En ningún país de la Unión Europea existe un documento tan vejatorio como el que mantienen España y el Vaticano. La Religión siempre se ha opuesto a educar a los niños dentro de una ortodoxia estrictamente civil. Para la Iglesia española, mangonear a plena luz o en la sombra, desde la cristianización de nuestro país, ha sido la cosa más natural. En esas erróneas asociaciones de ideas –”el Catolicismo hizo a España ”– vemos la mano de una jerarquía eclesiástica que siempre ha bendecido a los mismos. Durante siglos, la única forma de estudiar gratuitamente, era en los conventos. Eran niños pobres, hijos de analfabetos, a los que se les inculcaba una idea mesiánica y “salvífica” del mundo. La Ciencia, en los centros religiosos, católicos o protestantes, siempre ha sido frenada en sus avances. Enseñar el “creacionismo”, como se hace en muchos lugares de EE.UU., es un insulto a la inteligencia. El jesuita PierreTeillard de Chardín intentó conciliar la Ciencia y la Religión pero como otros muchos pensadores cristianos, fue fuertemente criticado.

En la política española, la presencia de la Iglesia ha sido siempre obsesiva. No lo es entre la población actual que cada vez se limita más a lo ceremonial de bautizos, primeras comuniones, bodas y funerales. Los escándalos pedófilos del clero, especialmente en Estados Unidos, pero también en Europa, han desprestigiado una organización religiosa que ha visto disminuir, drásticamente, el número de vocaciones. Cuando llega el momento de hablar de presupuestos, la Iglesia en España cambia momentáneamente de tono y saca a relucir la libertad de los padres para educar a sus hijos, los servicios asistenciales que presta y el mantenimiento de la riqueza cultural que cuida en nuestro país.

Retomando la enumeración al revés, cabe decir que todo monumento religioso español debería de estar protegido por el Patrimonio Nacional, aunque la custodia (mejorada para evitar espolios) estuviese en manos de la Iglesia. Las prestaciones sanitarias, sin fines proselitistas, serían retribuidos por la Sanidad Pública siempre que la titulación correspondiente estuviese homologada. Finalmente, la educación no es de libre elección de los padres, es obligatoria y gratuita hasta los 16 años, para todos los españoles. Si la Conferencia Episcopal se refiere al derecho de recibir educación religiosa en los colegios públicos, ahí debe intervenir enérgicamente el gobierno para que no se produzca el adoctrinamiento de cualquier religión que debe realizarse, voluntariamente, fuera de los recintos escolares públicos y con la financiación propia de la religión correspondiente. Iglesias, Templos, Sinagogas y Mezquitas son lugares idóneos para aportar a los alumnos, cuyos padres lo deseen, la enseñanza religiosa elegida. El Estado no tiene por qué sufragar el importe de las nóminas y si lo hace, tiene la obligación de velar por el respeto de la legislación laboral común a todos los españoles.

Francia tiene el título de “Primogénita de la Iglesia Católica”. No es un Estado Ateo como lo fuera la URSS en su día. En nuestro vecino, no existe un Concordato como el nuestro y el culto se sostiene con los dineros de sus fieles. Yo fui educado en en la Escuela Pública francesa y mi formación religiosa me fue dada en la Iglesia parisina de la rue de Passy, a la vuelta de la esquina de mi cole. Allí hice la primera comunión. Lo mismo sucedía con mis compañeros judíos o musulmanes. Ni un solo símbolo religioso en el interior de la Escuela. Recientemente, aprovechando que cubría las elecciones presidenciales francesas, Rosa Jimenez Cano fotografió la fachada de mi Escuela , Escuela Comunal de la rue Chernoviz (Paris XVI) donde, por cierto, sin signo religioso alguno, el candidato más votado era Nicolas Sarkozy, el nuevo presidente. Ningún partido político francés se atrevería a tocar el laicismo que separa drásticamente, la conciencia de cada individuo de su arraigado sentido de ciudadano.

Alegar cláusulas de conciencia, con el fín de no acatar la nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía, es impulsar a los españoles a no respetar las leyes. Esperanza Aguirre, como es natural en ella cuando pugna por el liderato más extremista del PP, se suma a la insubordinación. ¿Para cuando la objeción de conciencia de todos los españoles que rechacen un Concordato anacrónico y franquista y una financiación propia de una ONG con ideología subyacente? “Ninguna fe puede oponerse a la soberanía popular, que reside en el Parlamento ni a las leyes que de la misma dimanan”, ha declarado el presidente Rodríguez Zapatero. Está muy bien pero convendría no edulcorar el texto de Educación para la Ciudadanía, por afán de limar asperezas con Rouco Varela, Martinez Camino y la Conferencia Episcopal. Que recuerden que, además de la moral cristiana existen otras morales, incluida la natural previa a cualquier creencia.