TRIBUNA LIBRE

Ahora las fronteras del paraíso están custodiadas por la Policía armada hasta los dientes, pero no siempre fue así; en un tiempo estaba custodiada por dragones, monstruos y serpientes. Los tebanos son descendientes de los espartos y, por tanto, de la serpiente que mató Cadmo; por ello mismo, son también linaje de Marte, puesto que la serpiente era vástago del dios. «¿Qué locura, hijos de la serpiente, descendencia de Marte, ha ofuscado vuestra razón? Traed a vuestra memoria, por favor, de qué estirpe procedéis y tomad la bravura de aquella serpiente que ella sola destruyó a muchos». En los escritores clásicos latinos y en las inscripciones de Pompeya, la serpiente es una de las representaciones frecuente de guardián del hogar y del lugar que gusta meterse en el lecho conyugal de las gentes de casa.

El Señor expulsó del paraíso a la especie humana (Génesis, 3 y 4) y a la entrada del paraíso colocó al arcángel Gabriel para que, con su espada, no dejase entrar a nadie. Desde entonces, los hombres están condenados a vagar buscando entrar, pero no lo logran. Apolo había vencido a la Pitón que asolaba la Fócide para entrar en Delfos. Pitón era una serpiente profética, -por lo tanto su rival- que había querido atacar a la madre de aquél y que fue a refugiarse -en vano-al mar Galaxia (Ovideo, Metamorfosis).

Una raza de serpientes, salidas del mar, se instalaron en Finisterre después de haber expulsado de allí a sus habitantes (Festo Avieno, Ora marítima). Santiago, para entrar a evangelizar los habitantes de Galicia, hubo de vencer la resistencia de los reptiles. Para los celtas, éstas eran animales del mundo subterráneo que disponían de los tesoros que remontaban con ellas y los depositaban en las copas. Por esta razón, son, desde entonces, símbolos de abundancia. El hecho de que aparezcan unidas a tantos dioses es prueba de que son anteriores a todos ellos y pudiera ser que, como símbolo de fertilidad, de fuerza agresiva, vinieran de fuera del territorio celta.

San Patricio venció al monstruo que asolaba Irlanda y lo hundió para siempre en las aguas de un lago; desde entonces, Irlanda está libre de ellos y Escocia, su vecina, aún sigue infectada de bestias; por su parte, San Miguel liberó a los habitantes de la región de la tiranía del monstruo que habitaba en las entrañas del monte Gárgamo.

La ciudad de Silca estaba aislada por un monstruo que todos los días, al atardecer, salía de las aguas de un lago cercano. San Jorge, que un día pasó por allí, solícito a los ruegos de los habitantes, esperó su aparición, lo ató con un cinturón, lo llevó a la ciudad y quedó transformado en un perrito faldero. Jorge pidió a los habitantes que abominaran de los ídolos y se convirtieron al cristianismo, y así se hizo (La leyenda dorada).

Los santos y los héroes civilizadores que un día lucharon para liberar los pueblos del monstruo y de la serpiente, al día siguiente lo hicieron para vencer al enemigo que venía a invadirlos y a perturbar su fe cristiana, muy especialmente «de las garras del islán». Los habitantes de Finisterre convertidos al cristianismo por Santiago fueron encarcelados y liberados de noche por los ángeles. Entonces, perseguidos por la reina Loba, tuvieron que atravesar el puente de Ons que, tras su paso, se derrumbó, liberándolos de la amenaza de sus perseguidores. La reina Loba, que había opuesto su resistencia a Santiago, al ver estos prodigios le puso a su disposición un montón de sus medios (Almeida, Compilación de los milagros de Santiago).

A partir de ¿1050?, año de la batalla de Coimbra, Santiago se convierte en protector del reino y de los pueblos cristianos. El santo se ganó con justicia el apelativo de Matamoros poniéndose, en 1.000 batallas, de la parte de éstos para derrotar a aquéllos, montando su caballo blanco que, según algunos autores, no sería más que el caballo blanco de Cástor -domador de caballos- y Pólux.

