Es el único país de la UE que dedica menos del 1% del PIB a políticas familiares Alemania o Suecia destinan seis veces más

Muchos de los chistes que se repiten de generación en generación en el patio del colegio comienzan con el clásico «Van un francés, un inglés y un español...»; y terminan con nuestro compatriota venciendo por su astucia, su fuerza o su habilidad. Sin embargo, en el mundo real, si las familias españolas quisieran comparar las ayudas que reciben del Estado y las de sus vecinas europeas, mucho nos tememos que saldrían perdiendo irremisiblemente. Y eso, a pesar del último conejo que se sacó de la chistera el presidente del Gobierno , José Luis Rodríguez Zapatero, en el Debate sobre el Estado de la Nación: 2.500 euros para cualquier niño nacido en España desde el 3 de julio.

El ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, Jesús Caldera, explicará mañana martes en la Comisión del Congreso de los Diputados la forma en la que se hará efectiva esa promesa del presidente del Gobierno.

España fue, el año pasado, el único país de la Unión Europea que dedicó menos de un 1% de su PIB a políticas familiares. De hecho, si lo comparamos sólo con los países de la UE-15 (los anteriores a la ampliación al este) la diferencia de gasto es más de cuatro veces superior de media. Alemania, Suecia o Dinamarca dedican recursos más de seis veces superiores a sus familias.

Los 600 millones de euros que costará este año la medida anunciada por José Luis Rodríguez Zapatero (si se mantiene el ritmo de nacimientos de 2006) no supondrán un cambio significativo en estas cifras generales. Y eso, a pesar de que es una iniciativa que, por cantidad y por su carácter universal -no sujeto a límite de renta-, es superior a las que puedan tener otros países de la UE.Los dos tipos clásicos de políticas de apoyo a la familia que otorgan los Estados son la cobertura de la baja de maternidad y el pago por hijo a cargo. En ambos, las ayudas de la Administración central española siguen a años luz de las comunitarias.

Las danesas, las más cuidadas por sus autoridades, tienen asegurado un año completo de baja maternal, durante el que cobran la totalidad de su salario. En Alemania, este año se ha aprobado una ley que permite a cualquiera de los dos progenitores reducir la jornada laboral cobrando un 67% de su salario, hasta un máximo de 1.800 euros semanales, durante 14 meses. Las españolas, por su parte, se tienen que conformar con 16 semanas -más las dos para el padre que han entrado en vigor este año- y dos más en caso de parto múltiple.

Todavía es más dolorosa la comparación si se estudian las prestaciones por hijo a cargo. España es el país de la UE-15 que menos dinero proporciona y que más trabas pone para acceder al mismo. En Alemania, por cada hijo a cargo, el Estado paga a los padres, sea cual sea su renta, 154 euros; y mantiene la prestación, incluso, cuando llega a la mayoría de edad si continúa con los estudios.

En España, este tipo de ayudas se limitan a 100 euros al mes durante los tres primeros años de vida -y sólo para las madres trabajadoras- y 24,71 euros hasta los 18 años para aquellas familias con ingresos inferiores a 9.100 euros -lo que deja sin posibilidad de recibir la prestación al 92% de las familias-. Según el Instituto de Política Familiar, una familia con tres hijos mayores de tres años a su cargo recibiría 462 euros al mes en Alemania, 424 en Bélgica, 362 en Dinamarca y 73 en España, y eso sólo en el caso de que ingrese menos de 12.000 euros al año.

Es posible que algunos de estos datos expliquen que España sea, en la UE-15, sólo el tercer país con menos tasa de natalidad, y eso a pesar de que en los últimos cinco años se ha remontado bastante gracias a la inmigración. Frente a los casi dos hijos por mujer que exhiben Francia o Finlandia, las mujeres españolas apenas llegan a 1,35 descendientes por cada una de ellas. También la diferencia entre la tasa de empleo entre hombres y mujeres es la mayor en nuestro país, con un 28% más de varones en edad de trabajar ocupados.

Eso sí, las familias españolas pueden encontrar algunos indicadores donde nos acercamos mucho más a los niveles europeos: en el porcentaje de impuestos que pagamos, el 40% del total del PIB, muy poco inferior al 44% de su sueldo que, por ejemplo, pagan los alemanes.

Es posible que en las historias que se escuchan en los recreos venza la española; pero, en 2007, en la Europa real, la danesa, la alemana, la sueca o la francesa tienen más posibilidades de llevarse el gato -en este caso, el hijo- al agua.

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