EN DIAGONAL

Queda todavía mucho tiempo hasta las elecciones de marzo para poder calibrar hasta qué punto la estrategia de Mariano Rajoy le va a llevar a la Moncloa o, en su defecto, a una de las autoderrotas más espectaculares que habrá habido nunca en la democracia española. La acción asesina de ETA, los previsibles errores que conlleva toda gestión de gobierno y alguna actuación errática de Zapatero pueden dar alas al PP y conseguir mejorar sus actuales expectativas, pero, francamente, desde el debate sobre el estado de la nación uno tiene la sensación de que Rajoy está haciendo méritos más que suficientes para perder las elecciones de forma clamorosa.

El último capítulo ha sido el esperpento de dejar caer a su figura mediática más valorada, no sólo en Catalunya, sino también en otros puntos de España, a ocho meses de las elecciones. Por una u otras razones, hombres clave del PP en distintas comunidades le dicen adiós a Rajoy y se van a casa. En junio, se fue Matas, y en julio se ha ido Piqué. Menos mal que agosto está cerrado por vacaciones. Los que sí se quedan son Acebes y Zaplana.

La crisis del PP tiene su origen en el desánimo de la militancia del partido en Catalunya, que se sentía desatendida por su dirección. Los propios partidarios de Piqué admiten que le ha faltado un buen número dos para organizar adecuadamente el partido y evitar las luchas cainitas habituales. Las buenas en Catalunya y la dirección de Madrid creyó que la culpa de todo era de la gestión de Piqué y Francesc Vendrell. Error. El mejor resultado obtenido nunca por el PP en Catalunya en unas elecciones generales se produjo en el 2000 con Piqué de candidato. Los populares obtuvieron doce escaños, muy cerca de los 15 de CiU. La política centrada de la primera etapa de Aznar, marcada en Catalunya por el pacto del Majestic, se saldó con mayoría absoluta de Aznar y el resultado más igualado que ha habido nunca entre PP y CiU. Cuatro años después, sin embargo, el PP obtuvo la mitad de escaños también con Piqué como candidato.

¿De quién fue la culpa? ¿De una mala gestión del partido de Vendrell o de la belicosidad de Aznar en todos los frentes y la mala administración política del 11-M? Me inclino a pensar más en esta segunda opción.

Ante las elecciones de marzo, el PP tenía dos caminos, reinventarse en una imagen moderada como la que ofreció Rajoy a los empresarios catalanes en Sitges en las jornadas del Cercle d´Economia, o embarcarse, como sugiere Alejo Vidal-Quadras, en una "confrontación ideológica con el nacionalismo hegemónico rotunda y sin complejos". Es evidente que la segunda vía ha ganado. El PP se tira al monte para alegría de los medios de comunicación amigos, la Cope o El Mundo, que auparon sin ningún sonrojo a Ciutadans porque no les gustaba Piqué. Ahora, ya pueden volver a apoyar al PP.

El nombramiento de Daniel Sirera, un diputado honesto que ha llegado a la cima trabajando a destajo, deja en muy mal lugar la democracia interna de los partidos. Alberto Fernández no quiso repetir la experiencia y no había mucho más donde elegir. Muy poco en comparación con la figura que se va.

La gran cena secreta

Xavier Trias, Alberto Fernández y Jordi Portabella no tienen previsto consensuar una línea estratégica conjunta para derribar a Jordi Hereu. Sin embargo, mantienen un diálogo fluido sobre la vida municipal. Se ven habitualmente en reuniones de dos en dos y sólo en una ocasión mantuvieron una larga reunión los tres juntos. Fue durante una cena en la sede social de una empresa barcelonesa y antes de la elección de Hereu como alcalde. El organizador de la cena es uno de los secretos mejor guardados.

Más contactos discretos

Ahora que deja la política, bueno es recordar que Josep Piqué ha mantenido también muy discretos contactos con José Montilla. A pesar de las diferencias ideológicas, se han visto con cierta asiduidad, siempre sin publicidad. Cuando era ministro de Industria, Montilla ya se veía con Piqué, que había tenido el mismo cargo. El último contacto secreto entre los dos fue el pasado 7 de junio en la Generalitat.

Las quinielas sobre Rato

Rodrigo Rato ha comunicado a todos sus íntimos por activa y por pasiva que no volverá a la política a pesar de su regreso a España. El nombramiento de uno de sus principales asesores, Juan Costa, como responsable del programa electoral ha abierto, sin embargo, nuevas suspicacias. Después de la dimisión de Piqué, hay quien se atreve a vaticinar que Rato podría encabezar la candidatura del PP por Barcelona.