Católicos, optimistas y plurales, de Marta Gómez en Expansión
Los españoles están sorprendentemente satisfechos con sus vidas. Admiran a los científicos, y recelan de empresas y políticos. Además, aunque se declaran mayoritariamente católicos, muestran una gran apatía por las manifestaciones religiosas.
Aunque parezca increíble, España está llena de personas optimistas y satisfechas con su vida, y es que el 66% de los españoles valoran de forma positiva su situación personal, según un estudio sobre Actitudes Sociales de los Españoles presentado ayer por la Fundación BBVA.
Los que están más ilusionados con su trayectoria vital son los jóvenes de 15 a 34 años y la población con estudios superiores, entre los que más del 70% se siente a gusto con su familia, sus amistades y su salud. Para la población con trabajo remunerado, es el tiempo libre y no su empleo lo que hace que merezca la pena vivir, aunque el 78% cree que trabajar es una forma de realizarse personalmente.
Frente al optimismo interno, destaca el pesimismo acerca de la situación en el mundo, ya que el 58% cree que es mala o muy mala. La visión de nuestro país no es tan negativa, el 36,5% considera que España “va bien” y sólo el 28% opina lo contrario.
Como en las encuestas realizadas durante los últimos años, los españoles siguen admirando, sobre todo, a científicos y médicos. Estos son los profesionales que gozan de mayor credibilidad, a los que siguen grupos tan dispares como los ecologistas y los artistas.
Entre los que menos confianza inspiran en la gente están los políticos y los religiosos, y entre las instituciones menos valoradas se encuentran las empresas, el Gobierno y la Iglesia Católica, a pesar de que el 74,1% de los españoles se define como católico. Este dato no evita que el seguimiento de las prácticas religiosas sea muy limitado. Además, la religiosidad contrasta con el pluralismo y la actitud abierta de los españoles hacia los diferentes tipos de familia: el divorcio es una práctica común, ocho de cada 10 personas ven aceptable vivir en pareja sin casarse y el 57,6% aceptan el matrimonio entre personas del mismo sexo, aunque la adopción por parte de parejas homosexuales genera división, el 44% lo considera aceptable frente al 42% que lo rechaza.
“Otras religiones”
Parece que los españoles prefieren adoptar otras “religiones” y así se muestran inflexibles ante ciertas conductas sociales como la conducción en estado de embriaguez –un 92% la rechaza–, el abandono de animales –criticado por el 91%–, tirar basura en la calle o en lugares públicos –no está de acuerdo el 89%–, o consumir alcohol en parques, jardines y plazas públicas –a lo que se opone el 68%–, aunque el 40% de los jóvenes con edades comprendidas entre 15 y 24 años consideran aceptable beber en lugares públicos.
La mayor parte de los españoles, un 64,7%, cree que existen unos principios éticos al margen de ser creyentes o no serlo, de ellos el 46,3% considera que estos principios deben aplicarse siempre, y el 18,4% sostiene que la normas éticas se deben aplicar según las circunstancias determinadas por el momento. Sólo el 14,6% piensa que no existen unos principios claros o que éstos deben aplicarse según la coyuntura del momento.
Los datos muestran que algunas situaciones y comportamientos son valorados de manera similar por los españoles, mientras que para otras conductas más recientes, como el respeto a la propiedad intelectual en el soporte electrónico, existe una gran diferencia entre la norma jurídica y la social, ya que la gran mayoría considera aceptable descargar tanto discos como películas o programas informáticos de la red.
En los últimos años España ha pasado de ser un país de emigrantes a tener un flujo de inmigrantes variado y amplio, que vienen para encontrar trabajo o unas condiciones de vida mejores. Al 54,9% de la población le parece bien o muy bien la llegada de inmigrantes, y esto se señala como un fenómeno más positivo que negativo.
Aunque todo tiene un precio: el 46% pide que se establezcan unos cupos de entrada, que se fije como requisito la regulación inmediata de la inmigración y que el Gobierno favorezca la llegada de personas mejor formadas que la media de la población española.
Desinterés político
En los datos se observa una crítica hacia la clase política en general, ya que la sociedad española se siente desatendida por sus dirigentes, tanto por el bajo nivel de estímulo a la participación, como por la agenda política, que está lejos de tratar los temas que les interesan a los ciudadanos. Estos demandan la atención de los dirigentes políticos en asuntos como el terrorismo, el paro, la inmigración y la violencia, en este orden.
Esta falta de atención se refleja a la hora de seleccionar las preferencias informativas de la población, ya que la política se coloca en el nivel más bajo del mapa de temas que interesan a los españoles, a diferencia de la salud, la cultura y la ecología que son los que gozan de mayor aceptación entre los lectores.
A pesar de la desconfianza en la clase política, los españoles se muestran favorables con la democracia y la gran mayoría, independientemente de la ideología política, considera que el Estado debe asegurar el bienestar de todos los ciudadanos, y que las desigualdades se deben seguir reduciendo.
