LOS RETOS DE LA SANIDAD EN CATALUNYA
La formación no debe excluirse del debate suscitado sobre la falta de médicos en la sanidad catalana. El acceso a los estudios universitarios de Medicina y la posterior especialización vía MIR es una de las causas y, a su vez, una de las soluciones para paliar dicho déficit. Sin embargo, las políticas erráticas realizadas hasta el momento han generado múltiples propuestas que pueden llegar a desvirtuar el verdadero objetivo de la formación: la calidad asistencial.
Se ha afirmado que una de las causas de la insuficiencia de médicos en Catalunya es la mayor precariedad de nuestras condiciones laborales y salariales, en comparación con otras comunidades autónomas o países de nuestro entorno europeo. Pero también es cierto que la gestión de la oferta de plazas universitarias y de formación especializada ha favorecido esta situación.
En la década de los 80, con el miedo de generar bolsas de paro profesional, se diseñaron y ejecutaron medidas para regular el mercado laboral médico, a través de ofertas restrictivas de acceso a las facultades de Medicina, siendo actualmente la segunda carrera universitaria con la nota de corte más alta (la Universitat de Barcelona ya exige un 8,47).
ESTE PÁNICO sobre el futuro laboral en el que participábamos todos, también justificaba la restricción de la oferta de plazas de formación posgraduada MIR. Posteriormente, en los años 90 se corrigió esta tendencia con un incremento considerable de las plazas de formación especializada, sobre todo de medicina familiar y comunitaria. Éstas pasaron a ocupar el 60% de la oferta MIR, ya que se quería potenciar la atención primaria como eje del sistema sanitario.
A pesar de estos intentos, las circunstancias actuales han favorecido la reversión del problema, pasando de evitar la plétora de médicos, a la escasez de los mismos. El incremento demográfico de Catalunya, que ya cuenta con 7,5 millones de tarjetas individuales sanitarias, el envejecimiento de la población y las peculiaridades del modelo sanitario catalán, con una extensa red de centros sanitarios, ha provocado este gran desfase entre la oferta y la demanda de profesionales de la salud.
Las soluciones exigen medidas a corto y a largo plazo más coordinadas con las evoluciones sociológicas que con las preocupaciones del mercado laboral. Por ello, deberíamos tener en cuenta el desarrollo social y tecnológico, la nueva inmigración y la aparición de una medicina con mayores soluciones terapéuticas, factores que incrementan exponencialmente la demanda sanitaria.
Parece ilógico seguir manteniendo una oferta tan restrictiva de plazas universitarias de Medicina y de plazas de formación especializada MIR cuando existe una demanda tan alta de estos estudios. Difícilmente es defendible pedir más médicos y dejar que sólo el 30% de los solicitantes puedan estudiar Medicina, una profesión en la que la aptitud y la vocación tienen una importancia mayor.
A corto plazo y de una vez por todas, deberíamos elaborar un registro único de profesionales de la sanidad catalana para saber de qué recursos humanos disponemos y cuál es su preparación. Conocidos estos parámetros, existen métodos jurídicos y estructurales para incrementar dichos recursos, sin tener que recurrir a una importación descontrolada de médicos. La legislación actual prevé la posibilidad de ofertar el 5% de las plazas MIR para formación especializada a médicos extranjeros no comunitarios. Por otra parte, en nuestro país hay profesionales con una preparación especializada no reconocida a los que deberíamos ofrecerles la oportunidad de complementar su formación para poder ejercer la medicina, siempre que superen una evaluación de conocimientos y aptitudes.
En este sentido, la ley general de ordenación de las profesiones sanitarias (LOPS) permite al Estado y a las comunidades autónomas habilitar a los profesionales que no tienen el título de especialista.
A largo plazo, es necesario aumentar el número de estudiantes de Medicina para evitar que se queden sin cubrir plazas de especialización MIR, como ha ocurrido en los últimos años y, paralelamente, mejorar las dotaciones e infraestructuras de los centros docentes.
AHORA BIEN, la sugerencia de los decanos de las facultades catalanas de Medicina de ofrecer una formación especializada más troncal, según las necesidades de especialistas, es una propuesta abocada al fracaso dados los antecedentes de predicción que hemos tenido. En un mundo tan dinámico, donde los cambios de población son constantes y las demandas de salud son cada vez mayores, las soluciones al déficit de médicos deben ser lo más cercanas en el tiempo.
Todo este esfuerzo para crear nuevos especialistas, no servirá de nada si no se desarrolla una política de incentivación y reconocimiento profesional que evite la fuga a otras comunidades autónomas de los médicos que se han formado en Catalunya. No podemos permitir que nuestra sanidad sea importadora de médicos en formación y exportadora de médicos especialistas.
Hasta ahora los hechos nos han superado, pero ha llegado el momento de reordenar con seriedad la formación médica especializada, agotando todas sus posibilidades y teniendo en cuenta su objetivo final: el servicio a la sociedad y la calidad asistencial.
Eugenio Tirado Anglés. Secretario de Comunicación e Imagen del sindicato Metges de Catalunya. Hospital Joan XXIII de Tarragona.

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