasen las hijas de la damnificada, a las que nadie les ha preguntado si ésta es buena madre. Ahora que se casan hasta los heterosexuales, viene un señor severo del juzgado a vedar los derechos de maternidad a una ciudadana porque no se acuesta con quien debe, o con quien él cree que debe acostarse. Vamos logrando libertades sociales y garantías de convivencia, pero nos salen a cada rato policías de la moral que viven en apagón interior. Así no hay manera.

La justicia debiera administrarse siempre salvada de herrumbres íntimas y traumas mal curados. De vez en cuando, sale algún juez de armadura, como éste, que practica para el escándalo una doctrina de sótano de seminario, y nos quedamos todos de piedra de sal, pero lo que se dice de pura piedra de sal, como la mujer de Lot, que a lo mejor, para Calamita, también pudiera ser sospechosa de secretos desmayos lésbicos y, desde luego, de clamorosa desobediencia.

Nos parecía olvidada aquella ley de vagos y maleantes, pero sólo nos lo parecía. Siempre queda un Ferrín Calamita, que encima tiene un nombre de mucho juego verbal de vodevil burlesco, juego del que desde luego me abstengo, no vaya a ser que él -u otro Calamita- me adorne de poeta o sarasate, que no sé yo qué es peor. El hombre ha cumplido su apagón porque sí en los empleos de la ley, donde todo conviene claro como una espada, y Rasmussen ha contribuido a otro apagón en el Tour, que ya iba ciego de otros casos más o menos similares, porque hay algunos que pedalean con todo un pelotón de testosterona dentro.

En cuanto a los tertulianos o tertulianas que censuran a la novia, ligue o revolcón de Francisco Rivera, ex Paquirrín para el siglo, su pasado de gogó a todo tanga, sólo cabe decir que son unos enterados que no se enteran. La vida no es noble, ni buena, ni sagrada, como escribió el Lorca que no han leído, y esa chica, de nombre Tamara, se ha tenido que ganar el duro pan, y el de su familia, haciendo carrera sin wonderbra en los podios eróticos del Madrid la nuit. Sí. No todas tienen la fortuna de un papá que les pague el máster de compras en Armani y deportivos de solteras de oro.

© Mundinteractivos, S.A.

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