Crisis en el PSM

Los socialistas madrileños eligen hoy a su nuevo secretario general en el Congreso extraordinario que acaba mañana. El diputado regional, José Cepeda; el edil de Madrid, Manuel García-Hierro y el aspirante oficialista, el regidor de Parla, Tomás Gómez, han manifestado su intención de formalizar su candidatura. Las quinielas dan al Alcalde parleño la victoria, pero el PSM es impredecible

Los madrileños se declaran políticamente de centro-izquierda pero, paradojas de la vida, los socialistas cumplirán 20 años observando los toros desde la barrera de la oposición en el Ayuntamiento y 16 en la Comunidad de Madrid. Los madrileños han sido implacables con los socialistas, no sólo en las últimas elecciones municipales, si no en todas las que les precedieron, mayoría absoluta popular postamayazo incluida.

A partir de hoy comienza el trabajo para dar una excusa a todos aquellos que, elección tras elección, prefirieron quedarse en casa en lugar de brindarles su apoyo. Hoy arranca el Congreso extraordinario de los socialistas madrileños. Ese del que tiene que salir el salvador de un partido que le ha perdido el pulso a la sociedad. Al cónclave de los socialistas madrileños concurren tres precandidatos: el diputado regional, José Cepeda; el concejal del Ayuntamiento de Madrid, Manuel García-Hierro; y el alcalde de Parla, Tomás Gómez.

En total están llamados a participar en esta cita 836 delegados. Se trata de militantes elegidos por sus compañeros de agrupación para manifestar su voto en el Congreso. Para formalizar su candidatura, los aspirantes han de contar con el aval del 25% de los electores.

Si una cosa se ha demostrado a lo largo de la historia de la Federación Socialista Madrileña, ahora Partido Socialista de Madrid (PSM), es que es absolutamente impredecible. El camino hasta llegar a este Congreso extraordinario ha estado jalonado de desencuentros y tensiones internas. La agenda política de los socialistas madrileños durante los últimos siete años ha estado marcada por Rafael Simancas, el ya dimitido secretario general. El punto de inflexión de su trayectoria al frente del PSM se produjo el 10 de junio de 2003 cuando dos de sus diputados, Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez, se ausentaron el día de su nominación en la sesión de investidura, en la Asamblea de Madrid. Simancas tenía las riendas del Gobierno, por un sólo diputado, gracias al apoyo de IU.El resultado final fue la celebración de una histriónica Comisión de Investigación durante aquel verano y la repetición de las elecciones en otoño. Simancas perdió frente a Aguirre. Pese a las fuertes críticas internas por el enroque de su líder en una guardia de corps y su poca permeabilidad, la defección de Tamayo hizo que el partido se replegase sobre él.

Su forma de actuar no cambió ni un milímetro, lo que acrecentó la crítica interna a lo largo de la legislatura. Simancas se garantizó la cabecera de la lista a la Asamblea de Madrid y dejó en manos de Ferraz la elección del candidato para la capital. El resultado, debacle electoral con billete a los peores resultados del PSOE en Madrid desde 1995. El candidato de Zapatero, el economista Miguel Sebastián, tomó las de Villadiego después de que tres de sus concejales le criticasen abiertamente en una Ejecutiva regional y, sobre todo, por la bofetada electoral.

Simancas no andaba muy lejos de esa actitud. De hecho, la misma noche de las elecciones ya pensó en dimitir pero la proximidad de la celebración del Congreso ordinario del año que viene hizo pensar que podía pilotar la situación hasta entonces. Pero todo saltó por los aires. La distribución de los cargos de responsabilidad en el Ayuntamiento de Madrid hizo que el propio Zapatero diese un golpe en la mesa. Llamó a Simancas a La Moncloa para que deshiciese el acuerdo, desautorizándole, lo que provocó su dimisión.

El cuento de Pedro y el lobo se hacía realidad y el federal tomaba las riendas del PSM, colocando una gestora presidida por la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona. Antes incluso de que se fijase la fecha del Congreso extraordinario, el alcalde de Parla, acompañado de algunos alcaldes del Sur, diputados regionales que habían sido afines a Simancas y de Ferraz, anunciaba su intención de ser el nuevo líder.

No hubo que esperar mucho para que la última de las familias clásicas, el guerrismo, que aún mantiene una cierta capacidad de movilización lanzase a su candidato, el diputado regional José Cepeda. Poco después apareció en escena el concejal Manuel García-Hierro. Todo el proceso previo al congreso y de elección de los delegados ha sido bastante agitado. No han sido pocas las acusaciones de parcialidad de Cepeda y García-Hierro contra la gestora. Y es que, entienden que tanto este órgano como Ferraz han estado descaradamente al lado de Gómez.

LOS DISIDENTES DE LEGANÉS PODRIAN SER EXPULSADOS

En medio del parto del nuevo líder del PSM, como no podía ser de otra manera, una crisis. Esta vez en uno de los municipios más importantes de la región y no tanto por el número de habitantes como por su situación estratégica. Se trata de Leganés. El PSOE ya perdió en las urnas Pinto, y dejar en manos de los 'populares' otra localidad en el 'cinturón rojo' sería un duro golpe. La crisis se produjo el pasado martes cuando cuatro concejales se ausentaron del primer Pleno. Estos ediles se habían quejado amargamente de que les habían dejado fuera del reparto de cargos de Gobierno. Se trata de los mismos que se opusieron a la candidatura del actual alcalde, Rafael Gómez Montoya, que al fin y al cabo le colocó como cabeza de lista el propio Rafael Simancas. El asunto ha quedado en el aire hasta la designación del nuevo líder y su Ejecutiva. En cualquier caso, la presidenta de la gestora, Cristina Narbona, dijo ayer que podrían ser expulsados. Ellos, por su parte, ya han manifestado su intención de mantener su acta de edil y, si eso ocurre, marchar al grupo Mixto.

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