En la historia de Antioquia se cuenta que yendo los soldados cristianos de camino hacia Jerusalén para apoderarse de la ciudad santa y liberarla de la bota del enemigo del cristianismo, un joven apuesto se apareció a uno de ellos y le dijo: «Soy San Jorge». Y añadió: «Os protegeré y actuaré como jefe de las tropas en las batallas si lleváis con vosotros las reliquias de mi cuerpo». Y continúa: «Y como así se hubiera hecho, las tropas cristianas rescataron y liberaron para la fe de Cristo la Ciudad Santa».

Poco después de que San Miguel venciera para siempre el monstruo del monte Gárgamo, los napolitanos, paganos a la sazón, declararon la guerra a los cristianos que habitaban en las ciudades cercanas. Éstos pidieron a los enemigos una tregua de tres días, durante los cuales ayunaron y pidieron ayuda a su patrono San Miguel. La última noche del triduo de penitencia y rogativas, se les apareció el santo patrón y les ordenó que a la mañana siguiente acudieran al campo de batalla, asegurándoles que vencerían al enemigo porque, presentados por los ángeles ante el trono del Altísimo, sus oraciones habían sido escuchadas y sus actos de penitencia habían obtenido el beneplácito del cielo (H. Dontenville, Mythologie française).

Carlomagno, emperador de los francos, oyó una voz que le decía: «Me maravilla que tú, habiendo liberado tantas y tantas ciudades del poder de los moros, no hayas liberado la mía. Te hago saber que así como Dios te hizo más poderoso que todos los reyes de la tierra, así también te designa para liberar mi ciudad y el camino que lleva hasta ella del poder de los moros, lo que te ceñirá una corona de gloria perdurable. El camino de estrellas que viste en el cielo es señal de que debes ir con gran poder y liberar mi camino y mi tierra, y visitar y entrar en aquel lugar que está en Galicia en donde yace mi cuerpo. Si así lo haces, a mi sepulcro llegará un río de gente que no se acabará jamás» (Los milagros de Santiago).

A medida que el peregrino avanza hacia Compostela, va viendo como las representaciones de Roldán, personaje importante en la lucha contra los moros, abundantes al inicio, van siendo sustituidas por las de Santiago. En Galicia se cree que Roldán no murió en Roncesvalles sino que escapó y llegó a las costas de las islas Cíes, en donde tuvo descendencia con una sirena.

El monstruo simboliza y representa el paganismo en virtud de aquellas palabras de la Biblia: todo lo que se arrastra es impuro. El héroe o el santo restablecen el orden divino, echando las fuerzas naturales o ancestrales y demoníacas, o destruyéndolas, y proporcionan a los humanos un territorio para vivir y cultivar. Su significado es la lucha del cristianismo contra el paganismo, pero dejan traslucir la lucha del hombre contra todos aquellos seres que habitaban la tierra antes de su llegada. En principio, es la gente del pueblo quien mata al monstruo que ha sido dominado exclusivamente por una fuerza sagrada.

Desde la más remota antigüedad cristiana, el águila lucha y vence a la serpiente, símbolo del diablo y del mal. La fábula es la cristianización de la fábula del ciervo, animal de signo positivo y símbolo de las almas de los justos, del pasaje de Plinio el Viejo. El ciervo es sustituido por la serpiente, animal de signo negativo, del demonio y del mal en general. Cristo venció con su encarnación al dragón infernal. La zoomorfización del Cristo ya es frecuente en la Patrística.

Godzilla (EEUU. 1954. Dir. I. Honda) actualiza el mito del terror al monstruo que llega siempre allende las fronteras y amenaza con destruir la identidad de nuestra comunidad. ¿Será por puro azar que coinciden en el tiempo el renacimiento del Camino de Santiago y la llegada masiva de extranjeros a Europa?.

Manuel Mandianes es escritor y antrópologo del CSIC.

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