Con el paso cambiado. Así cogió a los políticos asturianos la decisión de Zapatero de financiar, con 2.500 euros por unidad, el nacimiento de niños en España. De la noche a la mañana, florecieron en Asturias propuestas parecidas donde antes no había nada. Consciente de que las políticas de natalidad no son su fuerte, el presidente del Principado se apresuró a anunciar una ayuda, similar en continente pero bastante más magra en contenido, de 500 euros por rapaz. El PP, más espléndido, promete un fijo de 3.000 euros. Ni uno ni los otros habían dicho antes ni una sola palabra de este tema, y eso que es uno de esos asuntos agradecidos en campaña electoral. Los 500 euros de Alvarez Areces y los 3.000 del PP salen de la misma chistera de la que sacó Zapatero sus 2.500, la de las ocurrencias. A cuatro años de las próximas elecciones, la promesa del PP se queda en un brindis al sol que sirve para poner en evidencia la incongruencia socialista, que hasta ahora había negado este tipo de ayudas directas confiando el repunte de la natalidad a las desgravaciones. Hemos entrado ahora en una carrera equivocada. En una sociedad desigual, las ayudas, como los impuestos, no pueden ser ajenas a la situación económica del que las recibe. De cada cual según sus posibilidades y a cada cual según sus necesidades. Lo demás, populismo, como las fabadonas de Gabino que alimentaban por igual al hambriento que al saciado, pero siempre agradecido.
Nacho Monserrat. Periodista.

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