27/07/2007 - 16:30 h
Las cuencas y el carbón están definitivamente muertos, ante la constatación de que las centrales térmicas de Hidroeléctrica en Aboño y Soto de Ribera, así como la de Lada y la de Soto de la Barca, son instalaciones condenadas por una decisión gubernamental que se refugia, para justificarse, en el “algorismo”, que no se debe confundir con el “algoritmo”. Es el signo de los tiempos. Las Asturias del carbón y el acero, dan paso a las del cuento chino y el camelo. El “algorismo” kyotense se adueña de Asturias, narcotizando cualquier resistencia del mundo que agoniza en la sede del SOMA-UGT, en la plaza de La Salve de Sama de Langreo. El “algorismo” tiene su eje principal asentado sobre el tándem constituido por Graciano García y Vicente Álvarez Areces, Graciano&Vicente, sociedad en comandita, que no deja de producir fantásticas elucubraciones, que llenan el vacío industrial del Principado de cosmética y retórica.
Como productores de camelos a gran escala son prodigiosos, porque llenan periódicos sin límite ni cortapisa alguna, y nadie les pone las peras al cuarto. Hasta en Sama de Langreo gozan de impunidad y acaban de convertir el Cine Felgueroso, un cine de toda la vida, que es un cine y nada más que un cine, en un "Moderno Centro Audiovisual". Por si alguien no lo sabe, ese cine está al lado de la sede del SOMA, en el emporio conocido como los "siete pisos", el santo y seña de la distinción langreana.
Todo vacío se llena. Es inevitable. José Ángel Fernández Villa quiso sustituir el carbón por agua, pues al fin y al cabo, cuando una mina se cierra se inunda. No estaba mal pensado. Pero fracasó, porque la idea no dio de sí. Quienes le aplaudieron la ocurrencia querían que se ahogase en algún embalse y da la sensación de que lo consiguieron. El eje de la política asturiana se desplazó de Langreo hacia la costa y pasó directamente del carbón del subsuelo al gaseoso camelo. La nueva Asturias de Graciano&Vicente, se localiza entre Avilés y Gijón, y va desde el centro cultural avilesino que lleva el nombre del arquitecto comunista brasileño Oscar Niemeyer, que es el pretexto para una gran operación inmobiliaria en la ría de Avilés, y la Universidad Laboral José Antonio Girón de Velasco, a la que han puesto el nombre de LABoral, muy adecuado para un dentífrico o para un vídeo porno.
Ya lo anunció Jorge Fernández León que es el gran diseñador de camelos, que para algo escribía semanalmente la sección de diseño de La Nueva España, en las páginas de Cultura, con el pseudónimo de Jorge Villar. Del Niemeyer a LABoral, vienen por toda la orilla de la mar, dejando lejos, triste y sola, a la Fonseca langreana, pero con los paseos marineros se les han secado las meninges gracias a los efectos salutíferos del yodo, y ni la portentosa capacidad de Jorge para inventar chorradas le da fuste a esta lluvia de paridas disfrazadas con la prosa grandilocuente del arecismo inagotable. El reto era grande: ¿cómo convertir un edificio de arquitectura totalitaria en otra cosa? La mejor referencia sería, en principio, fisgar en los libros de historia.
Areces, como Luis XVI, tiene su Versalles en Cabueñes, una monumental instalación heredada del pasado, muy adecuada para que allí pueda hacer sus fantasías una Maria Antonieta moderna, que en vez de dedicar el Gran Trianon a la vida pastoril, creando un “hameau”, una aldea –para eso ya tenemos el Pueblo de Asturias de la Feria de Muestras- en el que la reina pudiese jugar a pastora, tenemos el Centro de Arte y Tecnología de Rosina Gómez-Baeza y Patricia Urquiola, donde se pueden hacer comiditas, junto a los cuadritos, las instalacioncitas, los “happenings” y los “environements”, absurdos y patéticos entretenimientos, con más de un siglo de antigüedad, que no engañan a nadie y aburren a las piedras -todo esto sólo lo encuentran moderno los más indocumentados- simuladas por El Ponticu, en los tiempos en los que allí se mezclaba el cemento y el ladrillo con la plaqueta, para dar una falsa apariencia de grandiosidad, a lo que algún día habría de ser el “centro cultural” más loco jamás imaginado.
