Estoy en la Provenza, y, como en España, se habla mucho de que Sarkozy está desmochando el PS al atraer a tanto barón socialista a su huerto centrista. Pero ¿qué programas exclusivos puede presentar hoy la izquierda? Ninguno, excepto matices. Además, su soberbia ideológica ha dejado de surtir efecto en la mayoría, y se disipa aquel temor mediático y profesoral de secundaria, fieles transmisores de las consignas ortodoxas, entre ellas la excomunión para los inquietos.
Y esto ha colapsado a los izquierderos: faltos de embestir a dentelladas a los de fuera del partido, se devoran a sí mismos. Así ha casi desaparecido el antaño omnipotente PC, a la par que Sarkozy puede arrancar al PS sus figurones; para los cuales la derrota de Royal y sus peleas con Hollande han colmado el vaso, y hoy el PS interesa en especial, o sea, no interesa, por sus modelitos femeninos y sus líos de cama pseudomatrimonial. ¿Cómo pueden medrar ahí los barones, cuando Sarkozy ha logrado poner el dedo en la llaga precisamente de los problemas sociales vivos, que preocupan al ciudadano?
Pero donde Sarkozy da la puñalada al corazón del sistema ha sido al nombrar a Rachida Dati ministra de Justicia. Porque éste fue el territorio de seguridad para los notables de y para la República. Francia cambia con cierta frecuencia de Constitución, de "República" dicen - ahora vuelve a ello-, exactamente porque cree en ella y necesita que la gobierne en sus vicisitudes. En España es al revés, al estimarse poco la legalidad se la quiere inmutable.
La Revolución de 1789, e incluso el Terror de 1893, se hizo entre un delirio legalista. Camus tiene aquel magnífico ensayo que analiza cómo el terrible Saint-Just aboga por la condena de Luis XVI no apelando al fin a un montón de causas históricas objetivas, sino a la misma existencia filosófica y legal de la realeza. Pues si la verdad suprema reside en el pueblo, como había enseñado Rousseau en su Contrato social,entonces "el Rey es un usurpador y la monarquía un crimen". Y luego llega Napoleón, que vuelca y repone la mesa enarbolando su código imperial...
La Francia moderna con sus notables se ha hecho así, y cuando tenía Argelia degradaba a sus nativos. Pero he ahí que Sarkozy nombra a una hija de argelino y marroquí, con once hermanos en las barriadas, nada menos que ministra de Justicia. Es que Francia es otra: tiene cinco millones de árabes y en Marsella, con 200.000 musulmanes, elevan ahora una monumental mezquita. Y Sarkozy también, este 14 de Julio, fiesta nacional, ha nombrado oficial de la Legión de Honor al escritor marroquí en francés - y mi querido camarada- Tahar Ben Jelloun.

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