PRISMA
Mientras el pocero navega con su inmenso yate por Mallorca, Julián Muñoz negocia con las televisiones su reaparición y los capos de la mafia rusa campan por España, nuestra policía se ocupa de secuestrar una revista de humor. Dice la Casa del Rey que deben preservar la imagen del príncipe como futuro Rey de todos los españoles. Empieza bien: secuestrando una revista satírica. Ya no vale decir que somos una joven democracia o que la Moncloa está gobernada por «la derecha de toda la vida», nada de eso es cierto. La orden llegó directamente dictada por el juez Del Olmo, el mismo que en 2002 inspeccionó el garaje de Juan Antonio Roca en el edificio Poseidón de Marbella y no supo ver los zulos llenos de documentos y dinero del cerebro de Malaya. El fiscal general del Estado, Conde-Pumpido, de nuevo ha sido más papista que el Papa, más monárquico que el Rey y más socialista que Zapatero. La izquierda que legaliza las bodas gays se escandaliza por una caricatura, igual que los islamitas radicales con las de Mahoma, mientras la derecha más conservadora del PP, capitaneada por Acebes, apoya la caricatura de El jueves porque al enemigo socialista, ni agua.
Quienes hemos cambiado de verdad somos nosotros, los españoles.
Ya no nos engañan como en el pasado. Hemos observado cómo otros países de Europa se permiten criticar y hacer humor de sus monarcas sin que sea un problema de Estado. Los españoles valemos más por lo que callamos que por lo que contamos de nuestra monarquía.
Cuanto menos, la institución debería mostrar el cambio de los tiempos que augura la abolición de la ley sálica en el futuro o haber permitido, acertadamente, que una plebeya divorciada ocupara el lugar de la futura reina de España. No se puede jugar a mantener viva la monarquía sin dar un paso al frente en los aspectos que la blindan como símbolo de España. Si no querían que la caricatura saliera a la luz, ahora la han visto varios millones más de personas de las que hubieran comprado El jueves en el quiosco. Si querían dar ejemplo, que se preparen al aluvión de críticas, muchas en forma de caricatura ya han aparecido en la prensa, hasta el punto que la vicepresidenta ha dado marcha atrás y ahora dice que se debe cambiar la ley que permite el secuestro de publicaciones. María Teresa Fernández de la Vega el viernes dijo: «La libertad de expresión debe convivir con el respeto a las instituciones»; y al lunes siguiente: «La libertad de expresión no debe tener límites». Este secuestro de una revista de humor es tan retrógrado en las formas que no sabe de nuevas tecnologías, mientras cientos de policías levantaban actas por la retirada de la revista en quioscos de toda España (¿cuánto nos habrá costado esto en dinero público?), la web de la revista seguía ofreciendo a toda página y en color la caricatura de portada. Fue una llamada telefónica de la policía la que informó al director de El jueves que si la página web seguía accesible al público estarían incurriendo en un delito.
Así se consiguió lo que la dictadura hizo con El Papus, con Interviú y con tantas otras revistas libres: que la policía cierre un medio de comunicación por orden judicial. Hubiese sido suficiente con una denuncia en los tribunales pero quienes secuestraron la revista querían su minuto de gloria. Aunque efímera, como su futuro profesional a partir de ahora.
© Mundinteractivos, S.A.

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