En democracia, salvo deshonrosas excepciones, lo que siempre me ha parecido menos de recibo son los agravios comparativos, es decir, aquellos que se traducen en tratos desiguales a personas que tienen o creen tener el mismo derecho a algo en determinada situación. «Vamos a mantener el impuesto de sucesiones». Así de tajante se manifestó días atrás el señor Touriño en el Foro de la Nueva Economía en la capital del reino. Después que desde los ámbitos empresariales, sociales, académicos, mediáticos, etcétera, se le haya estado recordando no sólo que los gallegos no tenemos por qué ser los pardillos fiscales a la hora de seguir tributando, sino también la inconstitucionalidad del hecho en cuestión, el presidente sigue erre que erre. Aún peor. Al más puro estilo Sun Tzu, autor de El arte de la guerra, considera que la mejor defensa es un buen ataque y tacha de insolidarias y desleales a las autonomías que lo han reducido. A mayores la reforma que anunció y nada casi es lo mismo, aunque bienvenida sea si es que algún día llega.

Tras lo mucho que se ha escrito sobre la conveniencia de reducir al máximo este obsoleto impuesto, hay que recalcar no sólo que en Galicia se puede llegar a pagar hasta veinticinco veces más que en Madrid, por citar sólo un ejemplo, por un hecho imponible similar, al margen de que, si no es el chocolate del loro en lo que a recaudación fiscal se refiere, sí es el cacao de la cotorra. No se alcanza a entender por qué nuestros muertos tienen que ser fiscalmente los más caros del país. ¿Qué pasa con el artículo 14 de la Constitución, aquel que dice qué todos los españoles somos iguales ante la ley? Como no habrá respuesta, no debemos esperarla. Lo que supongo no tardará en llegar serán las primeras quejas de los representantes de esas afortunadas autonomías que siguieron criterios más acordes con los tiempos que corren. Tampoco pasemos por alto que en los países de nuestro entorno son habas contadas los que lo aplican. Señor presidente, con el debido respeto, me siento agraviado. El problema es que puede creerme que no soy el único. Piense que los gallegos ante esta situación lo primero que nos planteamos es por qué nosotros sí y los demás no. No nos hable de reducción de recaudación fiscal. Explíquenos por qué en Castilla y León y en Baleares, por citar algún ejemplo, pueden pasar sin él, y nosotros no. Eso es lo que nos importa. Todo lo que no pase por ahí es agraviarnos y usted como gallego de bien sabe lo mal que llevamos eso, a pesar de la experiencia que vamos teniendo. Quién bien te quiere te hará llorar. ¿O era pagar? Casi preferimos menos afecto y poder reír con los bolsillos un poco más llenos. Y sobre todo con la tranquilidad de no sentirnos distintos.