LA POLÉMICA NACIONAL: ESPIA RUSO Y RUSTICO JEFE DE LOS ESPIAS
El inaudito 'striptease' del espía mayor del Reino parecería un puro patinazo paleto si, tras todo ello, no surgieran más y más preguntas sobre el CNI y los atentados de Irak.
Crepitaban las tertulias radiofónicas del miércoles con las noticias de la extrañísima, y sin precedentes, rueda de prensa convocada por el actual jefe de los espías españolas, Alberto Saiz, para revelar que un ex funcionario expulsado fue agente doble, trabajando para Rusia (bueno, eso lo filtraban los topos del CNI, que Saiz, cuco, se lo callaba). La inusitada cita (convocada de madrugada) y los detalles que se fueron conociendo sobre el agente Roberto Flórez -que jamás se escondió, jactándose de su experiencia en el espionaje- suscitaron tanta extrañeza como otros datos posteriores: la celeridad con que El País relegó el tremendo asunto a sus páginas más recónditas o la pérdida de interés del Gobierno por explayarse ante el Parlamento...¿A qué estaban jugando? Si no fuese porque a Saiz se le escapó que Flórez había pasado a Moscú los nombres de los agentes asesinados en Irak, todo parecería un absurdo patinazo, o una inconcebible jugada electoralista a costa del servicio de espionaje (El Periódico inmediatamente jugaba la carta PP a fondo: Rusia perforó el CNI cuando Aznar alardeaba de su amistad con Putin, titulaba), o una cortina de humo ante algo de más calado... ¿O qué? Como no venga el viejo John Le Carré y nos saque de dudas...
No desdeñen el ángulo británico. ABC titulaba: Los rusos ironizan sobre el espía. Y explicaba que en Moscú dicen que España le está haciendo un regalo a Gran Bretaña para apoyarla por lo de Litvinenko... Insitía en EL MUNDO Oleg Nechiporenko, ex jefe del contraespionaje soviético, que sigue hoy reescribiendo la Historia: la Guerra Fría empezó en 1917, «y los participantes activos en ella fueron los británicos». «Y ahora los nuevos, y relativamente jóvenes, políticos de Inglaterra intervienen por tercera vez como iniciadores de una nueva etapa».
La Vanguardia destacaba lo que parece una contradicción de Saiz al decir que se vendieron nombres de agentes, y «entre ellos, probablemente, estén los siete agentes del CNI asesinados en Irak en diciembre del 2003». Pero «Saiz descartó que ambos hechos guarden ninguna relación». Y... ¿cómo lo sabe?El editorial de EL MUNDO remachaba: «Nada en este asunto tiene sentido (...). Este cúmulo de contradicciones ha dado pábulo a numerosas especulaciones relacionadas con la muerte de nuestros agentes en Irak, el paso de Flórez por el País Vasco o su supuesto conocimiento de asuntos muy graves que el CNI trataría de tapar. Llegados a este punto, la única respuesta lógica y coherente del Ejecutivo sería esa inmediata comparecencia parlamentaria de Alberto Saiz para que explicara todos los pormenores de lo ocurrido». Pero no. Ahora, Saiz se esconde.
Valentí Puig, en ABC, se extrañaba: «Incluso si se tratase de lanzar una cortina de humo, el modo elegido por el director del CNI indica una premura sin cautelas, un quehacer desacorde con las normas básicas del oficio». Y, en el mismo periódico, César Alonso de los Ríos se pasmaba: «Para mí, el misterio residía en la personalidad de quien daba la rueda de prensa: Alberto Saiz. Porque, ¿quién es, como profesional, este alto funcionario? ¿Cuál es su cualificación para tal cargo? ¿Por qué fue elegido para un trabajo tan alejado de los conocimientos de un ingeniero de Montes, sin duda inteligente y buen burócrata en una Comunidad tan ajena a las relaciones internacionales como Castilla-La Mancha?». Sin duda, no por ser -como es- pariente de Bono.
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