LA POLÉMICA INTERNACIONAL: EL TRIUNFO ARROLLADOR DE ERDOGAN
Turquía afronta el futuro dividida entre las pretensiones de los islamistas moderados, crecidos tras su victoria en los comicios del pasado 22 de julio, y la oposición del sector laico.
Cuando se analizan las elecciones turcas del domingo pasado resulta sorprendente lo poco que sirven los estereotipos para analizar la impresionante victoria del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) del primer ministro, Recep Tayyip Erdogan. Fue una fiesta democrática con una participación del 85% y con los turcos volviendo en masa de las playas para votar en medio de una tremenda ola de calor que azota el sureste de Europa.
El International Herald Tribune ha afirmado que «los votantes turcos han recompensado a un partido que ha dado al país su Gobierno más competente y eficaz de las últimas décadas. Ésta es exactamente la forma en la que se supone que la democracia ha de funcionar». Pero, como escribió el columnista Meral Tamer en el periódico oficialista, Milliyet, «el sentimiento dominante entre los laicistas es de miedo, impotencia, furia y desesperación».
En el Ejército turco cunde una inquietud considerable por el hecho de que las mujeres de Erdogan y su hábil ministro de Exteriores y candidato a la presidencia, Abdulá Gül, lleven pañuelo en la cabeza, aunque, tal como ha escrito Senay Ozdemir en Los Angeles Times, «con el AKP se han fundado más organizaciones feministas que en cualquier otro momento de los 80 años de democracia en Turquía».
Con unas 50 diputadas se ha duplicado el número de mujeres en el Parlamento, un récord. El diario alemán Frankfurter Allgemeine ha escrito que «el partido de Erdogan se ha desprendido al fin del adjetivo 'islámico'. Sus votantes son musulmanes, pero su política no es islamista». Otros comentaristas han comparado al AKP con los demócrata-cristianos de Europa. Más que un triunfo del fundamentalismo, lo que parece significar la victoria de Erdogan, según la opinión del Financial Times, es «el auge de una nueva clase media, económicamente dinámica y socialmente conservadora. El AKP hunde sus raíces en el islamismo político y suscita un apoyo enorme entre la población fuera de las ciudades más populosas, especialmente de empresarios y comerciantes socialmente conservadores y de sus familias en toda Anatolia, excluidos del poder durante décadas por la clase dirigente laica».
La globalización pone en cuestión el statu quo económico y social en muchos países emergentes: proporciona oportunidades y capital a los emprendedores dinámicos, castiga a los monopolios locales tradicionales y amenaza privilegios consolidados y sistemas clasistas. «El Partido Popular Republicano de Mustafa Kemal Atatürk, fundador de la Turquía moderna, se ha anquilosado en un enfurruñamiento xenófobo y los nacionalistas quieren sabotear las negociaciones con la Unión Europea», añade el Financial Times.
Difícil discutir con un «islamismo» que, según la revista The Economist, ha generado un crecimiento promedio del 7,3% y ha bajado la inflación.
Contradicciones y más contradicciones... ¿Por qué son precisamente los islamistas de Turquía los principales promotores del feminismo, la prosperidad y la europeización en toda la historia del país? ¿Por qué el Ejército turco amenaza la democracia para garantizar la modernidad del país? ¿Acaso la alta participación democrática, las numerosas parlamentarias, la prosperidad económica y una nueva clase media, no son bastante modernos?
@FIRMA:DAVID SEATON
© Mundinteractivos, S.A.

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