Es comprensible que para Israel la cooperación entre el venezolano Hugo Chávez y el iraní Mahmoud Ahmadinejad sea algo así como un romance pactado en el infierno. Pero lo que resulta menos habitual es que su Ministerio de Asuntos Exteriores utilice la prensa para vocear, sin asumir la autoría de los dichos, "preocupación" por algunos desarrollos políticos en América del Sur.
Es lo que acaban de hacer sus voceros que filtraron al matutino israelí Haaretz, que lo publicó bajo la firma de Barak Ravid en su edición del lunes. Ante una consulta de Clarín, la Cancillería israelí ratificó la información. Aunque la sustancia del planteo israelí no es nueva -aprensión por un incipiente eje Caracas-Teherán-, sí lo son algunos añadidos que sugieren que Israel está convencido de que hay un frente hostil a sus intereses cobrando forma en Sudamérica.
Conviene, para entender mejor, despejar lo antiguo de lo nuevo. Las fuentes de Haaretz insistieron, por cierto, en las seis visitas que Chávez realizó a Ahmadinejad y en proyectos acordados en los cuales Venezuela sería proveedor desde uranio para el conflictivo programa nuclear iraní hasta algunos subproductos petroleros que Teherán necesita.
La idea de que Venezuela e Irán estén actuando como fuente de divisas duras para otros países de la región -incluyendo una proyectada asistencia militar de las dos naciones a Bolivia- es otro de los puntos en los que machacaron las fuentes.
Del mismo modo no puede considerarse novedoso que hayan señalado a la Triple Frontera de la Argentina, Paraguay y Brasil como "focos de terror iraní y de Hezbollah", según lo presentó el diario. Este es un argumento que los países con jurisdicción en el área rechazan pero con el que Jerusalén y -sobre todo- Washington vuelven a la carga de modo constante.
Veamos los motivos de malestar más nuevos. Israel percibe una suerte de derrame diplomático iraní sobre países como Nicaragua, Ecuador y Chile donde Teherán ha incrementado su acción comercial y otra vez sobre Venezuela, México, Uruguay y Colombia. En todos estos países las misiones diplomáticas de Irán han conocido un aumento significativo del personal asignado por Teherán.
El Ministerio israelí señaló que las plantas de personal de estas embajadas -unas tres decenas en cada caso- supera las "necesidades reales" y teme que estén abocadas a "tareas de inteligencia y terrorismo". El eje sobre el cual montaron esta denuncia es el decimotercer aniversario del atentado contra la AMIA en Buenos Aires y la imputación de que éste fue un operativo ordenados desde Irán.
Más sensible aun es un argumento insinuado por Ravid: los gobiernos latinoamericanos a los que Israel ha llegado con estas denuncias no parecen haber mostrado hasta ahora demasiado interés en ellas, lo que hace suponer a los analistas israelíes que si el contencioso por el programa nuclear iraní escalara y abriera la puerta a más sanciones, los países de América del Sur no tendrían muchos incentivos para cooperar con el castigo. De hecho, Teherán está transfiriendo sus depósitos internacionales a bancos venezolanos para ponerlos a salvo de nuevos embargos.
Hay un elemento adicional, sin embargo, que no aparece en el análisis ministerial: el deterioro que sufrió en Sudamérica la imagen israelí después de la breve pero destructiva guerra que el año pasado libró contra el Líbano.
orcardoso@clarin.com

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