Ya nadie dice lo que se decía antes, cuando éramos más paletos todavía que ahora, y ante alguna de las chorradas de Rosina, en ARCO, podría haberse exclamado aquello de “es que este arte es tan raro, y como yo no entiendo”… Ahora ya no es así, pues gracias a José Luis Rodríguez Zapatero y su nuevo marco legal para las bodas gays, en España ya “entiende” todo el mundo, y no hay problema, salvo para la propia Rosina, para Jorge el diseñador, y para Graciano&Vicente, porque no nos la pegan con sus cuentos chinos. Otra cosa es que nadie proteste. Pero eso es otro problema. No tiene secretos. De eso se encarga Antonio Trevín Lombán, que para algo tiene en la plaza de España de Oviedo sus servicios de radioescucha, seguimiento, espionaje, filmación y grabación, con los que documenta los procedimientos judiciales con los que enchirona a quien proteste, léase Cándido y Morala y el “sursuncorda” si hace falta. Todo tiene solución y para eso están las rejas, las fronteras, los grilletes y las cadenas con bola de hierro amarradas al tobillo.
Al que no le guste el camelo se le enchirona y ya está. Como Franco, pero sin Franco, con libertad sexual pero sin libertad real. Con ese ambiente, parece original la manera que han elegido nuestros mandatarios, para quitarle el aroma cuartelario a la instalación del monstruo de Girón, poniéndole un nombre de evocaciones pornográficas a la cumbre propagandística y arquitectónica del León de Fuengirola, mezclando el falangismo con el sexo oral: LABoral.
Lo de Avilés está claro, tan claro como lo de los astilleros de Gijón, pues en la Villa del Adelantado, entre Woody Allen y el Observatorio Mundial para la Excelencia Cultural, que consiste en una reunión anual a la que van a traer unos figurantes de la London School of Echonomics, nos entretienen con las sandeces de siempre, mientras los intermediarios hacen sus pujas y los arquitectos calculan la densidad del suelo edificable. ¿Pero en LABoral? ¿Qué pueden hacer allí realmente que no sea estúpido, cuando no absurdo, aburrido, insustancial e innecesario? Si hasta el porno aburre. Demasiado caro todo, cuando en realidad sólo se crea un un poco de empleo para comisiarios políticos.
En Avilés todo tiene sentido, pues las maletas bajan flotando sobre la ría, mientras Natalio Grueso, el gran descubrimiento de Graciano García, hace sus gracias, y algunos ven su oportunidad de conseguir algo, gracias a las últimas bocanadas del desmantelamiento de Ensidesa. Grueso debe su éxito a que sabe inglés -cosa que aquí no abunda-, e igual llama a Londres que a Los Ángeles o a Nueva York, para conseguirle a Tini gente que venga por aquí para darle la oportunidad de soltar la lengua a pacer, con su facundia característica, y presentar la última chorrada del Niemeyer como la gran chingada. Allí hay parné recalificatorio y todos callan y esperan por las sobras, pero lo de Cabueñes no tiene pase ni recalificación. Puro derroche inútil.
Una televisión que no ve nadie que se pone en marcha en plena revolución de la IPTV. La RTPA no la ve ni Tini, pero se compensa con la torre desde la que se ve todo Gijón y media Asturias; un hotel, un teatro, una cafetería, unas oficinas para la Thyssen, el Palacio de Verano de Tini y señora que sustituye al “hameau” de María Antonieta; una sala de exposiciones en las que los clowns de la “culturilla” hacen sus montajes intransitivos que ya no alaban ni los necios; un centro de Formación Profesional. Allí estará además, si algo no lo remedia, una sede para las fotos de pingüinos de la National Geographic. Eso sí, la Iglesia, irreductible, se resiste a dejarles hacer aquelarres en el templo de Luis Moya, en el que querían instalar otro de esos estúpidos centros de interpretación que llenan la geografía asturiana de edificios vacíos en los que regalan folletos sobre nada.
Hasta aquí hemos visto qué cosa es el “algorismo”, en cambio, el “algoritmo” y su desarrollo, que es lo que da vida a las búsquedas de Google, la gran revolución económica del siglo XXI, la comunicación, no se le ve, no está ni se le espera. Del “algoritmo” no sabemos nada, si acaso la economía cartelizada del misterioso Cluster TIC, volcado en la economía subvencionada que se administra en las cavernas de Luis Iturrioz. Es desesperante. Estamos en los tiempos del "algoritmo" y nos quedamos con el "algorismo", las gracias de Graciano y los inventos de los chicos de Vicente, el presidente.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados