Es curioso el afán que tienen los seres humanos en prolongar sus legados. Además, una cosa son las herencias intelectuales y otras las económicas, que no suelen resistir la voracidad del mercado. La historia está llena de intentos baldíos de perpetuar grandes fortunas y no pocos imperios, pero no siempre ha sido posible. Mucho menos con grupos que han tenido éxito. No hay nada más atractivo para los grandes compradores que una sociedad cotizada en bolsa y sin una referencia de poder clara. Si es una herencia familiar, mejor.

Eso es lo que ocurre estos días con el intento de compra del magnate de la prensa Rupert Murdoch sobre uno de los grandes periódicos financieros, The Wall Street Journal , cuyos propietarios poco pueden hacer para defenderse del acoso económico del empresario australiano. Parece que ha conseguido dividir a la familia Bancroft, propietarios del diario. Esa operación de allanar el camino halagando a unos herederos con dinero o con prebendas se ha visto muchas veces en el mundo de los negocios, que, por cierto, ha explicado muy bien ese diario de Nueva York.

En España la muerte de Jesús de Polanco, con quien los demócratas españoles estarán siempre en deuda por su apuesta decidida por unos medios de comunicación modernos y en sintonía con la nueva sociedad -alejada de los demonios franquistas-, abre también un período de presumibles cambios en sus empresas. El grupo Prisa, nucleado en torno a El País , nació como un proyecto con múltiples pequeños y medianos accionistas ansiosos de contribuir al profundo cambio que la sociedad española demandaba al final de la dictadura. Sin embargo más de tres décadas después a lo que ha dado lugar desde el punto de vista empresarial es a un grupo con fuerte presencia de la familia del fallecido editor, el mantenimiento de algunos de los accionistas iniciales y la cotización libre en bolsa. La situación es muy diferente ahora -no solo de contenidos de los medios del grupo- de aquella apuesta inicial, un poco romántica, de proponer un periódico sin ataduras ideológicas con el pasado que fuera defensor de manera firme de la democracia naciente.

Apenas celebrado el responso fúnebre ya se han disparado las especulaciones sobre el futuro de un grupo en el que los hijos de Polanco han tomado posiciones como herederos, pero en el que el peso de los profesionales, encabezados por Juan Luis Cebrián, reclaman su parte en la arquitectura de un conglomerado que es una referencia en España y en el mundo de habla hispana y portuguesa. Todos piensan lo mismo: un líder tan evidente no es sustituible. Polanco, pese al acoso brutal de los medios rivales, en especial de los restos de la caverna del conservadurismo más radical, había resistido muy bien y no había respondido casi nunca, salvo en la última junta general con una intromisión en la vida política que tanto ha molestado al PP asilvestrado que Mariano Rajoy no logra reconducir hacia la racionalización. Ni siquiera cuando el intempestivo juez Javier Gómez de Liaño, aliado con el gobierno de Aznar y con otras fuerzas eternamente descontentas con la transición y el triunfo del socialismo moderado durante años, intentó socavar el poder del grupo yendo a por sus principales dirigentes, Polanco mostró en público su indignación, que, sin duda, debía ser enorme. Y como se demostró poco después justificada: Gómez de Liaño fue apartado por prevaricador de la carrera judicial. Por fortuna en un estado de derecho no siempre se puede actuar a capricho de unos gobernantes acomplejados, unos jueces caprichosos y unos periodistas envidiosos.

Pues bien a partir de ahora la herencia se convertirá en una materia muy delicada, máxime tratándose de un grupo con gran predominio de los medios de comunicación, tan apetecidos por todos los poderes. Al igual que otros magnates el desaparecido empresario ha dejado un protocolo que regula las relaciones accionariales de sus hijos como garantía para evitar cambios de rumbo repentinos. Los herederos de Gianni Agnelli están ahora en pleno proceso judicial sobre la herencia del todopoderoso propietario de la Fiat porque una hija suya no está, ahora, de acuerdo con el reparto de la herencia. Un problema demasiado frecuente como para no tenerlo en cuenta en los grandes grupos. La codicia es mayor cuanto más se tiene.

El problema de Prisa es que el patrimonio ideológico y moral es mayor si cabe que el financiero. Y ese es una de las claves de futuro de España. Por desgracia hay una tendencia muy acusada en determinados grupo de opinión, alentados desde medios de comunicación afines, a dividir la sociedad española en dos bloques. Eso ha inclinado a los grupos más progresistas a parecer defensores de una sola formación política. Así el panorama queda totalmente dividido, sin ningún enlace intermedio que guiñe a tantos ciudadanos que no comulgan con todas las ideas ni las propuestas que se sugieren a su izquierda y a su derecha. Por eso cualquier cambio en ese equilibrio será muy significativo para el futuro de la sociedad española. Es evidente que la presencia del ex presidente José María Aznar como consejero del conservador grupo multimedia de Rupert Murdoch dice bastante de la importancia que los políticos dan a los medios de comunicación y del interés que, sin duda, tiene un posible desembarco en España del megaempresario de origen australiano. Ya se sabe que el capitalismo y las ideologías no suelen poner el más mínimo freno a las ambiciones. Y en este entorno de la comunicación hay muchas.

* Periodista.